La habitación cerrada, Paul Auster

***

Bueno, bueno, bueno… y como quien no quiere la cosa, llegué al final de La trilogía de Nueva York. Resulta que esta tercera novela, La habitación cerrada, me hizo acordar mucho a Leviatán. De algún modo el hombre desaparecido de La habitación…, Fanshawe, es una especie de estudio al carbón del futuro Ben Sachs de Leviatán, o al menos ambos comparten rasgos que hasta un lector algo lelo no tendría más remedio que notar. En cierto modo, ahora que he leído unas cuantas novelas de Auster –ocho o nueve-, creo que puedo afirmar que más allá de ciertos temas recurrentes, también son recurrentes en él unos tópicos claramente identificables, escenas que se repiten libro a libro con variantes más o menos mínimas. Lo que uno acaba por pensar es que Auster tiene una especie de baticinturón bien equipado, pero que de ningún modo es infinito o inagotable, muy por el contrario, su arsenal es más bien limitado, y los resultados –buenos o malos- se producen a raíz de las múltiples combinaciones, arreglos y permutaciones que con él consigue. Todo esto, lo sé, puede sonar a que Auster es un embustero. Yo no puedo afirmarlo. También sé que hay que relativizar estos juicios desde la perspectiva histórica, La trilogía… está prácticamente en el comienzo de su producción novelística, pero, mierda, a uno –a mí, claro está- le queda la sensación de que están tratando de engañarlo. Durante la lectura no me resisto, es más, no miento al decir que disfruté la lectura de La habitación cerrada, que pasé una linda media tarde tirado en el sillón pasando páginas. Pero ahora, puesto a escribir este brevísimo comentario, tengo que decir que siento que he perdido quinientos pesos apostando a la mosqueta con un tipo que me hizo creer que iba a poder sacarle unos billetes. Es sólo una imagen, la plata en el libro estuvo bien gastada.

Auster

Ah, casi no digo nada del argumento. Bueno, veamos: el narrador se adjudica la autoría de las dos primeras novelas de la trilogía. Se gana la vida escribiendo artículos para revistas. Le llega una carta de una tal Sophie Fanshawe. Su esposo desapareció hace seis meses y dejó un armario lleno de manuscritos. Convenientemente, un tiempo antes de esfumarse había dejado instrucciones de que fuese él –el narrador, su amigo de la infancia- quien se hiciese cargo de ellos. El muchacho, harto voluntarioso, se hace cargo de mucho más que de los manuscritos. Y así empieza. Es un buen arranque, un arranque “muy Auster”, por cierto.

Aquí va la cita elegida (se encuentra en el penúltimo párrafo de la novela, así que si alguien quiere mantenerse prístino para su lectura, saltéesela, por favor), y ahora sí, la cita:

Cada frase borraba la frase anterior, cada párrafo hacía imposible el siguiente. Es extraño, entonces, que la sensación que sobrevive de ese cuaderno sea de gran lucidez. Es como si Fanshawe supiera que su obra final tenía que subvertir todas mis expectativas. Había contestado a la pregunta haciendo otra pregunta, y por lo tanto todo quedaba abierto, inacabado, listo para empezar de nuevo.

Al fin y al cabo supongo que de eso se trata toda La trilogía… del autor de un lado, el lector del otro y una mesa en medio. Del lector haciendo su trabajo, que es, básicamente, anticiparse a la historia, y del autor anticipándose a la anticipación, jugando con esas expectativas hasta volverlas una confusión, una duda, un tambaleo.

Calificación: Bueno
Título original: The locked room (1986)
Editorial Anagrama, 1996
Traducción: Maribel De Juan
ISBN: 978-84-339-7329-0

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11 comentarios en “La habitación cerrada, Paul Auster

  1. Bueno, al menos mejoró la calificación. Yo confío mucho en tu criterio estético. Por eso me descorazona un poco que la obra central de un autor que está en el top five actual no haya pasado de mitad de tabla…
    En fin…

    saludos

  2. Pedro:
    mi criterio… mmm… harías bien en desconfiar -yo lo hago-. Respecto a eso de “la obra central de un autor”, debo decir que La trilogía de Nueva York no es la obra central de Auster, es el inicio de un camino para el tipo. Yo diría que lo central de Auster es Leviatán y El palacio de la luna. Quizá LDL agregaría el Libro de las ilusiones. Por ahí va la bocha.

