Renacimiento negro, Langston Hughes

Langston Hughes
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“Renacimiento negro” es en realidad una parte perfectamente autónoma de la autobiografía “El inmenso mar”, del escritor estadounidense Langston Hughes (1902-1967). Pero al mismo tiempo trasciende o ignora cualquier forma de solipsismo y se transforma en una lúcida y entretenida crónica de la década del ’20 en Estados Unidos en la perspectiva de un negro. Así, uno puede apreciar de primera mano los cruces culturales que hicieron de los ’20 una época en la que “lo negro” se puso de moda. Hughes describe con avidez, humor y una cantera inagotable de anécdotas el auge de Harlem como epicentro de la cultura negra, donde, por ejemplo, funcionaban en la época clubes nocturnos con atracciones negras estrictamente destinadas a blancos, y adonde los negros tenían prohibida la entrada, por lo cual se perdían de escuchar y ver en sus comienzos al mismo Duke Ellington. El caso del Harlem asediado por los blancos sedientos de folklore negro o reduccionismos raciales le da pie a Langston Hughes para calar más hondo y rememorar y reflexionar a partir de los hechos acerca de las primeras tentativas fuertes de la comunidad negra por ser tomada en serio y sus obstáculos (dentro y fuera de la comunidad) en el intercambio de bienes culturales del mercado norteamericano. Esta preocupación parece regir la primera mitad del libro y constituir por sí misma una parte con una unidad de sentido precisa.
De haber una segunda sección, esta particulariza esa situación en la figura del propio autor, con sus crónicas de viajes, sus semblanzas de algunas personalidades de la época, amigos o familiares, descripciones costumbristas y opiniones y anécdotas sobre sus primeros tiempos de escritor. Son memorables, imperdibles los comentarios de sus experiencias recorriendo por primera vez en su vida el Sur profundo (Hughes nació en Missouri y se crió en estados como Texas o Illinois). Por ejemplo su visita a un campamento para refugiados en Batton Rouge en medio del desborde del río Mississippi del año ’27. Hughes se encuentra con negros que nunca en su vida habían abandonado su plantación de algodón o habían visto una ciudad o habían visto siquiera en manos de alguien diez dólares juntos. Más tarde, en su visita a New Orleans, directamente no entiende el habla de muchos negros que conoce por las calles. Acá me gustaría retomar la idea de que “Renacimiento negro” es un libro sobre cruces, un libro sobre la complicación de poder reducir en el juego de las expresiones culturales términos como “negro” o “blanco”. Hughes se siente orgulloso de su raza y su cultura, pero al mismo tiempo disiente mucho sobre determinadas costumbres o políticas de su grupo, o, directamente desconoce todo un conjunto de prácticas o situaciones de otros negros de otras partes del país (lo que le acontece cuando acomete la escritura de su primera novela: “No sin regocijo”). Lo mismo le pasa cuando se ve rodeado y favorecido para sus tareas intelectuales por la gente de la alta sociedad neoyorquina siendo su origen el de un individuo de clase baja. “Renacimiento negro” es un libro en el que uno detecta la fuerza inconmensurable, torrencial y pluridireccional de la cultura estadounidense cuando muchas cosas eran muy nuevas, cuando aún faltaban algunas décadas para el centenario de la Guerra de Secesión.
En cierto momento de la lectura uno imagina que el final estará acompañado del amargo estallido del año ’29. Y es así. La situación social que describe Hughes es tremenda. Entonces, con 27 ó 28 años, recibe un premio por su primera novela publicada. Sabe que el futuro es incierto y desesperanzador, pero todo lo que tiene es su literatura, es su pasión por el acto de escribir. Por eso, pese a todo, “Renacimiento negro” termina con una serie de páginas que llegan a conmover al lector de forma sencilla y compleja a la vez. Son las reflexiones de un hombre de cuarenta años mirándose a sí mismo a través del tiempo, redescubriéndose y regocijándose en su vitalidad. Nada mejor para cerrar este comentario que las últimas líneas del libro: “La literatura es un gran mar, lleno de innumerables peces. Yo tendí mis redes y tiré. Todavía sigo tirando”.

