Antichrista, Amélie Nothomb

Amélie Nothomb
*

Creo que la vez en que me dije que tenía que empezar a leer a la escritora belga Amélie Nothomb (Kobe, Japón, 1967) fue al cruzarme con una entrevista en la que ella afirmaba que tenía como cuarenta historias escritas y que no podía parar de escribir. Entonces me tocó una fibra de mi gusto como lector, o algo como mi debilidad por los escritores no sólo prolíficos, sino que no pueden parar de escribir. Es lo que me pasa con César Aira, con Georges Simenon, Stephen King y hasta con Corín Tellado. A veces se me viene la idea de que la cantidad, la verdadera cantidad deviene una especie de calidad. No de calidad en el sentido de excelencia, sino más bien de cualidad. Creo que hay escritores que necesitan escribir mucho o que escriben (equivalente a publican, para este caso) y que eso les permite desarrollar un grado de calidad que no habrían alcanzado de otra manera. En realidad lo que me impresiona es el impulso que torrencialidad que uno luego puede percibir en la lectura. O debo decir que lo que me impresiona de algunos escritores es la capacidad para seguir buscando nuevos argumentos. Pero en fin, estas ideas al vuelo pueden encontrar su justo lugar por otro lado. Estaba en que había leído esa entrevista a Nothomb… A principios de este verano leí su novela “Metafísica de los tubos” y me supo a poco, o sea, me quedé con la sensación de que era un libro bastante regular, francamente aburrido por momentos y con varias frases notables cada unas diez o quince páginas. Muy poco para juzgarla, pensé. Así que ahora probé con “Antichrista”, una novela posterior.
La verdad es que me fue peor. “Antichrista” cuenta la historia de una adolescente solitaria que conoce a otra chica de su edad que es bastante más adelantada en cuanto a agradar a la gente. Por un determinado motivo, Christa, la amiga en cuestión, termina viviendo entre semana en la casa de la protagonista, instalada en su cuarto y dejando encandilados a sus padres, que prácticamente olvidan cualquier gesto de cariño hacia su propia hija. En seguida sabemos que Christa es una especie de hipócrita, aduladora, y otras cosas más. Hasta ahí todo bien. Tenemos un punto de partida, tenemos el típico esquema de antagonismo adolescente, de confrontación colegial a la “William Wilson”. Incluso hasta se espera una suerte de retorcimiento medio David Lynch. Pero lo de Lynch viene al final a ser un envase relleno con el sudor del esfuerzo de Cris Morena, o de cualquier otra ideóloga o guionista de telenovelas adolescentes de media tarde. Habrase visto una historia tan banal, tan aburrida como la de “Antichrista”. Todo el desarrollo de esta novela viene a ser un esfuerzo bastante malogrado de forzar al lector a sentirse grave o con miras a tomar la relación de estas adolescentes como si se tratara de un trabajo de clínica psicoanalítica, y en realidad uno termina casi por ceder al impulso de querer darles unas buenas cachetadas si las tuviera a tiro.
Por otra parte, aunque se pueda desconfiar de las traducciones, hay veces en que las cosas que nos terminan chillando en el oído terminan por provenir de más allá del traductor. Me refiero a un sinfín de metáforas o comparaciones o símiles que buscan sorprender al lector y no son más que ingeniosas asociaciones, mayormente infelices. Por ejemplo esta descripción del “primer beso: “Un tipo normal me llevó consigo y me agarró por la cintura. (…) acto seguido me encontré con su boca sobre la mía. Aquellas costumbres me parecieron raras, pero como nunca me había besado nadie, decidí analizarlo. Resultaba extraño. Había una lengua que ondulaba como el monstruo del lago Ness por mi paladar.”
Y sigo con esta frase: “Un relámpago atravesó mi cráneo: ‘¡No se llama Christa! ¡Se llama Antichrista!'”… porque, ¿qué es esta manía de ponerle celadas cada tres o cuatro páginas al lector para que trate de adivinar un supuesto mensaje subterráneo del relato?
Por si fuera poco, te encanta explicarme la historia en vez de contármela, nena: “Si ella no se acercaba para hablar conmigo, ¿acaso no era porque había cometido un error”; “¿Acaso era masoquista hasta el extremo de confesar una preferencia que se correspondía con la cima de mi repugnancia?”; “Decididamente, yo era un filón: gracias a mí, ella tenía alojamiento, comida y ropa limpia, sin más gastos que ridiculizarme en público, lo cual resultaba igualmente útil a sus intereses.”; “Ella vino a integrarnos en su poder y no lo ha conseguido: ¿cómo iba a poder digerir semejante fracaso? Antes prefiere destruirse a sí misma, con el único objetivo de arrastrarnos con ella en su naufragio”.
Lo que pudo haber sido una novela de iniciación con todas las de la ley termina siendo un berrinche: o sea, un sacudón y a otra cosa.

Dieciséis años de soledad, de odio a uno mismo, de miedos no formulados, de deseos nunca alcanzados, de dolores inútiles, de enfados que no conducen a nada y de energía por explotar estaban contenidos en aquel cuerpo.
Los cuerpos tienen tres posibilidades de belleza: la fuerza, la gracia y la plenitud. Algunos cuerpos milagrosos consiguen reunir estar tres características. El mío, en cambio, no poseía ni un solo gramo de aquellas tres maravillas. La ausencia era su divisa: era la expresión de una ausencia de fuerza, de una ausencia de gracia y de una ausencia de plenitud. Parecía el grito de un hambriento.

