Pecados sin cuento, Richard Ford

Estimado Señor Ford:

***
Ford

Yo a usted lo había conocido con deleite a través de “Mi madre, in memoriam”. Un librito breve, conciso, emocionante, profundo y misterioso como un pozo de brea. Me acuerdo de leer sus páginas llorando en el living de mi casa. Y es que cuando uno anda enrollado con su propia vieja, llora ante cualquier cosa que tenga la palabra “madre”. Es así, y usted bien lo sabe.

Sin embargo, “Pecados sin cuento” me pareció desparejo. Me da la impresión que muchos de sus cuentos se prolongan inútilmente. Usted dirá que hay algunos efectos que únicamente se conceden con la prolongación del relato a través de la descripción minuciosa, la indagación psicológica de los personajes, lo explícito de sus constantes figuraciones. Pero no. Se me hace que usted a veces se olvida del espléndido talento que le ha tocado en suerte y se torna un palabrero profesional. Muy inteligente, por cierto, pero palabrero al fin. Usted ronda y ronda la historia pero parece que temiera tocarla, como un panadero que amasa el pan, lo forma, lo mete en el horno, lo cuida para que no se queme, y después no se animara a probarlo. Usted se conforma apenas con el olor. Pero después se ve que le da la loca y se arrepiente. Entonces agrega aderezos sobre el bizcocho y no se da cuenta que en realidad se está mandando una cagada, ¿me entiende? Algo parecido, pero de un modo más bonito, dijo mi amigo Leonardo Cabrera. Y déjeme decirle que tenía toda la razón con aquella metáfora de la mujer en la pared que se pinta pero no se pinta.

Los cuentos cortos del libro me parecieron muy buenos -¿vio que no todo es malo?-. Se me viene a la cabeza el cuento “Resignación”, donde narra maravillosamente ese extraño vínculo entre un hijo y un padre durante una tarde de cacería de patos. Y ese otro, “Bajo el radar”, con el final abierto y esa escena inquietante del animalito atropellado que se arrastra hacia los márgenes de la ruta para morir.

“Cachorro” me hizo acordar mucho a un cuento de Valetín Trujillo titulado “Comadrejas”. Al fin y al cabo es el mismo tema: el perrito como detonante de un conflicto de pareja. Y es que usted está claramente obsesionado con la cuestión del adulterio, ¿no?. Todos los cuentos están enhebrados en un mismo hilo de traiciones y confusos remordimientos.

No sin maña me sorprendió con el último cuento, que bien podría ser catalogado de nouvelle: “Abismo”. Ah… Ahí me dio una buena trompada en el abdomen, señor Ford. Supo inquietarme hasta la angustia.

Y la voy dejando por acá porque me tengo que ir a comer. Espero verlo pronto.

Atentamente,
Leonardo de León.

Yo no había visto ningún pato, pero cuando mi padre se acuclilló sobre la sucia tabla donde estaban su gabardina manchada y nuestros casquillos vacíos, le imité, y bajé la cara hacia el suelo. Oí la respiración de mi padre, vi sus nudillos pálidos y húmedos apoyándose temblorosos contra los tablones, hasta me llegó el olor de su pelo, un olor fuerte, mohoso. Y comprendí que tendría que conformarme con eso, que no tendría ni otro padre ni otra cacería mejor que aquella.

Calificación: bueno.
Título original: A multitude of sins
Traducción de Damián Alou (plagada de leísmos, como puede constatarse en la cita).
Editorial Anagrama, 2002, España (358 pág).

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12 comentarios en “Pecados sin cuento, Richard Ford

  1. Está bueno el formato carta como modo de comentar el libro. Está la idea del diálogo que uno puede verse tentado a tener con estos tipos que escriben, como si uno conociera de qué se trata la cosa…

  2. Como a Nacho, el formato de carta me parece muy sugerente. Pero más allá de eso, creo que en esta carta en particular, Leo, encontraste el punto exacto del tono. Porque la reseña está ahí, y seguramente mucho más viva de lo que habría estado de otro modo. Y ahora, Ford. Coincido en que su estilo -y el estilo es una extensión de la personalidad- tiende a ser extremadamente indirecto y uno puede perderse en las vueltas de la historia que siempre es leve. Sin embargo, ¿no te pasa que hay algo inexplicable, algo que se escapa a todas las reseñas y que te hace saber que vas a seguir leyendo libros de este tipo? A mí sí.

  3. Muy buena, LDL. Bien elegido el formato, también, para romper el molde.
    Tengo una amiga que hace años me quiere prestar todos sus libros de Richard Ford para que me los lea, una amiga que sufre con las torturas a los animales de sus libros pero que (vergonzosamente, me dice, muy vergozosamente) le parecen de un nivel descriptivo que la conmueven. No sé. Creo que esta tarde me subo a la bici y voy a su casa a merendar después de tanto tiempo. Esto está bastante motivado por tu reseña.
    Un abrazo.

  4. Mis buenos amigos:

    Hoy colgué la reseña y me pasé el día en la calle. Acabo de llegar. ¿Qué puedo decirles?
    ¡Feliz, muy feliz con sus comentarios! Gracias. Gracias de verdad.

    Nacho: tenés razón, uno siempre quiere dialogar con estos tipos. Un día estuve por invitar a Damián para ir hasta la casa de Martin Amis en Uruguay, pero nunca lo hice. Cuando tiempo después le conté a Damián de mi vieja intención, él se mató de la risa. Y yo también.

    LAC: tal cual lo que decís. Hay algo en Ford, algo que se escapa a las reseñas, un fermento poderoso. Espero seguir charlando contigo sobre sus libros y muchos otros. Cada vez que vea, de ahora en adelante, un libro de su autoría, recordaré la metáfora de la mujer. Inolvidable.

    Damián: me conmovió tu comentario. Creo saber quién es tu amiga, pero de última no importa. Si es la chica que yo considero la versión femenina de vos mismo, mandale saludos.

    Un abrazo grande para todos.

  5. Leo: felicitaciones por el nuevo aspecto formal de esta reseña. El título es espantoso en castellano, pero en inglés no era mucho mejor, ¿no?
    ¡Qué bueno lo que se despierta en estas páginas!!!

  6. Puf… Yo no sólo he conversado, sino que hasta incurrí en la osadía de robarle a uno de ellos el último trocito de dulce de membrillo que quedaba en el plato de la merienda. Con eso le digo todo, señor.

  7. La verdad, che, que nos hemos divertido todos, ¿no? Tenemos buenos recuerdos, ja…
    (¿Valió ponerme un poco melancólico? Perdón si no… Son la 1 y 20 de la mañana… Escucho “Jeep’s blues”, de Duke Ellington y ¡ah!, nada… Un fuerte abrazo…)

  8. Esteeee… no sé cómo decirlo. Quizá el modo directo funcione: esto parece cualquier cosa menos un club de caballeros, se asemeja más, me atrevo a apuntar, a una reunión del té de las cinco entre señoras de alcurnia venida a menos, con gatos gordos en las faldas. Y la excusa de que es tarde, D., por favor… juicio, caramba-.

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