Vagabundo y errante, Mario Delgado Aparaín

Pedro P. Pereira, Conde de Caraguatá, viene a ser el hilo conductor de este libro de cuentos peregrinos de Mario Delgado Aparaín. El personaje vive en las inmediaciones del Parque de los Aliados pero frecuenta la famosa pensión Yakarta o el Almi Bar, donde se las arregla para agenciarse los restos de vino embotellado que los clientes dejan sobre la mesa después de la cena. Hacia él desfilan una serie de personajes como el Carlanco, la ex desnudista Irene Antuña o incluso el narrador Correa, para consultarlo sobre sus permanentes males o solicitarle un favor que esté a su alcance –y ninguno parece ser demasiado para el conde- o a lo mejor sólo para escucharle narrar una historia que de tan vieja yace confundida en los anaqueles de la memoria junto a otras tantas.

***
Delgado Aparaín

Hay excesos en la trama que la vuelven por momentos seriamente inverosímil, pero en otras partes la anécdota se torna fluida y disfrutable. Todo en un marco de buen humor general a pesar de que la mayoría de las historias dentro de la historia tengan un resorte trágico: la miseria. Pero en todo caso es una miseria que, a puro optimismo vital, los personajes logran travestir de dignidad.

Destaca del conjunto la historia de William Raffo, poeta amigo de Pedro P. Pereira cuya mayor diversión consiste en planchar y que tiene el infortunio de ganar un tercer premio en un concurso de poesía chileno a raíz de lo cual es invitado al programa Sopa de Letras. Los que alguna vez estuvimos allí por hache o por be sabemos que las descripciones de los conductores que realiza Delgado Aparaín, deteniéndose en los tics correspondientes a cada uno, además de ser cruelmente cómicas son muy creíbles.

Cuando William Raffo terminó un silencio de sótano se adueñó del estudio. Pablo Silva decidió que aquel era un buen momento para terminar el bloque y lo miró con una sonrisa de sorna que intentaba aflojar la tensión de un programa que se le había ido decididamente al carajo.
-William…, antes de ir a una tanda publicitaria, una pregunta más: ¿Qué plancha usas?

-Una Philips Azur 4000.
-¿Azul?
-Azur…con erre al final. Me la regalé a mí mismo con el premio. Tiene regulador de temperatura digital y emisor de vapor…
-¡Mirá! La plancha que siempre soñaste…

-En realidad, no es la que siempre soñé… Algún día tendré una Solac 07795.1 con sistema de control electrónico con pantalla digital y avisador acústico, indicador de recarga de agua y sistema de seguridad auto pausa. Una locura, es la Ferrari de las planchas…
-Mmm… -dijo Fonticelli, mientras le hacía señas al operador para que fuera a la publicidad de una maldita vez.

Calificación:  Bueno.

Título completo: Vagabundo y errante. Peripecias de Pedro P. Pereira
Ediciones de la Banda Oriental. Montevideo, 2009. 122 págs.
ISBN
: 9974-1-0590-4

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9 comentarios en “Vagabundo y errante, Mario Delgado Aparaín

  1. Más allá de la intención humorística acá lo que me parece que falla es el soporte, un error al elegir la jerarquía del soporte. Delgado Aparaín puede escribir algo como esto -una charla entre Silva, Fonticelli y un poeta imaginario y loco- y publicarlo así de fácil… Si lo hace otro no sé si logra sacarlo a la luz pública, pero a esta altura el nombre de Delgado es como un cheque en blanco en el ambiente literario uruguayo… y eso puede ser, cuando menos, riesgoso. Aclaro que no leí todo el libro, apenas lo hojeé en tu casa, Pedro, el otro día, pero me quedé con esa sensación -y creo que hasta llegué a comentártela- acerca de que la forma de un libro era demasiado generosa para ciertas páginas. Para un artículo de una revista, vaya y pase -pienso en la columna de Desbocatti en Búsqueda-, pero ¿para un libro de Banda? Yo creo que se queda corto. Y no porque yo piense que el humor es un género menor, de ningún modo pienso eso. Con “Un cosmopolita en el café”, de O. Henry -también editado en Banda-, disfruté muchísimo, muchísimo… Pero este tipo de humor que se ve acá, tan de entrecasa… es eso mismo, una especie de chiste interno que bien podría haberse hecho en otro ámbito. Del resto del libro no puedo opinar. Otros libros de Delgado que sí me han gustado: “La balada de Johnny Sosa” y “El canto de la corvina negra”. Además, él me ayudó a corregir el comienzo de un cuento mío, hace un tiempo. Y todo esto no quita nada de lo que dije antes.

