Diario íntimo I (1915-1923), Virginia Woolf

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Virginia Woolf

He aquí un libro ideal para todos los escritores noveles. Cuando tiene 32 años y aún es una desconocida en el mapa literario inglés, Virginia Woolf comienza a llevar un diario personal luego de algunos intentos frustrados. Hasta casi el día en que decide suicidarse, ese texto adquirió proporciones enormes. En español se conoce un recorte bastante general de ese diario (que también apareció en el mundo anglosajón). Por un lado están todas las anotaciones del diario vinculadas al proceso de escribir, que fueron reunidas en “Diario de una escritora” (Lumen, Barcelona, 1981), y por otra parte una selección en tres tomos de, por decirlo de algún modo, lo más casero, pero asimismo tampoco exento de literatura. Este primer tomo, que va de 1915 a 1923 sirve muy bien como muestra de cómo se hace un escritor, pero no en el sentido de que nos dé una explicación del trabajo de la técnica o algo por el estilo, sino en un sentido más bien pedestre, de entrecasa. Uno se encuentra aquí con las miserias y las virtudes de la Virginia Woolf de sus primeras arremetidas contra el panorama literario post-victoriano. Están las descripciones de sus amigos artistas ligados al círculo de Bloomsbury, están las idas y vueltas de la editorial que puso junto a su marido (la Hogarth Press), están sus reflexiones sobre la Primera Guerra Mundial y sus implicancias pequeñas en la vida cotidiana. Y están también sus impresiones, tan cambiantes por momentos, sobre grandes escritores que de algún modo estuvieron allegados a ella: el amor y la envidia hacia Katherine Mansfield (“Katherine murió hace una semana (…) Cuando me puse a escribir, me pareció que escribir no tenía ningún sentido. Katherine no lo leerá. Katherine ya no es mi rival.”), el lento proceso de amistad con T.S. Eliot, el desagrado y hasta la náusea ante el “Ulises” de Joyce, el desdén corrosivo hacia una poeta de la vieja guardia como Edith Sitwell, etc. ¿Pero por qué es un libro muy adecuado para los que empiezan a escribir o publicar? Porque en él uno observa, más allá de las depresiones y los problemas de salud de su autora, que la escritura es un ejercicio, placentero o no, que se le adhiere a uno y que lo obliga a arrastrarlo adonde sea, a una casa en las afueras de Londres, o a cualquier reunión selecta en la capital, por encima de la frivolidad de los “toqueteos” intelectuales o sociales condescendientes que la vida misma le ofrece. Virginia duda, se reprime, se entusiasma, vuelve a dudar; observamos cómo los libros hacen su aparición desde ideas muy pequeñas: “Noche y día”, “La habitación de Jacob”, “Mrs. Dalloway”. Encontramos el lado social del escritor que se va haciendo a sí mismo, sus riesgos, autocomplacencias y satisfacciones, y cómo todo ello hace al ejercicio de estar escribiendo, o le agrega la posibilidad de ofrecer un sentimiento diverso. Este fragmento de los diarios de Virginia Woolf es un libro en el que el exterior es la presencia más destacada. No importa tanto qué es lo que le sucede a la autora en cuanto ser sensible, sino lo que ella pueda recoger del mundo que la rodea, o lo que ella puede generar en su entorno. Algunas veces uno puede llegar a tener la tentación de dejarse sucumbir ante la banalidad de esa vida, pero de pronto dos o tres líneas luminosas de la percepción de Woolf redimen todo lo anterior y uno quiere continuar avanzando hacia los días siguientes para dar con las gemas ocultas que aguardan bajo la capa de las horas. Y esto lleva a que quizás haya una inercia todavía de las reglas sociales de la Era Victoriana que siguen tallando en cuanto al cariz que deban tomar las relaciones entre las personas. Sobre el final de 1923, Virginia Woolf se queja: “Estoy tan agobiada por el trabajo de todas clases, por relaciones sociales de todas clases y proyectos de todas clases, que es imposible que brote de mi grifo agua pura.” Por eso mismo, a comienzos de ese mismo año, había llegado a cuestionar la forma en que “atrapaba” lo que le quedaba del día: “Me interesaría mucho que este diario llegara a convertirse en un diario de verdad. Pero para eso haría falta que yo hablara del alma, y ¿no me prohibí hablar del alma cuando lo empecé? Lo que sucede es que, como siempre, cuando me dispongo a escribir sobr el alma la vida se interpone.”.
Estos son los días de una escritora encontrándose a sí misma y abriéndose paso entre la materia espesa de lo que el mundo nos ofrece y de lo que los demás esperan de nosotros, estos son los días en que Virginia Woolf siente que debe llevar ese peso toda su vida.

¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza! Desde el 27 de abril hasta hoy, no he anotado una sola palabra. Y ahora escribo únicamente para tener una excusa y no copiar un par de páginas de El cuarto de Jacob. A la vuelta de Rodmell, la depresión siempre se agudiza. Quizá la fiebre persistente sea la causa de mis altibajos. Pero los diez días en Rodmell se me han pasado sin sentir. Allí se vive para el espíritu. Me deslizo con naturalidad de la escritura a la lectura, y, entre ambas, paseo, paseo a través de las altas hierbas de las praderas o las colinas. Y así, desde luego, se produce, a la vuelta de Rodmell, un vacío; y la razón del vacío se olvida, como se olvida lo que contiene el vacío.

