La muerte llama al arzobispo, Willa Cather

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Cather

Una vez un profesor de didáctica de la literatura dijo algo así como que los clásicos son clásicos porque siempre (y recalcó el adverbio con el tono de voz pertinente), siempre enseñan. Esta novela de la escritora estadounidense Willa Cather enseña y enseña bien. ¿Qué es lo que uno aprende? Diversas cosas: cómo resultó ser la anexión por parte de los EEUU de territorios como Nuevo México, las penurias y adversidades de esa gente que habitaba regiones desérticas, pedregosas y de terrible calor. A esas tierras llega el Obispo Jean Latour y su ayudante, el padre Vaillant, una especie de dupla complementaria al mejor estilo Quijote-Sancho Panza, aunque con roles cambiados. Latour representa un abordaje de la fe mediante la estructura racional mientras que Vaillant, inquebrantable en su adoración de santos y vírgenes, es la fe pura, sin pensamiento ni tiempo ocioso para pensar. Ambos son buenos curas, buenos sujetos que reivindican la justicia en una especie de caldero hirviente donde conviven mexicanos pobrísimos, indios navajos y estadounidenses aventureros. Las arbitrariedades, los conflictos, los abusos de otros curas y, por supuesto, la propia insatisfacción existencial son el motor de esta novela hermosa.
Willa Cather, probablemente lesbiana (podemos decirlo ahora que ya hace sesenta y dos años que ha abandonado este mundo sin dejar descendencia), mujer de una extraña fe, toma partido por los desvalidos de una forma sutil, sin llegar a explicitarlo nunca, una toma de posición desde cierta relativa lejanía que hace que esta novela no se pueda nunca confundir con el panfleto. Además arremete contra la perfidia utilitarista (la misma contra la que arremete un contemporáneo suyo de este pequeño rincón del mundo) de un EEUU totalmente arrebatado por la fiebre del oro, que no es otra cosa que la fiebre del poder.
Por si esto fuera poco, Willa Cather escribe muy bien. Muy claro. Jamás sobreabunda y jamás pesa. El final, anunciado desde el comienzo, es lo que todo el mundo sabe que va a pasar. El tema es cómo pasa (igual a Crónica de una muerte anunciada, por ejemplo).
La contratapa (o tal vez sea el prólogo) dice algo así como que Willa Cather es una voz fundamental de la narrativa estadounidense de principios de Siglo XX. Parecería un elogio tal vez excesivo viendo los otros nenes que hay para ese trompo. Después de la lectura de La muerte llama al Arzobispo se comparte el juicio del editor.

Una noche, alrededor de tres semanas antes de la Navidad, estaba tendido en su cama sin poder dormir y con la idea del fracaso aguijoneándole el corazón. Sus oraciones no fueron más que frases huecas que no pudieron traerle consuelo alguno. Su alma se había tornado un erial. No hallaba dentro de sí nada que pudiese dar a sus sacerdotes o a su pueblo. Su labor se le hacía superficial, un edificio levantado en la arena. Su enorme diócesis seguía siendo una tierra pagana. Los indios persistían en marchar por las sendas antiguas del temor y las tinieblas, disputando contra los malos presagios y las sombras inmemoriales. Los mexicanos eran niños que jugaban con su religión.
A medida que la noche fue avanzando, la cama en que reposaba el Obispo se tornó un lecho de espinas.

Título original: Death comes for the Archbishop
Ediciones de la Banda Oriental, 2009. 221 págs.
ISBN: 9789974-1-0626-0

Calificación: Muy bueno

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18 comentarios en “La muerte llama al arzobispo, Willa Cather

  1. Hola Pedro, Willa Cather es muy buena. Leí La dama perdida (también en Banda Oriental) hace poco y me quedé contenta y sorprendida con el descubrimiento. La dame perdida tiene unas 100 páginas y sin embargo te cuenta toda una vida y te deja con la sensación de haber leído una novela larga. Una muestra de que lo importante no es la extensión sino “la sustancia”, como dijo Leo en otro comentario por aquí.

    Lo que no entendí es eso de lesbiana y sin descendencia. ¿Significa que podemos afirmar que es lesbiana *porque* no dejó descendencia, o que podemos decir *abiertamente* que era lesbiana dado que, al no tener hijos, nadie se va a ofender?

