Caminhos cruzados, Erico Verissimo

Caminhos Cruzados é evidentemente um livro de protesto que marca a inconformidade do romancista ante as desigualdades, injustiças e absurdos da sociedade burguesa. Não é, pois, de admirar que seu autor tenha sido desde logo apontado por críticos e leitores primários como um agente da propaganda comunista.
O sucesso de crítica da presente obra, entretanto, foi bastante animador, embora o de venda no primeiro ano fosse apenas medíocre. O romance foi discutido com certo calor e a Fundação Graça Aranha conferiu-lhe em 1935 seu prêmio literário anual. O poeta que escrevera Clarissa estava um tanto perplexo em face do caricaturista que traçara a carvão e sarcasmo retratos como os de Dodó, Leitão Leiria e Armênio Albuquerque.
Entre a inocência menineira de Clarissa e a malícia de Chinita havia um abismo. Sim, João Benévolo tinha um pouco de Amaro, e Fernanda poderia tornar-se amiga e confidente de Clarissa, caso viessem um dia a encontrar-se.
Clarissa e Caminhos Cruzados não pareciam livros escritos pelo mesmo autor. Se no primeiro havia um exagero de luz, talvez houvesse no segundo um exceso de sombra. Para evitar as armadilhas da poesia e da ternura, o autor havia caído nos alçapões do cinismo e da impiedade.

Erico Verissimo
*****

En el prefacio de la edición de 1964, veintinueve años después de la primera publicación, Erico Verissimo le ahorra el trabajo al reseñista, al tiempo que muestra el nivel de autocrítica que tiene acerca de su obra, amén de la capacidad para producir textos de tono tan lejano. Si en Clarissa prevalecía lo descriptivo, al punto de que la narración parecía no existir, en Caminhos Cruzados la acción es la que manda, sin desdeñar nunca la pintura de los personajes y sus entornos, con el trazo grueso de la caricatura que declara el propio autor. Son estereotipados pero lo son premeditadamente. El problema, me parece, es cuando la simplificación ocurre por incapacidad del que escribe.

Es una novela de personajes, que se van definiendo por sus acciones y por contraste. Se muestran los extremos de la escala social que, como dice el título, se cruzan. Algunas de las notas que suenan más fuerte son el derroche, la abulia, la enfermedad, la hipocresía, la evasión, la muerte o el sexo. También están la generosidad y la inocencia, pero medio arrinconadas. Éstas se encuentran distribuidas entre todos los protagonistas, sí, todos lo son y todos están bajo la lupa del narrador omnisciente que les sabe los pensamientos, sentimientos y desvaríos. Sin mediar distancias, uno puede pasar de apiadarse de la desgracia de un desempleado abúlico a enojarse con la estupidez de una mujer rica o a reírse de la distorsionada visión de la realidad que tiene el profesor Clarimundo (acabo de darme cuenta de que jugó con el concepto de claridad en el nombre, igual que hizo con Clarissa). Los capítulos cortitos contribuyen a la agilidad de la lectura, que se convierte en un embudo a medida que se va acercando uno a la última página y que abarcan un tiempo que va desde el sábado al miércoles saltando todo el tiempo de un lugar a otro, de una subjetividad a otra.

Dejo para el final la discrepancia con el autor. Dijo en el prefacio que los dos libros parecen compuestos por escritores diferentes y yo sostengo que, si bien es verdad que son bien distintos y el segundo me gustó mucho más, hay un hilo conductor, una línea negra y colorida con la que se cosen las ideas: el lenguaje. Aparecen de nuevo la ductilidad y la eficiencia. Brilla también el color a paleta llena (incluyo la pintura de la oscuridad). Se podría citar como un agregado la sensualidad irreprochable. Hay una riqueza que (qué pesado, siempre estoy pensando eso) hace de una probable traducción un laburo arduo y condenado a llegar lejos del original. Se puede sentir incluso la voz gaúcha.