Calificación: Bueno.

Título original: A moment’s liberty. The shorter diary
Editorial: Mondadori España, 1992.
Traducción: Justo Navarro
ISBN: 84-397-1874-8

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11 comentarios en “Diario íntimo I (1915-1923), Virginia Woolf

  1. Excelente comentario, Damián. Me dejaste interesado. Virginia es una de las mujeres más grandes de mi biblioteca. Creo que le he sido infiel… La leí muy tempranamente y sé que algún día volveré para hacerle justicia.
    Una mujer que siempre recuerdo con la cara de Nicole Kidman, por cierto. Una escritora afiebrada que una vez me hizo sentir la muerte a través de aquel personaje: Septimus. Nunca sentí una cosa así. Me moría en serio…
    En cuanto a Negroni. ¡Gracias por el comentario! Libro raro. En su globalidad parece inerte, pero agazapados entre las líneas más gruesas de su alocado pincel, relucen versos sugestivos como este, que salvan el cojunto: “Imposible discernir en sus rostros la felicidad o la desgracia: tal la intensidad de lo que sienten”.
    Quizá Mozart tenía razón, y la música está entre las notas.
    Un abrazo.
    Gran abrazo.

  2. Me gustaría leer ese diario. Creo que todos los diarios de grandes escritores tienen esas “gemas” escondidas en una maraña de anécdotas de la vida cotidiana, por momentos aburridas. Igual no me cae muy simpático que haya dicho eso sobre KM (creo que incluso llega a decir que no siente nada por su muerte). Claro que uno tiene derecho a decir cualquier cosa en su diario personal, sin imaginar que después se lo van a publicar, pero yo soy fan de KM, je je.

  3. Ella dijo que una mujer tiene que tener dinero y una habitación propia para escribir ficcion (creo que esas palabras la volvieron un poco famosa, ¿no?)
    Bueno, ponele que sería bueno para un hombre también. Lo del dinero al menos, digo, la habitación importa poco, porque si tenés dinero…
    Yo creo que lo único que hay que tener es talento.
    Algo que falta bastante, hace tiempo, mucho, mucho tiempo. Los diarios de V. W. no van a salvar a nadie, de la mediocridad, se sienta o no en la hierba, se sienta o no en la mierda. y todo ese jueguito de palabras sobre lo que contiene el vacío. Vacío al horno con papas, eso sí está bueno.
    Estos diarios pueden dar un buen consuelo burgués, eso sí. Pensar que siempre un escritor puede “volver a crear”, jeje.
    Julián: un cero a la izqiierda

    1. Estoy básicamente de acuerdo con Julián Alvarez, aunque algunos dicen que el talento abunda (lo dice Poe, lo dice Carver, lo dice Flannery en su ensayo sobre el cuento, y otros menos conocidos, en suma: parece que es algo que se dice). El tema es que nadie lee los diarios de VW para que éstos lo ayuden a salvarse de la mediocridad. Nadie lee a Cheever ni a Don Leavy para salvarse de la mediocridad, porque también se ha dicho que no importa lo que se lea sino cómo se lea. Para salvarse de la mediocridad hay que hacer muchas otras cosas, y si a alguien le viene en gana leer los diarios de VW, pues adelante.

  4. Leo y Fernanda: Gracias por sus opiniones… Y sí, a mí lo de Mansfield me chocó bastante, aunque también me di cuenta al final que no daba para asombro. Temo que el ejemplo que puse entrecomillado haya reducido demasiado lo que era su difícil relación.
    Abrazos.

  5. ¡Hola, Julián! Estoy de acuerdo contigo, claro… Tiene que haber talento, y después el trabajo de ese talento, desde luego. Stephen King escribía en sus comienzos en un lavadero de una casa rodante y los hijos al lado se hacían caca parados mientras la mujer estaba trabajando. Y el tipo le daba, no le quedaba otra.
    Muchas de las anotaciones, al menos de ese período, de este diario pueden hacer caer en el tedio, como puse. Y la misma Virginia Woolf muchas veces está como molesta con ese acomodaticio y burgués estilo de vida, del que sin embargo no puede escapar, sea por lo que sea.
    Un abrazo y gracias por dejar tu comentario.

  6. Esta parte de la cita siempre es la que más me ha tocado… porque es áspera, es incómoda, es sincera también, es una mujer aceptando su lado mezquino, separándolo de sí misma para verlo y entenderse, entender por qué siente eso: “Katherine ha estado muerta desde hace una semana… entonces uno siente ¿qué? ¿Un golpe de alivio? ¿Una rival menos?”. Más adelanta habla del llanto.

    1. Estimada Laura: Lamentablemente no lo tengo en venta y tampoco sé dónde se vende acá en Uruguay, al menos. Nunca vi esta edición con sus tres tomos en ninguna librería. ¿Buscaste en alguna biblioteca pública? Saludos.

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