Verano, Carlos Caillabet

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Daniel Sosa -el joven narrador- lleva el mismo nombre que su padre, y por eso se identifica como Junior. Todo comienza el 4 de noviembre de 1966, cuando al padre lo largan de la cárcel de Punta Carretas. ¿Por qué estaba preso? Esta es una de las preguntas que Junior no deja de repetirse. Hasta el momento toda indagatoria ha sido inútil. Las versiones son tan reticentes como confusas, y apenas coinciden en la presencia de un paquete de dinero cuya ubicación, al parecer, se ha mantenido oculta por muchos años en algún rincón de la memoria de Daniel Sosa. Ese hueco se instala rápidamente con eficacia en la retina del lector, y toca su punto álgido con la aparición de Sin Pen, un viejo guardia de policía que se muestra violentamente interesado por recuperar el paquete.

Todo esto ocurre en medio de la ebullición de las elecciones nacionales, donde los comunistas representan una tímida pero férrea minoría. Este es el componente que, a mi entender, le juega en contra a la novela. Y no cuestiono el componente en sí, sino el manejo que se hace de él por medio de la escritura. El autor en pocas páginas obtiene la carga suficiente de incitación como para interesar al lector, pero pronto ese eje de interés se ve eclipsado por las prolongadas disquisiciones políticas que afectan la mayor parte del libro. Por la manera en que se presentan las cosas, se siente que la trama central irá por el lado del paquete y que la trama secundaria tomará ciertos aspectos del contexto para acrecentar o complementar el efecto de la primera. Sin embargo, ocurre una desproporción entre las secuencias que termina por dar vuelta el orden jerárquico de las historias. Y en ese giro, precisamente, lo vital queda supeditado a lo ideológico. Se me dirá que Caillabet se propuso demostrar cómo la efervescencia política en un barrio marginal puede modificar la mirada de un niño hasta hacerlo incurrir en el crimen, pero la novela no conecta lo suficientemente bien estos aspectos.

Así como aparecen ambientes y climas bien logrados, personajes que ostentan una honesta vitalidad y algunos diálogos que estiran las comisuras; hay también circunstancias importantes que se narran muy tangencialmente, personajes con un claro potencial que se opacan por el torbellino de las vicisitudes y algunos intercambios que se sienten casi innecesarios.

El lenguaje coloquial y la mirada un tanto ingenua y parcializada de la infancia nos remiten sin vacilaciones a la antigua novela del autor, “Otro mundo”, también editada por Banda Oriental. Como lector me hubiera gustado toparme con otro registro. Por otra parte, ese lenguaje tan característico a veces se deja seducir por la literatura y raya en un tono más solemne: distracciones que incomodan y reactivan esa “descreencia” que debiera estar perpetuamente suspendida.

He aquí uno de los diálogos que más me gustó. Junior está con su padre en un boliche cargado de viejos reclusos. Mientras su padre conversa con Sin Pen, uno de los personajes del boliche denominado el Jorobado, le cuenta lo siguiente:

-Como te decía, en un intento de fuga se le escapó un balazo a un policía que se puso nervioso y lo hirió a Sin Pen en el pene. Justo en el pene. Por eso lo jubilaron. ¿Sabés cómo le quedó el pene a Sin Pen?
-No.
-Le quedó colgado de unos hilos de piel.
-¿Colgado?
-Como oís. Colgado de unos hilos de piel.
-¡Mierda!- exclamé.
El Jorobado aprovechó para escupir y ajustarse el nudo de la bufanda. Luego de unos segundos prosiguió:
-Yo vi todo. Una vez reducidos los presos, cuando ya los tenían de jeta en el piso, esposados atrás y con un montón de milicos encima, Sin Pen miró la mancha de sangre en su pantalón… ¿Sabés lo que hizo Sin Pen?
-Ni idea –respondí intrigado.
Nuevo escupitajo debajo de la mesa.
-Sin Pen se bajó los pantalones y cuando su pene en ese estado… lastimoso digamos, disparó un balazo al aire con su Colt 38. Al mismo tiempo, con la otra mano, se arrancó el pito de cuajo. ¿Oíste bien? De cuajo. Lo levantó como un trofeo y se lo tiró a los perros de la policía que lo devoraron en el patio de la cárcel. Y gritó. Vos sabés qué gritó.
-No. No sé.
-“¡Así no me sirve para nada!” gritó Sin Pen cuando arrojó su pene ensangrentado a los perros (…)

Calificación: Regular.
Ediciones de la Banda Oriental, 2010, (126 pág).
Mención de Honor en el concurso “Narradores de la Banda Oriental 2008”.

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2 comentarios en “Verano, Carlos Caillabet

  1. Buena lectura. Mi crítica va por el lado de que no termina de atar los cabos. Se genera una intriga (suspenso) en torno del personaje Sin Pen y el paquete, y la intriga no se resuelve. Esta situación me llevó a pensar la diferencia entre un final abierto y una narración inconclusa. Por lo demás, en lo estrictamente político del enfoque, me pareció un acierto abordar la cuestión (la relación entre carcelero y prisionero como metáfora de una realidad política y social más amplia, nacional quizás) en ese momento, el año 1966. La no conclusión de la novela, a mi entender, implica no desenmarañar (tomar posición) sobre ese conflicto de resonancias actuales. En fin, una buena novela, que queda a medio camino. Saludos.

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