La próxima vez que vaya a Pelotas o a Porto Alegre peinaré los sebos (librerías de usados) en busca de otros libros de Erico, que ya es mi ídolo. Y dicen que la trilogía “O tempo e o vento” es lo mejor.
Así empieza:

Madrugada –a cerração empresta à Travessa das Acácias um mistério de cidade submersa. A ruazinha de subúrbio se desfigura. A luz dos combustores, que a névoa embaça, sugere vagos monstros submarinos. As árvores que debruam as calçadas são como blocos compactos de algas. Todas as formas parecem diluídas.
Cinco horas da manhã.
Que peixe estranho é aquele que lá vem?
A carroça do padeiro passa estrondando, fazendo tremer a quietude da cidade afundada; mas um instante depois o seu vulto e o seu ruído se dissolvem de novo na cerração.

Calificación: Excelente.
Editora Globo (Brasil, 1995), trigésima edición
Primera edición: 1935
ISBN: 85-250-0058-2

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7 comentarios en “Caminhos cruzados, Erico Verissimo

  1. Traducciones:

    Caminos Cruzados es evidentemente un libro de protesta que marca la disconformidad del novelista frente a las desigualdades, injusticias y absurdos de la sociedad burguesa. No es, pues, de admirar que su autor haya sido desde luego señalado por críticos y lectores primarios como un agente de la propaganda comunista.
    El éxito de crítica de la presente obra, en tanto, fue bastante alentador, aunque el del venta el primer año fuera sólo mediocre. La novela fue discutida con cierto calor y la Fundação Graça Aranha le confirió en 1935 su premio literario anual. El poeta que había escrito Clarissa estaba un tanto perplejo frente al caricaturista que había trazado a carbón y sarcasmo retratos como los de Dodó, Leitão Leiria y Armênio Albuquerque.
    Clarissa y Caminos Cruzados no parecían libros escritos por el mismo autor. Si en el primero había una exageración en la luz, tal vez hubiera en el segundo un exceso de sombra. Para evitar las trampas de la poesía y de la ternura, el autor había caído en la emboscada del cinismo y de la impiedad.
    (N. del T.: me he permitido libertades en el pasaje del portugués. En el último párrafo, “armadilha” y “alçapão” se traducirían ambas como “trampa”. La primera es la trampa propiamente dicha y la segunda es una de esas puertas que se te cierran arriba, una puerta trampa)

    Madrugada, la cerrazón le confiere a la Travessa das Acácias un misterio de ciudad sumergida. La callecita del suburbio se desfigura. La luz de los combustores, que la niebla opaca, sugiere vagos monstruos submarinos. Los árboles que ornan las veredas son como bloques compactos de algas. Todas las formas parecen diluidas.
    Cinco de la mañana.
    ¿Qué pez extraño es aquel que allá viene?
    La carroza del panadero pasa en un estruendo, haciendo temblar la quietud de la ciudad hundida; pero un instante después su bulto y su ruido se disuelven de nuevo en la cerrazón.

  2. Me interesa, Nacho, que me aclares este punto: “Son estereotipados pero lo son premeditadamente”. Si la estereotipación es deliberada, digamos, entonces está justificada y llega a ser arte, eso es lo que entiendo, por ahora.

  3. Esto me vuelve a interesar una vez más en Verissimo. Gracias, Nacho.
    Además, me pareció interesante que hicieras una lectura primero de “Clarissa” y luego de “Caminhos cruzados”, como viendo el desarrollo de la obra del autor. A menudo me interesan mucho los escritores que pueden cambiar de registro. En realidad me interesa mucho en el arte.

    PD: Lo de Clarimundo, por el nombre y el hecho de ser profesor, me hizo acordar al Pangloss de “Cándido”, de Voltaire. Sólo eso, tampoco la taaaaaaal asociación.

    PD2: Traéte dos “O tempo e o vento” que acá hay cash…

  4. 1- Cambiar de registro para mí equivale a capacidad, a la escritura absoluta.
    2- Ese que todo lo glosa y nada lo conoce. Es verdad, llega a ser arquetípico ese sabio ignorante de la realidad.
    3- ¡Eso es un escritor con cocarda!

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