Miss Hurston se dirigía también al norte. Tenía su coche y decidimos viajar juntos, deteniéndonos en el camino para recoger canciones populares, hechicerías y viejas leyendas, pues Miss Hurston realizaba una gira de estudio por cuenta de una sociedad folklórica. Su cantera eran los ciegos tocadores de guitarra, los hechiceros y los antiguos esclavos, y su obsesión los jooks de las pequeñas aldeas y las iglesias de las plantaciones. Sabía que sería divertido viajar con ella, y no me equivoqué.
Nos detuvimos en Tuskegee y dimos unas clases de dictado a los estudiantes de la escuela de verano. Fue este nuestro único contacto con la cultura oficial en todo el camino, desde Mobile hasta Nueva York. Luego fuimos a Macon, Georgia, donde Bessie Smith estaba cantando en un pequeño teatro. No tuvimos necesidad de acercarnos al teatro para oír cantar a Bessie, se le podía oír desde varias manzanas antes. Además ensayaba todas las mañanas en el hotel donde vivía. Fuimos a visitarla y nos hicimos buenos amigos.
-La dificultad con los blancos  que cantan blues -decía Bessie -es que no llegan a dar el tono bastante bajo.
De Macon, fuimos a Savannah, donde nos tropezamos con una mujercita que había salido a comprar un revólver de segunda mano ‘para hacer picadillo a su marido’. Nos dijo por dónde solían dejarse caer los obreros de la fábrica de trementina y los del muelle y trabamos conocimiento con algunos de ellos y fuimos a comer juntos. Les pedimos que nos cantaran algunas canciones, pero ya las habíamos oído y no eran muy buenas. Miss Hurston decía que, en general, es preciso vivir con la gente largo tiempo antes de poder escuchar por casualidad algún día alguna canción nueva, que acaso han aprendido hace tiempo en el campo, o que recuerdan de su infancia, o, que están contentos y la inventan ellos mismos.

Calificación: Muy bueno
Título original (de la obra de la que fue extraída esta selección): The big sea
Traducción: Luisa Rivaud
Editorial: Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1971

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3 comentarios en “Renacimiento negro, Langston Hughes

  1. parecería ser que la cultura negra estadounidense es una cantera inagotable y paralela, cuando no soterrada tras el academicismo-utilitarista de ese país, pero si se lo piensa un poco más todo el desarrollo musical de la segunda mitad del siglo XX tiene su raíz en esas décadas de las que habla el autor.
    saludos

  2. Pea: Gracias por tu comentario. Sí. Me acuerdo de algo de una de una entrevista que Rolling Stone le hace a John Lennon creo que en el ’71. Lennon decía ahí que los negros fueron los encargados en la música popular del siglo XX de preservar el fuego sagrado del ritmo básico, los encargados de hacer que nuestros esqueletos no dejaran de sacudirse. Hablaba de la selva luego, y asumo que en eso Lennon aproximaba la idea de la música a la del rito, a la de la integración con el entorno. Lennon no era de hecho un declarante bastante esclarecido, según mi opinión (aunque esté clavado en mi corazón), aunque la indicación que hace en este caso me parece pertinente. Pensemos en esta anécdota: a mediados de los ’50 un hombre en una casa cualquiera del norte gris, remoto y frío de Inglaterra sube rápidamente las escaleras para ver lo que sucede en el cuarto de su hijo, donde se sienten unos gritos espantosos. El hombre no sabe lo que se va a encontrar cuando abra la puerta. Pero cuando eso ocurre, se da cuenta de que su hijo no estaba más que cantando. Era el pequeño Paul McCartney, imitando a Little Richard.
    De todos modos, regresando a lo de la música estadounidense, hay que recordar que lo que dio el blues, el jazz, luego el rock, es también la suma de la cultura negra, más la inmigración de colonos británicos con sus propios ritmos e, incluso, hasta la de los mismos franceses que vivieron en el Sur.
    Hace unos días me enteré de que existía un ritmo musical denominado “cajune”. No tenía ni idea que eso existía. Se forman bailes de cajune en todo el sur, en Louisiana, Mississippi, Georgia, etc. Parece como nuestros bailes de cumbia. Escuché algunas canciones en youtube, y uno puede encontrar ahí lo negro, lo europeo, lo caribeño.
    A lo que voy al final: es tan rico ese panorama, tan rico…
    Gracias por darme energía, ganas para escribir sobre estas cosas tan lindas en esta tarde de lluvia en Maldonado.
    Un abrazo.

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