Calificación: Malo.

Título original: Antéchrista
Editorial: Anagrama (colección quinteto), 2009.
Traducción: Sergi Pàmies
ISBN: 978-84-9711-086-0

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12 comentarios en “Antichrista, Amélie Nothomb

  1. Creo que este es el primer libro con la calificación “Malo” desde que empezó el blog. Te arriesgaste vos, Dam…

    Abrazo!!!
    A.A

  2. 1-¿Vas por el tercero?
    2- ¿No será que nos venden narrativa adolescente femenil como si fuera para adultos? Capaz que calculan que somos tan bestias…
    3- Stephanie Mayer, esa dice que anda.

  3. Yo nunca entendí por qué se le presta tanta atención a esta autora (más allá de que es un bestseller). A veces algunos autores malos se ponen de moda entre los intelectuales como una especie de guiñada kitch. Pude leer uno de sus libros, un de los más famosos, en francés, Estupor y temblores, y está lleno de lugares comunes. Me resultó insoportable. Después leí las primeras páginias de Ni de Eva ni de Adán, porque acababa de editarse y es el típico libro que está en los supermercados, en las estaciones de servicio, en todos lados… me pasó lo mismo.

    Por otro lado desconfío enormemente de la gente que publica un libro por año. Genios aparte, porque la genialidad es una “excepción estadística”, creo que publicar un libro de pocas páginas por año y con una letra gigante es o un berretín o una estrategia de marketing.

    Abrazo, F

  4. Ah, bueno, Fernanda… Me dejás más tranquilo, porque la verdad es que depués de leerlo y de escribir estas palabras sobre este libro me quedé pensando si no se me había ido la mano. Y cuando empezaste a decir eso de los lugares comunes y esas guiñadas intelectuales obvias, me alivié un poco.
    En cuanto a lo prolífico repito lo que puse la entrada, me encanta como gesto, como un estado de atención ante la búsqueda de nuevos argumentos. Hay casos risibles y de tan malos a veces disfrutables (Tellado) y hay otros mejores (ahora se me ocurre el Lope de Vega de las comedias).

    Un abrazo.

  5. Me gustó mucho la reseña. No he leido a Nothomb y, de acuerdo a las referencias sus referencias -Damián y Fernanda-, no voy a hacerlo. Gracias por ahorrarme el mal trago. Respecto a los autores prolíficos, tengo sensaciones encontradas. Por un lado, me gustaría poder ser uno, por el simple hecho de que disfruto muchísimo escribiendo. Cuando escribo -o cuando estoy a punto de escribir o cuando recién he terminado de hacerlo-, es como sentir una plenitud extraña que sólo podría comparar con dos o tres cosas en la vida. Hay impedimentos físicos -de tiempo, de energías- e impedimentos creativos. Por otro lado, estoy de acuerdo con Fernanda, desconfío de esos tipos que son como manantiales y publican un buen libro cada cinco porquerías -claro que más desconfío de los que publican las cinco porquerías sin nunca meter un buen libro-, porque en cierto modo uno está escribiendo más que un libro, aunque en el momento sólo eso importa, sino, pese a quien le pese, una obra, palabras pasadas que se van sumando a las palabras presentes. Hay gente que publica manuscritos, que parece no corregir, no releer, gente que parece que ni siquiera tiene un editor decente. En fin. Por ahora, eso.

  6. Con este libro, como en el de todos de Amelie , se te remueben las tripas, sin duda pocos escritores pueden llegar a transmitir las sensaciones como ella.
    Sin duda, para mi , la mejor escritora actual que existe ahora.

  7. El razonamiento de que la cualidad de prolifico puede decantar en excelencia, me parece, con las disculpas del caso, un disparate. No leí a Nothomb , pero por lo que acabo de leer y por mi prejuicio personal, creo que es un fenomeno de marketing, de esos que fabrican las editoriales para que el negocio no decaiga. No es casualidad la publicidad que se arma en el lanzamiento de cada libro suyo a nivel mundial, y como todos sabemos no es el único caso. Hasta donde se, lo prolifico y la excelencia es una rara aleación que solo se da en los genios: Lope de Vega, el Dr. Johnson, etc.
    Como siempre, un lugar estimulante éste.

    1. Estimado Giovanni:
      No hay de qué disculparse. Estoy de acuerdo contigo. De hecho, como ves, este libro me parece malo, y malo también me ha parecido algún otro libro de esta autora. En cuanto a lo de que cantidad sea sinónimo de excelencia, eso es, como bien lo decís, un disparate. Con estas frases… “A veces se me viene la idea de que la cantidad, la verdadera cantidad deviene una especie de calidad. No de calidad en el sentido de excelencia, sino más bien de cualidad.”… quise decir eso, que la cantidad se vuelve, con determinados autores una “cualidad” de su propio discurso literario. Nombrás a Lope de Vega y es así, justamente. En mi artículo sobre este libro tendría que haber nombrado a otros autores, en realidad, y ellos son los rusos como Tólstoi o Shólojov, autores, como muchos otros realistas, que precisan de la extensión para darle cabida real a un proyecto. Ahí es cuando creo que la cantidad apuntala una calidad. Me refería a eso. Bueno, un abrazo.

      1. Agradezco tu respuesta, me gusta leer, me gusta la calidad, me sigue sorprendiendo aquella frase tan terrible y cierta ante la que sigo incrédulo: “los libros no le importan a nadie” (P. Auster dixit).
        Un abrazo y larga vida al blog.

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