Ser escritor, Abelardo Castillo

Abelardo Castillo
***

Leer un libro en el que un escritor se ponga a escribir sobre su oficio es siempre una experiencia riquísima. Por la negativa o por la positiva, en el sentido de que uno siempre está buscando contrastes, afinidades, etc. En el caso de mi lectura de “Ser escritor”, del argentino Abelardo Castillo, no hubo nada de “negativo” como si su arte poética llegara a serme indiferente. Todo lo contrario…
“Ser escritor” es en realidad una miscelánea de textos que proceden de

diversas fuentes (recortes de artículos para revistas o suplementos, entrevistas, diarios personales, etc.) y que el autor seleccionó con la colaboración de Vicente Battista. Por eso mismo uno se puede encontrar con un libro ágil, entretenido por momentos y siempre profundo. Aunque si habría algo que le tendría que achacar es cierto impulso reticente o de cautela extrema que se nota a lo largo de muchas de sus afirmaciones sobre el credo de escribir. Varias de las sentencias, citas, consejos u opiniones (siempre sumamente estimables, desde luego) están formuladas desde una negación de algo por lo que se demuestra un determinado valor, o lo enclenque de cierto valor preestablecido en el mundo de los escritores que empiezan a escribir o simplemente tienen el deseo de hacerlo. No tengo problemas mayores con eso, salvo que los libros de este tipo deberían dejarte con un impulso o una emoción grandes por escribir. Hablo de que en muchos momentos el libro parece regido por aquella figura retórica del “lítotes”. Pero es tan sólo una opinión, por supuesto.
Más allá, mucho más allá de la pasada consideración uno puede encontrarse con páginas realmente bellas, como las opiniones de Castillo sobre la huella que dejó la obra de Freud a la hora de leer Literatura, un par de estampas sobre Cortázar y, en especial, sobre Borges, y sus consideraciones acerca del realismo o de la “realidad de escribir”: “¿Qué sentido tiene la literatura en un mundo sin sentido? No hay más que dos respuestas. La primera: ningún sentido La segunda es precisamente la que hoy no parece estar de moda: el sentido de la literatura es imaginarle un sentido al mundo y, por lo tanto, al escritor que la escribe”. Verdaderas frases que te tocan y que te generan las ganas de apuntártelas recuadradas en alguna libreta, para siempre (bastante).

La realidad es más vasta y más cambiante, y más sorprendente, de lo que capta por lo general un profesor de estética. Vivir en Grecia, en tiempos de Homero y no hablar de dioses, coturnos alados y gigantes de un solo ojo, siendo poeta, hubiera sido una casi monstruosa mistificación de la realidad. La objeción de que gigantes y dioses no existían es harto bárbara. En principio, porque si Homero no cabe en el realismo, peor para el realismo, y luego porque la realidad -la confusa y mítica y disparatada realidad humana- admite dragones y centauros, toneles donde encerrar los vientos, y violaciones de muchachas del tamaño de un clítoris, sobre todo si uno vive en la Hélade unos mil años antes de Cristo. Y digo ‘sobre todo’ por una especie de cortesía.

Calificación: Bueno.

Editorial: Seix Barral, Buenos Aires, 2007.
ISBN: 978-950-731-555-8

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12 comentarios en “Ser escritor, Abelardo Castillo

  1. Me dejás contento, Damián, porque un amigo me había hablado mal de este libro y yo realmente tenía ganas de leerlo. Te tengo en un lugar de honor en cuanto a recomendaciones, así que le daré una oportunidad al amigo Castillos que, por cierto, me gustó mucho en “Las maquinarias de la noche”.
    Sos el catador que, por la velocidad, está a punto de quedarse en pedo.
    ¡Te felicito! Y quiero más reseñas.
    Mi mejor abrazo.

  2. Hola Damián: Hace tiempo que quiero leer ese libro, pero todavía no lo pude conseguir. Te quería pedir una aclaración, porque no entendí qué quisiste decir con esto (y me quedé con la curiosidad): “Varias de las sentencias, citas, consejos u opiniones (siempre sumamente estimables, desde luego) están formuladas desde una negación de algo por lo que se demuestra un determinado valor, o lo enclenque de cierto valor preestablecido en el mundo de los escritores que empiezan a escribir o simplemente tienen el deseo de hacerlo”.
    ¿Podrías darme un ejemplo o explayarte un poquitín?

    F

  3. Es este un tema recurrente en nuestros blogs y en nuestras conversaciones. ¡Ser escritor! ¿Ser escritor? A mí particularmente cada vez que veo alguna entrevista en la que algún escritor desnuda algo de su arte poética paro la oreja. Es como un médico cuando oye de otro que la misma cosa se puede curar de otra manera.
    Tiene pinta de ser un libro no muy viejo, ¿no?

  4. Chicos, gracias por los comentarios…
    Fernanda: El libro me gustó desde luego… Sólo que, y me pedís en buena hora que lo aclare porque me parece que la pateé lejos, quería decir que muchas veces hay como un tono inconformista (inconformista hay que ser, ya sé) o de lapidar a la mínima, o un poco amargo. En eso me hizo acordar a lo sentencioso de Borges, por momentos. No lo juzgo un demérito, tampoco. Simplemente en el instante de lectura en que estaba eso no me “envolvió”.
    Un abrazo grande.

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