De qué hablamos cuando hablamos de amor, Raymond Carver

Raymond Carver
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He aquí un libro hermoso. Dos veces hermoso… Yo no sé muchas veces qué decir ante los libros hermosos, los libros cuya fuerza te impacta… Me quedo con ese desajuste del equlibrio que sucede a todo golpe o sacudón fuerte…
Como ya lo anuncia el título, los cuentos de este libro apuntan a complejizar la idea del amor. Cada uno de los relatos levanta una polvareda de sensaciones encontradas. En algunas oportunidaes es mucho lo que se entreve, y en otras es casi nada, o prácticamente nada, dicho esto último en el mejor de los sentidos posibles.
Carver no nos muestra historias completas con una resolución que pueda no ya conformar al lector ante ciertos interrogantes, sino mostrarnos cabalmente lo que es el diario tránsito por el mundo de cada uno de esos individuos de los que se da cuenta. No, necesariamente. Las historias de este libro no tienen muchas veces una resolución definida, y hacia allí está apuntado, y con mucho éxito, todo el potencial de la obra. Hablo también del sentido suspendido sobre los finales, de los diálogos o los gestos de los personajes que parecen indicar mucho más de lo que está en el papel o el lector pueda atrapar y que al mismo tiempo son una representación de un recorte deliberado de la vida de esos individuos, un recorte que se aproxima mientras uno lee cada vez más al lente y se desenfoca y oculta por detrás el resto del conjunto de imágenes y situaciones de las que procede ese recorte. Ese parece ser en gran parte el recurso por que el que estas historias, muchas veces breves, de Carver logran llegar a un estado de concentración tal, que cada parte que sea tocada por la imaginación lectora de uno reacciona y se revuelve agitando el resto. Menciono la brevedad de los cuentos, y con ello quiero señalar algo de lo que me impactó por lo bien logrado. Uno nunca siente que dentro de esa brevedad al lector le sea escamoteado algún aspecto de la verdad o el dolor o la satisfacción que rodea a la vida de cada personaje. Antes que eso. Los argumentos están trabajados de tal forma que uno no puede resistirse a la emoción de completar el cuadro mediante conjeturas que nunca son del todo suficientes. Pero lo curioso, lo que me pasó a mí de curioso, es que cada cuento de “De qué hablamos de amor cuando hablamos de amor” prescinde de lo que el lector aventure sobre sus silencios u omisiones. Cada cuento se basta a sí mismo, con lo que dice y lo que no, de una forma terrible, es una mirada rápida e indeleble, sumamente indeleble, a algún episodio de la pasión amorosa de un personaje, y con eso, también, el recorrido por el laberinto del deseo y la soledad y la incomunicación.
Uno de los primeros cuentos, “Visor”, es una muestra cabal de lo que es todo el libro. Un hombre sin brazos golpea con sus prótesis hechas tan sólo por unos ganchos de hierro a la puerta de una casa. Un hombre abre y se encuentra con el hombre mutilado, ofreciéndole una foto que ha acabado de tomar de la casa hace unos segundos mediante una Polaroid. Así se gana la vida el hombre sin brazos. Con los ganchos sujeta la cámara y toma la instantánea. El hombre de la casa lo invita a pasar, y al cabo de unos instantes se da cuenta de que en la imagen que el otro hombre ha tomado aparece él justo mirando por la ventana de la cocina, lo que le parece extraordinario, ya que desde que se separó casi ni va hacia ese sector de la casa y, menos, observa hacia el frente por la ventana. Mientras toman un café, surge entre los dos personajes una convesación que revela algunos detalles de sus vidas amorosas. Son dos mundos que se encuentran o que se rozan, y de ese contacto breve surge una idea del sufrimiento humando, de la resignación y hasta la fortaleza humanas difíciles de olvidar, muy difíciles de olvidar.
Los cuentos que más me gustaron: “Visor”; “Belvedere”; “Veía hasta las cosas más minúsculas”, “Diles a las mujeres que nos vamos”; “Después de los tejanos”; “La tercera de las cosas que acabaron con mi padre”; “La calma” y “De qué hablamos cuando hablamos de amor”.