    F

  2. fue algo así como una broma fofa, una bobada, jugando anacrónicamente con un supuesto prejuicio que no tengo, Fernanda, y que me interesa abolir en los demás en la medida de lo posible a través del ridículo. Sólo eso…
    Y voy a extremar esfuerzos por conseguir esa otra novela de Cather que por lo que dicen (dices) es muy buena. Creo que esta mujer ganó algún prestigioso premio, Pulitzer o algo.
    saludos

  3. Bien… me quedé pensando y creo que aquí sí hay un punto para discutir o reflexionar tal cual es el espíritu de este blog.
    Tiene que ver con la forma en que leemos. Para empezar, mi lectura de la novela estuvo de cierta forma pautada por la lectura previa del prólogo de Raviolo donde se menciona la posibilidad de que la autora hubiese sido lesbiana. Se ve que eso quedó repicando por allí y como el tema era, en gran parte, la iglesia católica, supuse que la autora le daría un poco de palo. En realidad sólo se le dan palos a los malos curas, curas viciosos y alejados de su misión. Pero a la vez acá se introduce algo que tiene que ver con la estructura: la escritora utiliza un narrador omnisciente claramente definido, sumamente neutro. ¿O debería decir, tal vez, narradora omnisciente? El tema es que en nuestras categorizaciones acerca de los narradores esa categoría nunca aparece. No hay posibilidad, al menos en español, de encontrarse uno con una narradora omnisciente, porque en el mismo momento en que fuera narradora ya perdería, al parecer, la omnisciencia. Esa omnisciencia ha sido ha provocado la consabida comparación con Dios Creador, y Dios es masculino. El tema se reviste entonces de largas elucubraciones acerca del género en la escritura que un poco han perdido vigencia pero que siempre aparecen más acá o más allá. Lo curioso es que esto se da en lenguas latinas y no en otras como el inglés. Y eso ya nos lleva a pensar en el poder modélico, arquetípico, que lleva el uso de una lengua donde la distinción entre los géneros es tan importante.
    En mi cabeza, al momento de la lectura, lo que Willa Cather creó fue una narradora omnisciente, porque además yo ya conocía cosas significativas de su personalidad, como el antedicho lesbianismo. Pero si hubiera leído la obra sin siquiera saber el nombre de la autora probablemente se hubiera configurado en mi cabeza un inequívoco narrador omnisciente varón.
    Bueno, mucho se ha legislado al respecto en la teoría literaria, así que dejo por acá. Me viene al recuerdo Bernabé, Bernabé de Tomás de Mattos, donde el autor crea esa voz de Josefina Peguy que es realmente una voz femenina. Creo que allí hay un buen mérito, una buena impostación, una linda virtud de escritor basada en la empatía.

  4. ¡¡Qué escritoras que tienen los estadounidenses!! ¡Por Dios! Yo, al igual que Fernanda, sólo leí “La dama perdida”, y quedé maravillado. Esta novela que comentaste es de las que tengo en la lista de lectura de este verano. Incluso se la regalé a un amigo del barrio para su cumple (le gusta leer pero es medio moroso) con la promesa de que la íbamos leyendo a la par y comentándola. ja.
    Ahora, tomando un poco la cita que hiciste de la novela, ¡qué tema que tienen con la religión todos los narradores de la parte Sur de EEUU! No sólo los que integran el llamado gótico sureño. Sumale a Cather, quizás a Katherine Ann-Porter, el mismo Cormac McCarthy más tarde (cuya Trilogía de la Frontera parece en algunos aspectos bastante afín a cosas que dijiste de “La muerte llama al arzobispo”). Hay algunas explicaciones al respecto, que no sé si viene al caso repetir cosas de lecturas de análisis que se hicieron al respecto. A lo que voy es que siempre me cautivó esa persecución del alma religiosa de los narradores sureños de EEUU, o ese impulso, a veces ciego a veces no tan ciego, del alma hacia algo que puede ser Dios y que parece estar allí. Me hace acordar a aquel término que usaba San Agustín en sus “Confesiones” para distinguir ese punto del estado del alma en el que siente la necesidad de ir hacia aquello de lo que ha partido, creo que la denominaba “intentio” (a diferencia del movimiento contrario, la “distentio”, que era como caer en el pecado). A lo que voy es que si hay algo que me fascina de todos estos narradores (y por eso traje a San Agustín al asunto) es que es muy conmovedora en ellos la “intentio”. O al menos es algo que a mí me fascina leer, algo que encuentro en Tolstoi.
    Me gustó tu comentario…

    PD: Tengo la posibilidad de cambiar la foto de la tapa del libro (de edición de Cátedra) por la de la que leíste (Banda Oriental)… ¿Te parece?

    Un abrazo grande.

  5. Sobre lo de Damián. Estados Unidos es un país que, comparado con el nuestro, puede verse como más religiioso, al punto que en el formulario que se llena para entrar al país hay que declarar, además de que no se quiere matar al presidente, de qué religión es uno. Y, aquí viene el detalle, no hay un cuadradito para poner “ninguna”. Es un protestantismo militante que bien puede ser un eficaz mecanismo de cohesión social como un acicate al fanatismo y las persecuciones. De hecho, probablemente sea el motor de su nación en los inicios. “In God we trust”, dijo Franklin.

