La logia de Cádiz, Jorge Fernández Díaz

Fernández Díaz
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El escritor y periodista argentino Jorge Fernández Díaz se propuso explícitamente recrear con la novela “La logia de Cádiz” aquel espíritu de aventura y emoción que sobrevolaba la querida colección Robin Hood. La propuesta es tentadora. Fernández Díaz ha sostenido que poseemos elementos de sobra en nuestra propia historia latinoamericana como para hacer de ellos notables libros de aventuras. La idea es buena, reitero, sobre todo si tenemos en cuenta que la “gravedad” de un asunto, o la misma “gravedad” (en estilo, en objetivos) en literatura no tiene porqué asegurar la misma calidad literaria.
“La logia de Cádiz” es una recreación de lo que fueron quizás los hechos más importantes o determinantes de la vida de José de San Martín, quizás como recurriendo a aquella idea tan presente en Borges de que la vida de un individuo tiene dos o tres instancias homologables en las que se ve con total nitidez a sí mismo y a su propio destino. Algo de eso está presente en esta novela, cuyos capítulos saltan constantemente de un momento a otro de la Historia. Así, pasamos, por ejemplo, de las primeras experiencias bélicas de San Martín defendiendo la España de Fernando VII ante la entrada en la península ibérica de las fuerzas napoleónicas, hasta la batalla de San Lorenzo, a orillas del Paraná, en la que el mismo San Martín destroza un regimiento de Fernando VII peleando ya por el bando de las Provincias Unidas, a poco tiempo de la famosa travesía por los Andes.
Y ahora entra en juego una cuestión que a menudo se nos presenta cuando estamos en pleno proceso de lectura y comenzamos a vislumbrar si un libro nos gusta o no nos gusta. Tiene que ver, dicho de otro modo, con la distancia que va de la afirmación “me gusta” a la afirmación “me hubiera gustado que…”.
Fernández Díaz tuvo en sus manos un material extraordinario para una novela no menos extraordinaria. Pero pareció sucumbir ante la fuerza arrolladora del estímulo. En “La logia de Cádiz” se trata de abarcar tanto, tanto en tan poco espacio de páginas, que la condensación que resulta parece poco menos que injusta. Por momentos uno se queda esperando que determinados episodios no sean resueltos en capítulos de seis o siete páginas, sino que el narrador se sumerja en ellos para explorarlos más a fondo, describir más, etc. Cuando el libro se mete en los detalles, en la descripción de la pequeña historia de cada enfrentamiento, afloran pasajes realmente interesantes, intensos. Pero no sucede así cuando el narrador busca justificaciones de lo que ocurre en el relato recurriendo a un aparato propio del lenguaje de la Historia, cosa que se vuelve innecesaria y hasta cae en el didactismo. La Historia tendría que correr por otro lado en una novela, por un canal profundo en el que un manual no entra.
Es cierto que muchas veces las novelas históricas son formuladas como la posibilidad de enunciar al mismo tiempo una tesis sobre uno o más hechos históricos. Está bien. Pero también tendríamos los lectores que quedarnos sumidos en el misterio irreversible de los designios de la Historia. Y aunque “La logia de Cádiz”, en su último capítulo, trata de poner en duda la relevancia de toda una vida, o nos presenta a un San Martín en el exilio preguntándose una y otra vez para qué peleó después de todo, uno siente que a todo eso le faltó su respectiva carnadura.

La descarga de la fusilería y de los dos pequeños cañones derribó a cinco granaderos de la primera línea. Los proyectiles les entraron por el torso, por el cuello y por el cráneo, y sus cabalgaduras rodaron por el piso, chocaron ciegamente a los infantes o siguieron adelante corriendo hacia la nada. La metralla dio de lleno en el bayo del coronel y lo hizo retorcerse en un relincho y caer de costado. San Martín trató de apartarse, pero su caballo lo arrastró, lo revolcó y cayó muerto sobre su pierna derecha. Todo sucedió en cinco segundos y medio, y el jefe de los granaderos sintió un tremendo dolor en la pierna y dos golpes paralizantes: uno en el hombro y otro en el brazo izquierdo. Estaba aturdido por el choque y oía los ruidos del combate en segundo plano, pero no dejaba de pujar ni había soltado la espada.

Calificación: Regular.

Editorial: Planeta, Buenos Aires, 2008.
ISBN: 978-950-49-1982-7

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7 comentarios en “La logia de Cádiz, Jorge Fernández Díaz

  1. Lo que citás no me resulta muy interesante. ¿Es la tónica del libro? Es verdad lo de la novela histórica. Debe ser de lo más difícil de hacer bien: saber muchísimo de un tema, al punto de “vivir” en esa época y por eso mismo saber que hay cosas que no hay que explicar porque no serían dignas de mención; no perder el norte de que lo importante es el relato, los personajes.
    De Fernández Díaz leí unos cuentos muy entretenidos y livianos hace como dos veranos. Capaz que San Martín le quedó holgado.

  2. En efecto, Ignacio… Fernández Díaz tiene una obra que también se refiere a otras temáticas y otras propuestas, donde aparece recurrentemente un narrador llamado “Fernández”. Ha hecho una saga con dicho personaje.

  3. el libro esta muy bueno yo lei muchas novelas pero esta pasa la imaginacio, no podia creer lo que leia, es impactante, maravilloso, asombroso, magnifico,estupendo,muy actrativo, influyente en la vida….. saludos a todos pero en especial juli y a bren… (la toto, no t olvides) q buena pato.. jaja

    JUAN Y FACU GASSERA
    Q JUGADOR, FASO¡¡¡¡¡¡¡¡

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