A este lado del paraíso, F. Scott Fitzgerald

Fitzgerald

****

A este lado del paraíso se sitúa en las primeras décadas del siglo XX y es la historia del aprendizaje del joven Amory Blaine, su educación en el más amplio sentido: sentimental, intelectual y moral, y su ingreso al mundo. Hijo de padre pusilánime y madre excéntrica -una pareja de acomodada posición financiera-, Amory cursa estudios superiores en la Universidad de Princeton. Ególatra, pedante, engreído, en constante búsqueda de un perfil funcional a su entorno, Amory no es más que un muchacho que trata todo el tiempo de definir el área de juego, de inferir las reglas de ese juego y de calibrar la talla de sus oponentes. Cada nuevo saber que viene a agregarse a su sistema de creencias modifica todo lo demás y, por lo tanto, acaba modificándolo a él. La volatilidad de su identidad es uno de sus más frecuentes temores. ¿Cómo se debe ser para obtener lo que se desea? ¿Es esa la pregunta correcta? ¿Es el fin lo que determina la personalidad? ¿Debe una personalidad moldearse para estar a la altura de los medios que garanticen el fin perseguido? En cierto modo, el sistema educativo superior estadounidense del que Amory es parte, legitima e impone un fin determinado y otorga los medios. Cuando esos medios se ponen en marcha para la consecución del fin previsto, el resultado es una “personalidad generacional”, un cierto número de personas ejecutando determinadas acciones para alcanzar determinado objetivo.

Ahora hay que imaginar una de esas mesas de carpintero de juguete que se les regala a los niños pequeños para que desarrollen ciertas aptitudes psicomotrices. La mesa en cuestión tiene agujeros con formas geométricas: círculos, cuadrados, rectángulos, triángulos, estrellas. El juego didáctico se completa cuando el niño tapa cada agujero con la pieza adecuada y le da un par de golpes triunfales con su martillo de plástico. Pues bien, en esta novela, Amory es una pieza a la que no corresponde ninguna hendidura y la forma en la que descubre esa singularidad suya es el relato que nos presenta Fitzgerald, que tenía 23 años al momento de escribirlo. No existe algo así como el lugar que uno debe ocupar en el mundo, del mismo modo en que no hay un sentido pre-existente de la vida a descubrir. La comprensión de este desamparo es, bueno, precisamente desoladora. El conocimiento no trae el alivio, de ahí el título de la novela, proveniente de un verso de Rupert Brooke: “¡A este lado del paraíso…! Poco consuelo da el saber”.

Fitzgerald compone una obra fragmentada, más que por la forma de distribuir sus partes, por la cualidad misma de esas partes, ya no sólo variadas en estilo, sino en cuánto a género. Hay lugar aquí para la poesía y teatro, pero también para el ensayo político-social, para la picaresca, la crónica, el relato epistolar, las descripciones bucólicas y la tragedia del desamor adolescente. Pero no hay capricho en el eclecticismo y si hay, tal vez, un deliberado deseo de mostrar la versatilidad del talento, ese deseo no conspira con la coherencia del resultado.

Habrá muchas formas de hablar de la pérdida de la inocencia y la ingenuidad que marca el paso irreversible hacia la edad madura, pero la forma de Fitzgerald es una de las mejores que he leído, y también una de las más verdaderas y, por eso mismo, una de las más tristes.

Ya no tengo una virtud que perder. Así como un puchero que se enfría despide calor, así a lo largo de nuestra juventud y adolescencia despedimos calorías de virtud. Es lo que se llama ingenuidad. Por esa razón “un hombre descarriado” atrae a la gente. Se sitúan a su alrededor y literalmente “se calientan” con las calorías de virtud que despide. Sarah hace una observación muy normal y todas las caras sonríen encantadas: “¡Qué inocente es esta pobre chica!”. Todos se calientan con su virtud. Pero Sarah, que ha visto la sonrisa, nunca volverá a hacer una afirmación parecida. Después de eso se siente un poco más fría.

Un detalle final. Compré este libro hace algunas semanas, en una librería de viejo. El motivo, una anotación con tinta azul, letra femenina, en su portadilla. Dice así: “Este libro me hizo repensar muchas cosas, por ejemplo, saber de qué lado del paraíso estaba y para dónde tenía que ir”. Luego, tapada con corrector blanco, pero todavía legible al trasluz, una pregunta: “¿Por qué lado irás vos?”, y un nombre. A esa persona, mi gratitud.

Calificación: muy buena.
Título original: This side of Paradise (1920).
Traducción: Juan Benet Goitia.
Alianza Editorial, Madrid, 1968.
ISBN: ——-

About these ads

4 Comentarios

  1. Es la gran carta de presentación de FSF, es una nueva valoración del ser humano, expresado en la voluntad de poder y en el valor de la voluntad en sí mismo.
    Me gustó mucho la reseña, porque captaste fielmente la vorágine de un FSF muchacho y su mente impresionable que volcó como un artista surrealista dedicado al automatismo.
    En lo que respecta al concepto de ingenuidad, es cierto que los años y la experiencia conspiran de manera cruel con esa virtud divina, pero es sano y hasta lógico que así suceda. Lo que está mal interpretado (y no por FSF) sino por la sociedad moderna, es que para ser innovador, creativo y extasiado por la Creación, tienen que existir ambas como factor determinante.
    ¿Por qué añoramos cualidades que son tan efímeras? ¿Por qué las creemos causantes de nuestra pérdida de sentido?
    Tal vez tenga que ver, con el hecho de que aparecen en nuestra vida en un momento de descubrimiento absoluto del mundo y nuestras mentes impresionables todo lo agigantan; desde una mesa de comedor que puede ser la mitad de nuestro universo a los 5 años y a los 25 es tan sólo un mueble.
    Aunque, considero que la interpretación de la perdida de la ingenuidad y la inocencia es acertada, es de una ingratitud total con nuestra persona añorar aquello que fue.
    Volver a ser ingenuo e inocente es casi un acto de cobardía o de impunidad, es refugiarse en la ausencia, en la carencia, es no haber entendido que es una virtud limitada y no un valor intrínseco para que experimentemos a nuestras anchas. Considero que todavía podemos ser maravillados y extasiados por lo que nos rodea y no sentirnos como arrojados al mundo y que con el paso del tiempo nos van quitando ropajes.

    • Giselle, leí con atención tu comentario y me parece inteligente. Creo que viene de alguien fuerte y optimista que mira hacia adelante y está bien. Pero no todos tienen esa visión, Cioran y Celine entre otros, creen que en el transcurso de la vida se desciende permanentemente en el sentido lato de la expresión. De ahí que las primeras pérdidas percibidas, no sean vistas como transformaciones en algo mejor, más fuerte, mas nietzschano, sino como una degradación que nos empeora, que nos quita un refugio, que nos trae al mundo tal cual es, frente al cual los débiles están perdidos irremediablemente. No hay consuelo para estos desamparados, tal vez solo algún destello de alegría proporcionado por la sublimación de sus deseos o por la mera y absoluta arbitrariedad de la vida, a la que como dijo alguna vez Beckett, no nos es dado comprender, sino simplemente contemplar.

  2. Pingback: El Gran Gatsby de Francis Scott Fitzgerald | Blogs Clubs Lectura das Bibliotecas Municipais da Coruña

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s