  6. DGB e IFDP: recién estos días he podido introducirme en la lectura en inglés de una antología de la literatura norteamericana. El proceso de elctura es lento y me obliga a recurrir al diccionario seis o siete veces por párrafo pues en tales condiciones de atrofia quedó mi inglés después de años en desuso. El tema es que todo empieza con el Capitán John Smith y acá quiero decir que es lo más parecido a Cortés que vi jamás. Mismas justificaciones. El tema religioso es uno de los más abordados y siempre, en cada decisión, el preacher es el que tiene la última palabra, palabra santa. Toda la situación me hace acordar a aquel monólogo de Orson Welles en Moby Dick que duraba como quince minutos, la plegaria y reconvención de un predicador a sus marineros. Parece ser que el peso de la religión en la literatura se condice con el peso de la religión en la sociedad. La palabra god aparece cada cinco minutos en el discurso. Loa prologuistas de esta antología dicen algo así como que los esquemas religiosos de pilgrims y puritans, que duran hasta hoy, se trasladaron desde la misma Inglaterra en el primer barco. No entiendo mucho del tema pero me parece algo digno de reflexionar.

    Ah… y la multiplicidad de editores a mí, que soy un poco queso para el diseño, me resulta esencial.
    Saludos

  7. Me parece además que Rodó relaciona muy bien el tema de lo religioso protestante con el utilitarismo. Un pack ensayístico que incluye a Lutero, Enrique VIII y Stuart Mill, resumido en eso de los WASPs.
    Y después habría que ver a los negros y su abordaje de la religión que me parece, y toco de oído, como casi siempre, un poco más comprometido que el de los blancos.

    Saludos de nuevo

  8. 1- Si de religión de los negros tocás de oído, justo eso: cantan como los dioses, y bailan. Es decir, parecen hacerlo más físico. De ahí cierta música, cierto ritmo.
    2- ¿Y los musulmanes, Alá sea loado? El Lazarillo en su momento… Por algo nuestra narrativa es acéfala de divinidades. Tal vez, y sólo tal vez, el dios retórico de ciertas letras uruguaya fue más ideológico, más de protesta que protestante. Cuando hablo de letras lo hago desde un enfoque amplio, significando letras todo lo que la palabra puede decir en distintos contextos.

  9. Capaz que nos fuimos un poquito de la rama (bah, no sé), pero esto me hace acordar a una cosa que dijo Amir Ahmed o Ercole Lissardi en diciembre o noviembre pasados en una charla en el Centro Cultural de España. Hablaron de que la abolición de los símbolos religiosos en el Uruguay de la reforma batllista, desplazó a la religión como el super-yo del individuo o del intelectual uruguayo. Según ellos, a diferencia de otros países vecinos, ese super-yo fue reemplazado por la preceptiva del comunismo, que en Montevideo fue muy fuerte en la primera mitad del siglo XX.

  10. Ayer este servidor hacía las veces de guía turístico. Les hacía cuentos a unos brasileros cautivos en un ómnibus. Además del esquema prefijado, les hablé de las zonas en las que prevalece el pino y en las que abunda el eucaliptus. Dije que conocía a un escritor que hablaba de “poetas dos eucaliptus” y “poetas dos pinheiros”. Cuando subíamos el lomo de la ballena, les mencioné “Los tres gauchos orientales”. Pensaban que tendrían un guía y se encontraron con un farsante de camisa blanca. Pero algunos no renunciaban a su derecho al conocimiento. Fue así, sucedió cuando descargábamos el ómnibus. El conductor se apostó abajo, para darle la mano a las señoras (y a la muchacha tetona) y yo quedé encima, parado al lado del volante, despidiéndome de las vícitmas. Es común que en ese momento las personas pregunten en qué lugar pueden comer o algo así. Ya habrían bajado unos dos tercios de los pasajeros, momento en el cual una mujer morena de bucles apretaditos que ya pisaba el escalón se dio vuelta como tirando un manotón de ahogado.
    -¿Cuál es la religión oficial en Uruguay?
    -Ninguna.

  11. No sé cómo hacer para que me lleguen los “comentarios siguientes” a mi mail. Siempre hago clic en la casilla que aparece acá abajo (Recibir siguientes comentarios por correo) pero nunca me llegan. De pronto paso por acá y me encuentro con la “friolera” de 14 comentarios.

    Interesante lo del narrador omnisciente. Puesto que si es omnisciente, en español o en cualquier idioma, siempre debería neutro, ya que no tiene “yo”. Lo que puede pasar es que el narrador omnisciente se traicione en su forma inevitable de mirar el mundo y ahí el lector tenga una “sensación” de una mirada más masculina o más femenina.

    En cuanto a lo otro, mi comentario fue una mera observación sobre cómo estaba formulada la frase. Si lo hubieras dicho “porque sí nomás”, como un mero dato curioso, tal vez habría saltado, pero en este caso lo entendí relevante ya que mencionabas que Cather toma partido por las minorías.

    La única fe de los uruguayos es el Pepe, je je.

    F

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