-Babosas -aclaró Sam -. Les acabo de echar una dosis de esto -explicó, levantando una lata de algo que parecía Ajax-. Se están adueñando de todo -continuó, sin dejar de mascar lo que tenía en la boca. Volvió la cabeza hacia un lado y luego escupió algo, tal vez tabaco-. Tengo que seguir con esto, al menos darles batalla. -Dirigió la luz hacia un tarro lleno de aquellos bichos-. Les pongo cebo, y en cuanto tengo un momento vengo con este producto. Las muy putas están por todas partes. Un auténtico crimen es lo que pueden hacer. Mira ahí.
Se incorporó. Me cogió del brazo y me llevó hasta los rosales. Me mostró los pequeños agujeros en las hojas.
-Babosa -repitió -. Mires donde mires de noche. Les pongo cebo y luego salgo y las atrapo -volvió a explicar -. Un invento horrible, las babosas. Las meto ahí en ese tarro. -Enfocó con la linterna debajo de los rosales.
Pasó un avión. Imaginé la gente en sus asientos, con el cinturón abrochado, algunos leyendo, otros mirando por las ventanillas el suelo firme.
-Sam -pregunté -. ¿Cómo están todos?
-Muy bien -respondió, y se encogió de hombros.
Siguió mascando lo que estuviera mascando.
-¿Cómo está Clifford? -dijo.
Contesté:
-Igual que siempre.
Sam dijo:
-A veces, cuando salgo a cazar babosas, miro hacia vuestra casa. Desearía que Cliff y yo volviéramos a ser amigos. Mira allí -se interrumpió, y respiró bruscamente -. Ahí tienes una. ¿La ves? Ahí mismo, donde estoy enfocando. -Había dirigido el haz de luz hacia la tierra, debajo del rosal-. Mira esto -señaló Sam.
Me apreté los brazos bajo los pechos y me incliné hacia donde iluminaba la linterna.

(del cuento: “Veía hasta las cosas más minúsculas”)

Calificación: Muy bueno.

Título original: What we talk about when we talk about love
Editorial: Anagrama, Barcelona, 1993.
Traducción: Jesús Zulaika
ISBN: 978-84-339-2066-9

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6 comentarios en “De qué hablamos cuando hablamos de amor, Raymond Carver

  1. Me encantaría que el momento de devolución de La Sibila fuera acompañado del préstamo de este libro hacia mi persona, suponiendo que no se trate de un incunable de esos que el amigo Tito o Fito Santullo tiene en la casa (confiado, él) y su amigo LAC le roba a escondidas…
    Es decir: cuando nos veamos capaz que te lo pido!!!

  2. Le participo mi curiosidad por este libro.
    El horizonte de expectativas sobre el tema del amor, me lo trazó Schopenhauer, quien arguye que siendo el Amor el tema predilecto para pintar en la literatura en todos sus géneros: “Todas esas obras no son en el fondo sino descripciones variadas y más o menos desarrolladas de esta pasión.” Es decir, ninguna define al amor, sólo lo describen. Y le cuento que con respecto al tema del Amor en la literatura he venido comprobando tal argumento de Schopenahuer.
    Mi curiosidad sobre esta obra -que ud muy bien reseña- es saber si rompe tal precepto.
    Un abrazo.
    Yo

  3. Fue un libro.. es un libro que me enamoró y me desenamoró del amor. Me llenó de ganas, me excitó, me desorientó, me dijo lo que podemos describir, como dice el lector Leo, de lo que es el amor. Podremos describirlo, y de mil y un maneras, pero nunca nadie va a hablarnos de amor. Esencialmente de amor. Solamente tratará de describir lo que se siente. Es mi humilde opinión y sepan que solamente soy una simple lectora.

  4. Leo esta reseña otra vez, después de mucho tiempo de publicada… Acudí a ella luego de revisitar el libro por asuntos de trabajo, ya un poco olvidado de lo que habías dicho. “Visor” es un cuento espléndido, y el que elegí antes de entrar al blog. Coincidencias…
    Y una bella reseña, además.

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