Seis pares de zapatos, Alfredo Gravina

Alfredo Gravina
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Ya visto a sí mismo como un militante del partido Comunista, como un defensor a través de su actividad perodística de los derechos de los desposeídos, Alfredo Gravina (Tacuarembó, 1913 – Montevideo, 1995) publica en 1964 la novela breve “Seis pares de zapatos”, narración en la que vuelve de forma más explícita (a través de la sátira se ha afirmado [Juan Justino da Rosa]) a la crítica social o de lucha de clases que se veía en sus novelas de los ’40 y de los ’50, vapuleadas en varias oportunidades por los críticos del ’45. (Adivinen principalmente quién… ¡Taránnnn!… Emir Rodríguez Monegal…).
“Seis pares de zapatos” está narrada por su protagonista, un padre de familia proletario puesto en la encrucijada de tener que proveer de calzado nada más ni nada menos que al mismo tiempo a su mujer y a sus cuatro hijos, además de a sí mismo. La coincidencia curiosa de que los calzados de todos los miembros de la familia se hayan desgastado “a la par” lleva a la generación de un recurso mediante el cual el padre de familia, ahogado por los préstamos y las cuotas, intenta que los nuevos zapatos sufran el menor desgaste posible: el adosamiento de sendos patines.
Esto de los patines, esta obligación del padre de familia de que todos en la casa comiencen a usar los zapatos con patines al salir a la calle, funciona como un “ready-made”, casi. Es decir, la inserción de un elemento extraño al contexto en el que se ambienta la historia y que a partir de su extrañeza pasa a revelar de un modo más visible las problemáticas de ese mundo y las preocupaciones y los deseos de los personajes.
Pero la narración, en cambio, no se vuelve mucho más interesante por el hecho de que los personajes resistan la crisis económica apelando al “patinismo”. Eso que podría haber detonado algo realmente satírico o disparatado, en realidad se queda en un elemento perfectamente intercambiable por cualquier otro. Da lo mismo que hubieran sido patines, o libros de autores soviéticos o media docena de AK-47. El argumento se limita a cumplir un esquema esperable de las vicisitudes naturales de toda militancia: a) situación penosa; b) reacción ingeniosa; c) primeras reacciones del poder opresor; d) desajustes en la militancia, impacto de lo reaccionario; e) ¿apoteosis? ¿desilusión?…
A Gravina no le cuesta mucho demostrar que tiene eso llamado “buen pulso” narrativo; incluso las descripciones de los policías y sus diálogos son buenas y convincentes. Pero falta algo, falta eso que te arrebata y te hace padecer las cosas tanto como los personajes, y no como si uno se sintiera un espectador algo curioso y alejado asomándose con el cuello un poco estirado para entender de qué se trata todo ese lío que se está produciendo allá abajo.

La lucha se trabó a vida o muerte. Nosotros confiábamos en nuestras fuerzas y reservas morales y preveíamos el triunfo. Por desgracia, echamos de ver que, para escarnio de la patria, el aparato del Estado, incluída muchas veces la Justicia, se ponía de parte de los maleantes y en contra de quienes, como honestos y libres ciudadanos, habíamos ideado y puesto en práctica un método eficiente y creador para combatir la carestía, que nos trituraba y estrujaba como una boa enroscada en torno a nuestro cuerpo, asfixiándonos y conduciéndonos a la extinción, cosa que desde ningún punto de vista estábamos dispuestos a consentir. Por lo contrario, nuestra dignidad herida, nuestro orgullo pisoteado y nuestro violento pasaje de la pobreza a la miseria incrementaron la rebeldía que nos animaba y excitaron nuestro valor.

Calificación: Regular

Editorial: Signos y Amauta (edición conjunta), Montevideo, 1989.

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3 comentarios en “Seis pares de zapatos, Alfredo Gravina

  1. Pues yo recuerdo haberlo leído hace mucho, mucho tiempo y que me resultara extremadamente gracioso. Quizá conmigo si funcionó su estilo, humor o alcance. Capaz que no soy de paladar exigente tampoco…

  2. Rodolfo: No sé si se trata de paladar exigente, tampoco. Me consta que vos lo tenés, justamente. Se nota en vos a través de tu escritura, incluso. Pero con “Seis pares de zapatos” no me reí. En cierto modo su lecura no me cautivó.
    Ya que estamos hablando de humor… Hubo algo que leí y que me hizo reír sin parar hace poco. No es un cuento humorístico en sí. Es más que eso, es un cuento que me pareció completo. Pero al final me reía tanto… “Man-Man”, de V.S. Naipaul.
    Un abrazo grande.

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