El doctor Fischer de Ginebra, Graham Greene

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Greene

Se trata de una novela extrañísima tanto por la trama como por determinados aspectos de la historia. El doctor Fischer es el millonario inventor de un dentífrico. En realidad inventar tal cosa fue lo único que hizo en su vida y los millones que posee derivan de tal suceso. Su hija, Anna Luise, lo odia sin reparos debido a una infancia desgraciada y a la intuición de que ha sido su padre quien ha llevado a la muerte a su madre. Aquí es donde entra Mr. Jones, un cincuentón manco y frustrado de quien Anna se enamora y con quien decide casarse. Cabe aclarar aquí que este perfil de personaje es el favorito del autor. Esta afirmación temeraria me corresponde por completo y surge del hecho de que las tres novelas que he leído del autor (The honorary consul, El tercer hombre y El doctor…) están protagonizadas (y en este último caso, narrada) por un sujeto de estas características (sacando la circunstancial falta de mano de Mr. Jones, que es un lindo agregado).

Pero volvamos al doctor Fischer… Y es que el hombre gasta su varias veces millonaria fortuna en un pasatiempo espectacular: organiza fiestas y ágapes para ciertos conocidos tan millonarios como él (amigos no porque él mismo niega esa posibilidad) donde los humilla de comienzo a fin para después darles en recompensa un costoso regalo que ellos mismos podrían comprarse sin mayor problema. Fischer llama a esto “el experimento”, pues su objetivo es ver hasta dónde puede la avaricia conducir a estos “mafiosos”, como los denomina Anna. La cuestión se complica previsiblemente hacia el final, cuando el mismísimo Jones, que también lo odia, pasa a formar parte de este grupo macabro.

Sólo agregaré una cosa: el amor en varias de sus formas está presente a todo lo largo de la novela y, finalmente, cuando ocurra la tragedia, será el motor sobre el que avance la aventura.

Es además una notable lectura de suspenso. Recomiendo mucho la lectura de Graham Greene, con resultados garantizados.

-Su madre era idéntica a ella, a su edad –comentó.
-Fue eso lo que le causó a usted la conmoción.
-Al principio creí que eran imaginaciones mías. Años después de muerta ella, seguía buscando parecidos en los rostros de otras mujeres, hasta que en algún momento abandoné la búsqueda. Pero esta mañana mencionó usted el nombre de él. Sigue vivo, supongo. De no ser así, de seguro me hubiera enterado por los periódicos. Aquí en Suiza siempre traen necrológicas de los millonarios. Habiéndose casado con su hija, tiene usted que conocerle.
-Sólo lo he visto en dos ocasiones, y me basta.
-¿No es usted amigo suyo?
-No.

Calificación: Muy bueno (ah… ¡el eterno entusiasta!)
Título original: Doctor Fischer of Geneva, or the bomb party (1980).
Traducción: Antonio Samons
Editorial: Emecé, Buenos Aires, Colección: grandes novelistas, 19??  189 págs.

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7 comentarios en “El doctor Fischer de Ginebra, Graham Greene

  1. Che, ahora que lo pienso, en inglés, el título de este libro me hace acordar a la película de Kubrick: “Dr. Insólito, o de cómo aprendí a no preocuparme y amar la bomba”…
    Tiene algo, más que algo, ¿no? Ja…

  2. Además…

    “(…) están protagonizadas (y en este último caso, narrada) por un sujeto de estas características (sacando la circunstancial falta de mano de Mr. Jones, que es un lindo agregado).
    ¿Te diste cuenta que metiste una frase muy borgiana acá? Digo, por lo irónica, jaa…

    Y, claro, ¡un grande, Graham!
    Abrazo grande.

  3. Vos estás como Rosario Peyrou con Eldor, DGB… es todo involuntario. En cuanto a lo que decía de la película, ¿de qué año es? ¿No tendrá algo que ver? Hay que rastrear… Jones en realidad llega a amar esa bomba…
    Un gran abrazo

  4. Pedro… no dudo de la calidad del libro de Greene -faltaba más-, el tema es que se me ocurrió un mote ideal para vos, algo así como un homenaje a la historieta argentina: El etersiasta. Ese sos vos.

  5. Pedro: malas nuevas. Yo ya las pagué, es más, la vida se dio cuenta de que me cobró por anticipado y de más, así que me dio una cuponera y puedo ir “haciendo de las mías” hasta que la deuda quede saldada. Ña ña ña ña…

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