  3. Me olvidé de decir que estoy de acuerdo con este pasaje de tu texto: “Lo que uno acaba por pensar es que Auster tiene una especie de baticinturón bien equipado, pero que de ningún modo es infinito o inagotable, muy por el contrario, su arsenal es más bien limitado, y los resultados –buenos o malos- se producen a raíz de las múltiples combinaciones, arreglos y permutaciones que con él consigue. Todo esto, lo sé, puede sonar a que Auster es un embustero. Yo no puedo afirmarlo.”

  4. Y más, hablando de sus últimos libros…
    Hace un tiempo leí “Un hombre en la oscuridad”, y aunque puedo afirmar que se trata de una novela buena, con pasajes realmente de muy buena lectura, sentí algo similar a lo que me pasó con “La noche del oráculo”, y que puedo definirlo como el hecho de que a veces Auster se limita a sí mismo, o se entorpece a sí mismo con las cosas que le salen muy bien, que se envicia con ellas y no va un poco más allá.

  5. ustedes son de esos tipos que les gusta pasar página tras página sin detenerse a leer. Para hacer comentarios, primero aprendan a leer y no sean esos tipos que les gusta acumular lecturas vacías.

    1. Alberto:
      gracias por tomarte el tiempo de leer y comentar. Ahora, los comentarios que arrancan diciendo qué tipo de tipos somos pueden sonar un poco agresivos, haciendo que el destinatario -en este caso, yo- sienta muy poca inclinación a tomar en cuenta tu consejo, dado que si yo he de “aprender a leer para no acumular lecturas vacías”, me parece que vos deberías hacer otro tanto. Las reseñas y comentarios de este blog podrán ser desatinadas, erradas, torpes, imperfectas, pero no creo que sean vacías, y si lo son es a pesar de nuestro esfuerzo.
      Gracias de nuevo. Saludos.

    2. Alberto:
      1-Debiste empezar con mayúscula, los que saben escribir lo hacen.
      2- “tipos que les gusta” debió ser “tipos a los que les gusta”. Mostrás desconocimiento sobre cómo usar el dativo y la preposición que lo encabeza cuando se te presenta una subordinada adjetiva. Los que saben escribir lo hacen.
      3- “tipos que les gusta acumular…” Ídem anterior.
      4- ¿No te parece que usaste demasiado la palabra “tipos”? La reiteración de un sustantivo suele ser un rasgo de oralidad que, cuando se hace de modo consciente y para retratar a un personaje, puede servir. Pero no estás haciendo eso.
      5- Me da la impresión que el autor de la nota lee y escribe mejor que vos. Ergo: quedaste como un bobo. Los que saben leer no quedan como bobos.
      6- Está claro que no defiendo a Cabrera, que como ves puede solito. Leete a Kant y decime cuál es la motivación de mis actos. Y en alemán.

  6. Hola. No conocía tu blog. Acabo de terminar de leer “la habitacion cerrada”… la verdad que me ha parecido una novelita vacía, no le encontré nada que me atrayera. Sí me sorprendió, negativamente, el capítulo donde el autor “pega” pequeños resumenes sobre sujetos históricos… ¡?¡? Es un artilugio estilístico que me parece bastante pobre. Luego, le sigue otro capítulo de resumenes de anécdotas, todas y cada una “desconectadas”, porque claro son los retazos de un otro… y nuevamente me parece una herramienta pobre. La novela no avanza en ningún sentido: a la mitad del libro me dije… “¿leí estas páginas para que recién ahora aparezca la trama?” y cuando faltaban dos hojas para terminar me dije “acá continuá la cosa… ah, mirá… ya termina… ah, mirá, sep… acá no pasa nada”…

    jajaja tenía que decir algo, disculpá que sea a modo de comentario en tu blog… pero esta es la segunda novela de paul auster que leo y este tipo, me hace enojar… jajaja… por ej. me molestaba bastante el recurso a… “nombrar otros escritores, pintores, músicos” o lo que fuera… para leer una crítica sobre una pintura leo un crítico, y en ambas novelas me topé con “oh, qué glorioso el cuadro de tal y cual…”.

    Ja, ahora sigo viendo tu blog. Un saludo!

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