Si muero antes de despertar, Sherwood King

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Decía Alfred Hitchcock en alguna parte que no había nada como llegar a casa un sábado después del mediodía, luego de haber finalizado la semana de trabajo, almorzar y sentarse al lado del fuego a leer una buena novela policial. Quizás por una especie de representación de lo vicario que es el acto de leer. De ahí que Hitchcock contrastara en esa frase la tranquilidad burguesa y/o proletaria con la tensión que nos provoca un buen relato policial al llevarnos a los extremos de lo que nos permitimos moral o pasionalmente. En este sentido, leer “Si muero antes de despertar”, la novela de Sherwood King, le despierta a uno esa siempre encantadora sensación de saber que un asunto pendiente lo está esperando guardado en unos pocos centenares de páginas, sobre la mesa de luz.
La novela tiene todos los elementos del clásico policial “noir” o del “pulp fiction”. Una dama fatal, celos, deseo sexual, ambición, crímenes, etc. Laurence Planter es el narrador y protagonista de esta historia. Su vida cambia cuando en un día de playa un hombre lo ve nadar. Inmediatamente ese hombre, Mr. Bannister, ve tal fuerza, tal espíritu de juventud en ese muchacho de casi 30 años que sale del agua, que decide acercársele y ofrecerle trabajo como chofer. El muchacho acepta.
Como chofer de los Bannister, y viviendo en sus dependencias para criados, Laurence frecuenta el trato con Elsa Bannister, la esposa de su patrón, una mujer mucho más joven. Este es como el punto de partida sobre el que los acontecimientos irán complicándose hasta prácticamente las dos o tres últimas páginas, sin que el lector pueda adelantarse demasiado en ese juego de “lectura-adivinación” que nos acomete cada vez que leemos un relato del género. Ese punto de partida, decía, recuerda mucho por el tratamiento del objeto del deseo a “El amante de Lady Chatterley”, de D.H. Lawrence. (Quizás, se me ocurre, el nombre de pila del narrador sea un guiño más o menos explícito hacia la novela inglesa). Por un lado tenemos al esposo bastante mayor que está imposibilitado de satisfacer sexualmente a su mujer; por otro lado la misma mujer, bastante menor que su marido. Y para completar el cuadro la aparición de un empleado que le ofrece a su patrona lo que el patrón no le podrá dar. En las primeras páginas la relación “Mr. Bannister-Elsa Bannister-Laurence” recuerda aquella de “Clifford-Connie-Mellors”… Pero la gravitación de un cuarto personaje: Lee Grisby, socio de Mr. Bannister, le da un giro decisivo a ese tratamiento del objeto del deseo en “Si muero antes de despertar”; pero un tratamiento casi siempre subterráneo, que el lector debe percibir entre líneas, todo lo cual vuelve a esta historia bastante más atractiva a medida que se avanza.
Laurence está en un momento de su vida en el que tiene que tomar decisiones. Ha vagado por el mundo, ha intentado establecerse, etc. Su patrón (ver texto destacado al final), que ya pasó por la mitad del camino de su propia vida, trata de infundir en él cierto ánimo de decisión, sino es que, hasta inconscientemente, trata de vampirizarlo, es decir, contemplar o tomar de su chofer, como sea, el impulso vital que él no posee. En esas estamos cuando Lee Grisby le propone a Laurence un extraño trato por el que este debe contribuir a la simulación de la muerte del socio de Mr. Bannister. Esto propone algo nuevo, pero no por eso desconectado de toda la situación inicial del relato. La complicación, ya que empecé hablando indirectamente de cine más arriba, es propia de una película del mismo Alfred Hitchcock (del tipo “La sombra de una duda”) en cuanto a mostrar algo y luego relativizarlo y tener en ascuas al espectador. Pero fue Orson Welles quien adaptó esta novela de Sherwood King e hizo de ella nada menos que “La dama de Shanghai” (1947), que protagoniza el mismo Welles con su esposa de esa época: Rita Hayworth (Oh, lovely Rita / May I inquire discreetly / When are you free to take some tea with me?)…
No voy a decir nada más de esta novela, salvo comentar que es un buen ejemplo de todo un montón de notables narradores norteamericanos que quizás quedaron soterrados bajo la presencia de los grandes-grandes de su país, pero que dieron un sinfín de historias (hasta como guionistas de Hollywood) más que ejemplares.

Era más bebedor de lo que yo había supuesto. Entonces localicé la botella en la manta, y comprendí que había ido bebiendo durante todo el rato que habíamos estado nadando. Me senté y le dejé que hablara, sin prestarle mucha atención. Hablaba sobre las cosas que a él le estaban vedadas a causa de su pierna, de modo que no podía apresurarse aunque lo quisiera. Pero lo que le enfurecía más era que los que podían no hacían nada de eso, como yo. Estaban dormidos y tal vez no despertarían nunca. Tal vez nunca, hasta que estuviesen cerca de la muerte. Y entonces sería demasiado tarde para despertar.

Calificación: Muy bueno.

Título original: If I die before I wake
Traducción: Luis Jordá
Editorial: José Janés Editor (colección ‘Manantial que no cesa’), Barcelona, 1947.

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3 comentarios en “Si muero antes de despertar, Sherwood King

  1. Damián:

    Creo que este género ha sido injustamente relegado, ¿no? No por nada grandes narradores se han declarado fanáticos del policial y la novela negra. Yo no he indagado mucho en el género, pero el que más enganchó hasta el momento es Dickson Carr, o también llamado Carter Dickson. Hay otro prácticamente desconocido que, de hecho, aparece escasamente nombrado en internet. Se llama Richard Ellington. Lo recomiendo, y espero catar algo nuevo de su autoría. La saga de “Fletch” de Gregory Mcdonald es también muy entretenida. Y paro por acá.
    Que los otros catadores recomienden otros autores de este género. Un abrazo a todos.

  2. Bueno, es cierto que ha sido relegado, pero después de reseñas como las de DGB a uno le queda picando el bicho. Tengo en mi humildísima biblioteca, a disposición, la mitad de una colección de novelas policiales que hace unos veinte años sacó La República (tal vez lo mejor que hayan sacado en su vida). F Dard, J.M. Cain, Robert Parker, Ngaio Marsh. Hasta una de Bioy, Los que aman odian, que me gustó mucho hace ya bastante. A disposición.

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