  2. 1- Leí el libro de Pedropé. Es cierto que goza de liviandad permitida. Pero el cuento en que el presidente de Brasil condecora al protagonista es inolvidable. Tiene la tensión de los grandes. Este es un libro chico de un grande.
    2- “Alivio de luto”, del mismo Delgado, es para mí el libro uruguayo más lindo. Por varias razones: hace reír, deprime, describe, el lenguaje no deja de acertar. Y, por si fuera poco, el protagonista es Damián. Si no, lo leen y me dicen. Y la saga de los Striga omnipresentes es un descontrol.

  3. Coincido con el compañero catador Cabrera, “La balada de Johnny Sosa” es el libro más interesante de Aparaín. Allí hay pasión. Un mensaje honesto y profundo. La novela tiene alma y verdad en cada línea. Y una verdad que, se entiende, no necesita estar adherida a lo estrictamente real para trascenderse, sino que da cátedra de cómo, a través de la literatura, se puede alhajar y revindicar la circunstancia histórica y personal. Es –y creo que seguirá siendo- uno de los ejemplos más destacados a la hora de narrar la dictadura desde los ojos de un individuo marginal y sensible, desde un ángulo donde no todo es picana en los huevos.
    Ahora bien… El resto de su obra me parece despareja y descendente a partir de “No robarás las botas de los muertos”. Siento que el autor se propuso una tarea demasiado ambiciosa con esta novela en particular, y que el proyecto, aunque voluminoso, ni siquiera arañó las pretensiones básicas. Siguió un período relativamente largo de silencio -tal vez de descanso- donde apareció “Tabaré revelado”. Aquí comienza un compromiso desde un rol más personal, y sospecho que la actividad política del autor lo alejó un tanto de su labor literaria. Estos factores tal vez son los responsables de cierta liviandad latente en los libros posteriores. Creo que Tomás de Mattos es algo así como la imagen especular, el co-relato, de todo esto. Mismo caso: proveniente del interior del país, autor de una novela –también histórica y breve- que lo individualiza en el plano nacional, ejecutor de un largo y ambicioso proyecto novelado –“Las puertas de la misericordia”- que no repercute como es debido, cargo público en la Biblioteca Nacional, y el resto es silencio.
    El Gobierno ha optado bien y mal. Estos hombres son mentes de cultura que merecen sus cargos y que, estoy seguro, pueden hacer un buen trabajo social. Y lo hacen. Sin embargo, se están privando de otro trabajo igualmente necesario en términos políticos: la escritura. El gobierno indirectamente les paga por no escribir.

  4. LAC, es cierto lo que planteaste, estoy de acuerdo y creo que sí. A pesar de todo, el resultado final te deja con una sensación linda, de buen rato.

    IFdeP. ¡No sabía de esa cuestión tuya con Delgado Aparaín! Veo que lo tenés bien leidito.

    Leo (y a los demás también aludo aquí) introducís un tema de enorme importancia para la literatura uruguaya: el escritor y el poder. Lo digo en serio. Acevedo Díaz, político. Figueroa, político. Rodó, político. Espínola, sin llegar a ser político, converso al partido comunista… ¿Sigo…? Maggi, Rosencof, etc., etc. Pero otros nunca dejaron de escribir y, si asumieron un compromiso, nunca tuvieron ese cargo por no escribir que muy bien definís. Pienso en Vilariño, por ejejmplo. Así está bravo, reconozco. A la vez, ¿qué es más importante? Yo no lo dudo: escribir. ¿Pero si a cierta edad te vienen con cierta estabilidad y la promesa de una vida mejor y tal vez, tangencialmente, cierta cuotita mínima de poder, porque resulta que has sido un escritor reconocido?
    Hoy creo que tampoco lo dudaría.

  5. Yo leí dos o tres libros de Delgado Aparaín, y lo que más me ha interesado, hace unos años ya, es “El día del cometa”.

    Ignacio: ¿A qué Damián te referís? Tengo “Alivio de luto” hace tiempo en el estante de los libros de Banda Oriental, esperándome. Me la dejaste picando, ¡mal! Ja…

    ¡Ah! Y ya que estamos (algunos de ustedes ya saben esto que pienso) la novela más hermosa que he leído ambientada en la última dictadura uruguaya es de otro minuano (aunque Delgado Aparaín es en realidad minuano de adopción): Amílcar Leis Márquez, y el título es “Las ventanas del silencio”. Lamentablemente, hasta el momento, ninguna editorial uruguaya se ha preocupado por publicar este grandioso libro que ganó el Rulfo a la primera novela en 1983 (y que editaron, sí, los mexicanos).

    Saludos…

  6. hace mucho lei la BALADA DE JHONNY SOSA LA FORMA DE COMO SE PERCIBEN LOS PRIMEROS INDICIOS DE LA DICTADURA EN ESE PUEBLO Y EL FINAL ES INCREIBLE Y ME LLENO DE ALEGRIA POR LA FORMA CON QUE RESUELVE EL PERSONAJE

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