Habitación 510, Richard Ellington

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Ellington

Poco se sabe de Richard Ellington (1914-1980). El sabio señor Google brinda un puñado de escasas imprecisiones biográficas. Al parecer estuvo vinculado al medio radial antes y después de la guerra,  y fue autor de cinco novelas de misterio. Según he podido averiguar, sólo se conocen dos de sus títulos traducidos al español. Hace tres años me salió al paso “Era un asesinato” en una edición extrañísima de Planeta: encuadernación gris, con el logo de un búho posado sobre una rama primaveral, y una luna llena que se asoma sobre la derecha como insinuando un misterio. Disfruté mucho de esa novela pero, como es lógico, la trama tenía tantas idas y vueltas que terminó por ser una marca leve en la memoria.

“Habitación 510” pertenece a la misma editorial siniestra, rara, inquietante. Esta edición en particular no escatima en errores tipográficos -haría falta un apéndice de fe de erratas-, pero la prosa es clara, simple y divertida como el chorrito de una fuente. No tenemos tiempo ni ganas de reparar en los errores. Pocas veces leí un libro más trepidante. Ellington conoce las reglas del género, y las esgrime con versatilidad y eficiencia. Sabe cuándo describir, cuándo empujar a los personajes, cuándo retardar una acción y cuándo insertar un movimiento brusco en el engranaje aceitado de su relojería.

El protagonista, como en todas las otras novelas del autor, es Steve Drake: clásico detective en decadencia, pobre, adepto a la bebida y moralmente correcto. Comienza la historia cuando el Sr. Lowe, doctor en psiquiatría, lo contrata para que custodie a una de sus pacientes, la señorita Mary, sobrina de un importante hombre de negocios y que, según parece, sufre de epilepsia y ha sido involucrada en un misterioso asesinato dos años atrás. La cosa, si suena entreverada, se vuelve una maraña en pocos capítulos. Y es que si algo nos enseñan las novelas policiales, es a desconfiar hasta de la propia sombra.

Todo esto ambientado en la víspera de navidad. Se garantizan persecuciones, chantajes, tiros, mentiras, desencuentros y coincidencias. Lejos de ser un libro revolucionario que nos revela alguno de los misterios del mundo o nos deja mirando el techo por un buen rato, este nos promete una jornada entretenida. Y cumple.

Dejo una cita que considero notable por la reacción contradictoria que promueve en el lector. El narrador describe nada menos que el hallazgo de un cadáver, y lo hace de un modo tan especial que logra arrancarnos cuando menos una sonrisa. Me resulta simpático el uso de los signos de exclamación al final. ¡Sensación pura!

Estaba muy quieta. Le puse una mano en el hombro y la sacudí con fuerza; los resultados fueron los mismos que si hubiera querido mover el Puente de Brooklin o hubiera intentado hablar con Jorge Washington. Cuando la sacudí, el rubio cabello dejó el cuello al aire y la cabeza giró hacia mí. Tenía los ojos desorbitados y fijos, la boca también estaba abierta, y la lengua asomaba un poco entre los dientes. Alrededor del cuello tenía una huella rojiza. ¡Mrs Doyle, la de la cara de víbora y las piernas bonitas, estaba muerta!

Calificación: Bueno.

Título original: Shoot the Works

Traducción: M. C. y J. P. F. (sí, así aparecen identificados)

Editorial Planeta, 1953, Barcelona (191 pág.)

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3 comentarios en “Habitación 510, Richard Ellington

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