La vida en las ventanas, Andrés Neuman

Andrés Neuman
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Net es un joven inseguro que se regodea en su  propia alienación electrónica. Se pasa la vida mirando el universo a través de las ventanas de Windows y escribiendo mails a Marina, su antigua novia. Estas cartas, vale decirlo, nunca son respondidas; lo que hace de esta progresión de misivas una suerte de monólogo fáustico que invita a ser seguido de cerca. Poco a poco Net va dando cuenta de su días, y creo que ningún lector del siglo XXI puede permanecer ajeno a un contexto de tal naturaleza. Su hermana tiene un nuevo novio y su padre está celoso, aunque no deja de ausentarse de casa por asuntos laborales. Su madre se muestra reacia al trato y se entretiene regando los geranios del balcón y ensayando cócteles de pastillas. Net, mientras tanto, visita esporádicamente a Xavi, un viejo amigo de la facultad, y procura rehacer su vida junto a Cintia, una morocha infernal que odia las rosas y cada tanto hace de guía turístico.

Esta es la posición inicial de las fichas, y desde ese lugar comienzan a moverse sobre el tablero. Pero hay algo curioso en esta novela: en ningún momento esas fichas demuestran un plan, una estrategia, el bosquejo de un propósito. Tal vez sí lo hacen, pero de un modo tan insensible o desinteresando que no convence del todo… Los personajes están como resignados a su nada, demasiado plegados sobre sí mismos como para ensayar alguna solución. Cada movimiento de esta partida se propone nada más que la mera consecución del juego. Estas fichas parecen formar parte de un ajedrez de principiantes, donde únicamente se ensayan los movimientos y la discordia de los opuestos queda como atenuada. Quiero decir: las peleas en el seno del hogar, por ejemplo, causan un lógico dolor; pero ese dolor se asume aquí de un modo natural. Nadie intenta decir o hacer algo para cambiar el esquema. Nadie se atreve a poner el cambio y pisar el pedal. Vivir en las ventanas consiste en mirar con el freno de mano puesto.

Es este el tópico que sobrevuela las cartas de Net: en una era donde proliferan los medios de comunicación, el flagelo dominante es el silencio. Hay muchas maneras de decir, pero cada vez menos para decir.

Neuman es un joven narrador que promete. En una novela donde la acción es un factor esquivo –y esquivado-, logra desplegar una mirada interesante, creativa y con intensidad verbal. No en balde le fue otorgado el último Premio Alfaguara de novela. “La vida en las ventanas”, por cierto, quedó Finalista en el Premio Primavera 2002. A un paso de Juan José Millás.

Para estos casos, Paula necesitaría más bien una hermana con quien poder hablar. Claro que de mí podría decirse otro tanto: necesito una hermana. Otra distinta. Y es curioso, porque mi padre necesitaría una mujer, y resulta que a mi madre le haría falta un marido. Todos necesitamos, aproximadamente, lo que ya tenemos.

Calificación: Muy bueno.

Editorial Espasa Calpe, 2002, España (199 pág).

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6 comentarios en “La vida en las ventanas, Andrés Neuman

  1. Leo… recién hoy leí entera la reseña… La verdad es que se me ponen los pelos de punta cuando veo una declaración como esta: “donde la acción es un factor esquivo –y esquivado-“. Si le sumo a eso el hecho de que la cita me parece más bien sosa… ya me temo yo que “el prometedor Mr. Neuman” se queda sin un lector para esta novela, al menos. Un abrazo.

  2. Yo todavía me lo debo a Neuman. Quiero leer principalmente su novela premiada en el Alfaguara. Pero me pasó una cosa leyendo la reseña: no encontré mucha vinculación, Leo, entre tu opinión y el “muy bueno” que le pusiste.
    Un abrazo.

    PD: Siempre que escucho o leo sobre Neuman me cae encima esa frase de Roberto Bolaño que dice que la literarura en lengua española del siglo XXI va a ser de Neuman y de algunos pocos hermanos de su sangre (o algo así)… Me da cosa… ¿Quién quiere estar en sus zapatos?

  3. Gracias por comentar, estimados.

    Leo: entiendo perfectamente tu preocupación. Precisamente por su carácter epistolar, esta novela se ve forzada a referir las acciones de un modo general. Neuman toma ciertas acciones, las comenta levemente y a partir de allí despliega una voz más íntima, más reflexiva, para dar cuenta de la cosmovisión particular de Net. De otro modo, se rayaría en la inverosimilitud. La carta es un formato que colinda más con el desvarío filosófico que con el lirismo, por ejemplo, o con la narración detallada. Lo que me pareció interesante fue la manera en que Neuman encuentra la vuelta para enriquecer ese formato. Es decir: la novela no me aburrió.
    Ja, y te doy la razón con lo de la cita. Toda la prosa de este libro es así, un poco sosa, directa.

    Damián: vos también tenés razón. Creo que fui indulgente de más. Por algo los alumnos me quieren tanto. Je.
    En cuanto a lo de Bolaño, creo que su opinión, como toda sentencia, cae en lo hiperbólico. ¿Te acordás lo que dijo Borges sobre “La invención de Morel”? No lo recuerdo textual, pero era algo como “No sería exagerado catalogarla de perfecta”. ¡Se fue al carajo el viejo!

    Mi mejor abrazo para todos.

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