Pacto de sangre, James M. Cain

Cain
****

Recientes consideraciones sobre la novela policial vertidas aquí mismo me decidieron a volver sobre aquella colección de grandes maestros del suspenso que La República editó promediando la década de los noventa. Supe tenerla toda y disfrutar de muchas de ellas. Ahora, tras varias mudanzas sólo quedan seis o siete.

Pacto de sangre es una muestra hermosa de todas las prerrogativas del género llevadas a la perfección. Walter Huff, narrador en primera persona es un vendedor de seguros treintañero que se sabe todas y cada una de las jugadas del negocio. Por eso, en cuanto se le presenta la oportunidad, que viene con formato de mujer algo despechada y diríamos que casi inocente, se las arregla para perpetrar el fraude más milimétrico que jamás se haya visto: le vende un seguro de vida al Sr. Nirdlinger (esposo de Phillys, la mujer de la que hablé antes) con una cláusula que eleva al doble el monto a recibir por sus familiares si la muerte ocurre en un accidente ferroviario. De ahí en más el asunto es ver cómo se hace para subir a ese hombre a un tren y matarlo.

La novela no está exenta de tramos ilustrativos y de buen humor, siempre referidos al negocio de los seguros:

El seguro de accidente se vende cuando los agentes insisten mucho, y a uno le asombra que se lo pidan. En segundo lugar, cuando en el asunto hay algo que huele mal, se recurre siempre al mismo pretexto: accidente. Por una mínima cantidad de dólares en la prima, el total de lo que se cobra por accidente es mucho mayor en este seguro que en los otros. Es la única clase de seguro que no puede hacerse sin que el asegurado lo sepa. No hace falta un examen físico para el seguro de accidente. Lo único que se exige es el dinero; y paseando por ahí anda más de uno que para sus familiares vale más muerto que vivo, y él todavía no lo sabe.

Las vueltas de tuerca típicas no son forzadas; el final es límpido, diáfano, aunque se incluya entonces un alto grado de apertura y un tiburón rondando un barco que se desliza por las aguas del pacífico hacia México.

Una novela entretenidísima, con personajes humanamente atendibles, párrafos de impecable factura técnica y ritmo saludable. ¿Qué más se puede pedir?

Título: Pacto de sangre
Colección Grandes Maestros del Suspenso,
La República (Uruguay). 1994. 200 págs.
Calificación: muy buena.

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4 comentarios en “Pacto de sangre, James M. Cain

  1. Bueno, dado que no he leído a Cain sólo resta apuntarme esta novela y esperar por una noche tan entretenida como la que vos pasaste, Pedro. Pero no puedo resistirme a copiar aquí algo que dice Chandler en una carta dirigida a Blanche Knopf, su editora, acerca del Sr. Cain. Para ser justos y relativizar sus palabras hay que decir que la que por entonces era la novela más reciente de Chandler (La ventana siniestra), había sido ignorada por los críticos y el buen Raymond estaba un poco espinoso. Aquí va lo que dice sobre Cain:
    “…espero que llegue el día en que no tenga que ver mi nombre junto al de Hammett y James Cain, como un mono de organillo. Hammett está bien, le concedo todo. Hubo una cantidad de cosas que no supo hacer, pero lo que hizo lo hizo excelentemente. Pero James Cain… ¡por favor! Todo lo que toca queda oliendo a chivo. Es en todos los detalles la clase de escritor que yo detesto, un faux naïf, un Proust en overol grasiento, un niñito de mente podrida con una tiza y una pared y nadie mirando. Esa gente es la hez de la literatura (sic), no porque escriban sobre cosas sucias, sino porque lo hacen de un modo sucio. Nada duro y limpio y frío y ventilado. Un burdel con un olor de perfume barato en la sala y un balde con agua jabonosa en la puerta trasera. ¿Yo sueno así?”.

    Y ahora, un fragmento de una carte de Chandler en respuesta ¡al mismísimo Cain! quien le había enviado de obsequio un ejemplar dedicado (de-di-ca-do) de su novela Mieldred Pierce: “Muy amable de su parte enviarme un ejemplar dedicado de su libro, y se lo agradezco mucho. Hace un mes que estamos en el desierto, con poca suerte en el clima. No lo digo como excusa por no escribir antes…”. ¡Mentira! ¡Raymond, decile que pensás que es una hez de la literatura, dale, dale, animate! No, Raymond no lo hace, en lugar de eso se pone a hablarle de la adaptación que la Paramount hizo de Double Indemnity, la novela de Cain. El propio Chandler participó del proceso, porque por ese entonces trabajaba escribiendo y adaptando guiones para la Paramount. Vean el sutilísimo tono que encuentra para destilar un poco de todo el veneno que tiene dentro…: “Un asunto curioso sobre el que me gustaría llamarle la atención, aunque probablemente usted lo ha pensado por su cuenta, es su diálogo. Nada podría ser más natural y fluido en el papel, y sin embargo no funciona en la representación”. ¿De dónde salió eso? ¿”Nada podría ser más natural y fluido en el papel”? ¡Qué mentira, Ray! Vos no pensás eso… En fin, a ver qué vas a agregar…: “Me dicen que es la diferencia entre el diálogo fotográfico y el diálogo escrito. Para la pantalla todo tiene que ser afilado y agudo y en lo posible elidido. Pero, por supuesto, usted sabe de esto más que yo”. ja ja ja… por favor… No me digan que no es bueno.

  2. Leo: me has hecho pasar un rato bárbaro. Ya leí tu comentario del libro de Chandler y lo quiero, pero me ponés en la obligación de defender, cual padrino en un duelop, a Cain de las garras de ese viejecillo de Chandler.

    ¡Cómo me estoy riendo!!!

  3. a) El policial a muerte, y ni hablar de las novelas de espías.
    b) Leo: sobre lo que te iba a decir de tu libro, justo, pero justito, disculpame, lo que pasa es que estaba en el baño y no tuve tiempo…

  4. Es buenísimo lo de Chandler…
    Y, vamos, vamos, Peter, adelante!!!

    Y… ¿En qué película de Woody Allen quieren convencer a un personaje de algo o lo quieren sacar de un lugar y contratan a un agente de seguros para que lo haga? ¿”Take the money and run”? mmm… Es tarde, no me acuerdo bien… Aviso si lo encuentro porque viene bien para el tema.
    Abrazo.

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