El baile, Irène Némirovsky

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Irène Némirovsky

Uno puede entrar a leer esta breve novela quizás con un poco de recelo tanto por su ágil narración como por su perspectiva puesta en los ojos de una adolescente de catorce años que odia a sus padres y a través de la cual la complicidad con el lector está como anunciada. Aunque de pronto “recelo” no sea el término…
Si algo ocurre con la expectativa del lector, en ese sentido “El baile” sorprende bastante. No tanto porque tenga un final de efecto; todo lo contrario: por la mitad de la novela uno ya puede saber qué es lo que ocurrirá después de todo. Irène Némirovsky (1903-1942), sin embargo, nos deja conmovidos, apesadumbrados y, como me sucedió, releyendo una y otra vez la última media docena de líneas para intentar sacar un poco más de ese mundo que de repente se cierra así tan de pronto como se ha abierto.
El Sr. y la Sra. Kampf son nuevos ricos. Él es un judío que llegó a hacer dinero mediante las especulaciones. Ella una mujer con un pasado que apenas logra silenciarse, pero del que tanto ella como su marido sienten bastante vergüenza. Su única hija, Antoinette, sufre el maltrato y la indiferencia de sus padres, particularmente de su madre, y los detesta. Cuando a la Sra. Kampf se le ocurre organizar un baile para “entrar en la sociedad”, Antoinette, a quien se le había negado por su edad la participación en dicho evento, decide poco a poco que algo tiene que ocurrir para que las cuentas se ajusten. La muchacha es un ser solitario, que sueña románticamente con un amor del tipo “Romeo y Julieta”. Pero como decía más arriba, uno puede con comodidad colocarse en el lugar de Antoinette y aprontarse para presenciar una vendetta en modalidad “Daniel el travieso” (aunque con finesse). Por supuesto que eso no ocurre. La narración se complica más. Némirovsky tiene el poder avasallante para que en tan sólo un par de páginas uno pueda considerar toda la narración desde un punto de vista hasta opuesto, y que eso sea un acto tan digno como la misma piedad. Cuando uno está a punto de valorar a la madre ya como un personaje plano, trazado rápidamente bajo el signo de la grosería, una sola descripción, una sola explicación del tipo de sentimientos que atraviesan a la Sra. Kampf cuando esta queda absolutamente sola en su habitación, nos devuelve la piedad que quizás algunas páginas atrás le negábamos y le otorgábamos a su hija. Es decir, por más banales que puedan ser a veces los objetivos de cualquier individuo, hay un instante en el que la extrema soledad deja traslucir la infinita precariedad o vulnerabilidad de lo que es un alma humana cualquiera, tan sólo tratando de sentir que su peso no es una carga ignorada. Y cuando uno siente ese poder terrible de visión de la vida, la lectura de ese libro ya está más que justificada.

Nadie la quería, ni una sola alma en el mundo… Los muy ciegos e imbéciles no veían que ella era mil veces más inteligente, más refinada, más profunda que toda esa gente que osaba criarla y educarla. Nuevos ricos groseros e incultos… ¡Ah!, cómo se había reído de ellos durante toda la velada, y ellos no se habían dado cuenta, naturalmente. Podía llorar o reír delante de sus narices y ellos no se dignarían mirarla. Claro, una niña de catorce años, una chiquilla, es algo despreciable y vil como un perro. Pero, ¿con qué derecho la enviaban a acostarse, la castigaban, la injuriaban? “¡Ah!, ojalá se murieran.” Al otro lado de la pared se oía la inglesa respirar suavemente mientras dormía. De nuevo Antoinette se echó a llorar, pero más quedo, saboreando las lágrimas que se le colaban por las comisuras de la boca; un extraño placer la invadió bruscamente: por primera vez en la vida lloraba así, sin muecas ni hipos, silenciosamente, como una mujer…

Calificación: Bueno.

Título original: Le bal
Editorial: Salamandra, 2007.
Traducción: Gema Moral Bartolomé
ISBN: 978-84-9838-023-1

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3 comentarios en “El baile, Irène Némirovsky

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