Amor perdurable, Ian McEwan

McEwan
***

Joe Rose quiso ser científico pero terminó escribiendo artículos sobre ciencia para publicaciones no especializadas. Clarissa, su pareja, es profesora de literatura en la Universidad y acaba de regresar de una investigación en Harvard. Están pasando un día de campo en pleno reencuentro cuando ocurre algo. Ese algo tiene los siguientes participantes: un abuelo y su nieto, dos campesinos, un doctor, un joven fanático religioso y un globo de aire caliente. Y así comienza todo. Luego de ese suceso –que no puedo contar porque es de lo mejor del libro-, las cosas comienzan a –como me gusta decir a mí-: irse de mambo. A partir de un comienzo bastante poderoso e imaginativo, pero en el que McEwan muestra ya ciertos problemitas que se irán repitiendo en su discurso a lo largo de la novela, la historia se desarrolla lo bastante bien como para mantener interesado al lector. Los problemas de los que hablo, sin embargo, tienen que ver con la voz narrativa. El lógico y racional Joe Rose hace esto: pone la película y nos deja ver una escena. Luego la deja en pausa y habla sobre esa escena, la interpreta, hurga en ella, vuelve morosa la narración. Sólo después la película vuelve a ponerse en marcha. En cierto sentido, eso está bien. La construcción del personaje-narrador no depende tanto de lo que nos cuenta, sino de cómo lo hace, y McEwan quiere que Rose diga eso y que lo diga así, pero es justamente por ese modus operandi que esta es una novela muy intermitente, salpicada aquí y allá por referencias científicas y literarias. Para completar: los anexos finales me parecen absolutamente prescindibles. Como si el lector necesitase saber que la historia que acaba de leer acerca de un hombre que padece el síndrome de De Clérambault se basó en una noticia real leída por el autor. No sé, sinceramente me parece que esas 20 páginas finales sobran. De todos modos disfruté la lectura, más allá de estos baches en la ruta.

Lo mejor, además del comienzo: la compra del arma en casa de los hippies Steve, Xan y Daisy, cuando Rose es acompañado por Johnny B. Well; los personajes de los niños Rachael y Leo; y la enumeración a raíz del hallazgo de una antigua agenda. La cita que elegí me parece representativa del modo de pensar de Rose, esa forma de desgranarlo todo hasta que nada importe, o casi.

¿Acaso había una base genética en la creencia religiosa, o era simplemente cómodo tenerla? Si la fe otorgaba cierta supremacía selectiva, sería a través de todo un sinfín de medios y resultaría imposible verificarlo (…) ¿Y si daba fuerza en la adversidad, el privilegio del consuelo, la ocasión de sobrevivir al desastre que podría aplastar a un impío? Quizá aportaba a los creyentes la convicción apasionada, la fuerza bruta de la determinación.

Calificación: Bueno.
Título Original: Enduring love (1997).
Traducción: Benito Gómez Ibáñez.
Editorial: Anagrama, 1998, Barcelona, España.
ISBN: 84-339-0873-1

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4 comentarios en “Amor perdurable, Ian McEwan

  1. Bueno, pero la idea no era pinchar el globo, eh. Es más, me cuidé de no desbaratar ningún detalle crucial de la trama… aunque sé que no lo decías por eso. Respecto a lo de la opinión, es probable… Pero muchas páginas te gustarían, así que adelante. Abrazo.

  2. Leo:

    Tengo una deuda grande con este señor. A veces los ingleses me parecen muy fríos, pero son unos maestros del lenguaje. Nadie puede negarlo. Me diste ganas de leer esta novelita. Lo haré apenas tenga la chance.
    Un abrazo.

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