El enano, Pär Lagerkvist

Pär Lagerkvist
***

Mi estatura es de 65 centímetros. Estoy bien conformado, con las proporciones correspondientes, aunque tengo la cabeza un poco grande. El pelo no es negro, como el de los demás, sino colorado y echado hacia atrás de las sienes, y de una frente que más impresiona por lo ancha que por lo alta. Soy lampiño, pero, fuera de eso, mi rostro es como el de cualquiera. Las cejas son espesas. Mi fuerza física es considerable, especialmente si me enfurezco. Cuando se dispuso la lucha entre yo y Josafat, a los veinte minutos lo puse con la espada contra el suelo y lo estrangulé. Desde entonces, aquí no hay más enano que yo.

Así comienza esta aplastante novela del sueco Premio Nóbel de 1951, más conocido por su obra Barrabás (1950). Lo  primero que me interesa rescatar de la obra es su carácter puramente narrativo, ya que está casi totalmente desprovista de diálogos. Es un mérito para cualquier autor escribir una novela que no tenga diálogos y, aún así, sea atrayente su lectura. “El Enano” (1944) logra sin dificultad ese cometido. Toda la narración se mueve en torno a las perspectivas de los sucesos, reflexiones e impresiones del enano de una corte italiana, en pleno Renacimiento. Dichas reflexiones y pensamientos del enano son negativas hacia la raza humana, a la cual jamás logra entender y aceptar. Él parte de que se está hablando de dos razas diferentes al mencionar a las personas y a los enanos.

Luego de presentar a su señor, el príncipe; a la princesa enamorada del odioso Don Ricardo; al maese Bernardo y a otros integrantes de la corte, tan vulgares, insignificantes, hipócritas y “humanos” (según el odio con el que son características las descripciones del enano), el libro comienza a ponerse más intenso: llega la guerra. El enano ama la guerra, a pesar de que no puede participar activamente de ella, debido a las órdenes de su príncipe. El enano jamás pone en tela de juicio a su príncipe y decide acatar su función de sirviente. Aprovecha su condición pasiva para enriquecer sus afanosas sentencias a las pasiones y debilidades humanas. Critica sus miserias con el fervor de alguien que desea ver a una raza morir. La noche en la que el príncipe y Don Ricardo se entretienen con la compañía de dos cortesanas es la escena esencial, a mi parecer, del susodicho odio a la humanidad (y al amor como característica propiamente humana) que el enano escupe en sus palabras. Describe con total repudio el erotismo con el que se relacionan los personajes en ese momento, dentro de la carpa.

Él ya se había dedicado a la escritura desde hacía bastante, debido a su inacción militar. Sin embargo, andaba vestido siempre de armadura. La guerra era el único acto humano que el admiraba y anhelaba.

Una novela abominable, que enfrenta dos mundos: la psicología de un enano y la del mundo humano; al final, siendo tan diferentes pero tan iguales, el enano va cediendo lugar a las características humanas que alguna vez desdeñó.

Les había ofrecido mi vino, y los convidados a las mesas abundantes palidecían y no cambiaban entre ellos más sonrisas, y nadie volvía a alzar su copa para brindar por el amor o para celebrar la dicha de vivir. Mi bebida hacíales olvidar que la vida es dulce y maravillosa. Una bruma se extendía alrededor de ellos, sus ojos se velaban y todo se ensombrecía. Volví hacia la tierra sus antorchas, y las extinguí, e hice la noche. Y los reuní, con sus ojos cegados, en la siniestra comunión nocturna en la que bebieron mi sangre envenenada, la misma que alimenta mi corazón a diario, pero que para ellos significaba la muerte.

Calificación: Bueno
Editorial: Emecé (Grandes Novelistas), Buenos Aires, 1953
Traducción: Fausto de Tezanos Pinto

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9 comentarios en “El enano, Pär Lagerkvist

  1. Hola, Fabián… bienvenido al blog. Esta es una novela muy alegórica, me imagino, aunque no la leí. Pienso en la pequeñez física como evidencia externa de otras pequeñeces que, de acuerdo a las citas, este nefasto personaje ostenta con un orgullo bastante horrible.

  2. Fabián, ¡bienvenido!…
    Como dice Leonardo arriba, esta es, sí, una novela en cierto modo alegórica, igual que “El verdugo”.
    Es una buena novela.
    Va un ***
    Abrazo.

  3. (Es más, esta obra, junto con “El verdugo”, me trae el buen recuerdo del comienzo del verano del ’04/’05, cuando empezamos nuestra amistad con LDL, aunque nos conocíamos de un par de años atrás. Fue el primer libro que él me prestó. Me lo fue a llevar una tórrida y cegadora tarde de diciembre a mi ex-apartamento de la calle Ituzaingó… Ahhh… falta que ponga unos simples de Sinatra ahora, algo que diga tipo: “You must remember this” jaja… Pero los recuerdos son los recuerdos)

  4. Puedo agregar algunos detalles:

    1) La noche anterior habíamos estado hablando de Proust en un local donde, para tu indignación, le ponían queso rallado a la pizza común.
    2) La tarde en que llevé el libro estabas lavando los pisos. Vos siempre tan higiénico…
    3) Escuchamos a The Luthiers…

    Ahora, sobre Lagerkvist… “Barrabás” me pareció un libro muy bueno, y también “El verdugo”. Sé que a Damián le impactó la misma parte que a mí, y me refiero al momento en que alguien toca el filo de una espada y esta lanza un alarido.
    Sin embargo, por cosas del corazón, sigo recodando conmovido la novelita “La eterna sonrisa”, donde el hombre, otra vez, queda por encima de Dios.

  5. LDL: Ja, yo no me acordaba de taaanto… jaja.. Ahora, tampoco recordaba que esa parte de “El verdugo” me había gustado. Ni siquiera recordaba el pasaje en sí. Rara la memoria, ¿no?
    Es extraño lo que me pasa con Lagerkvist. Me parece un buen narrador clásico, pero no llega a tal grado de conmoverme porque en cierto modo no puedo sacarme de encima la pesada carga de su alegorismo, la carga constante de gravedad filosófico-religiosa. Me parece que eso gravita tanto que no puedo dejar de tenerlo presente… Sí me acuerdo de “la historia del molinero”, y esa larga procesión de “La eterna sonrisa” hasta cuando llegan a Dios. Esa llegada a Dios sí que me quedó soldada para siempre, creo… Y eso es bueno.
    Abrazo.

  6. Paaa, no puedo decir nada acerca del queso rallado, de Dios o de Sinatra… Sólo agradecer esta cálida bienvenida y decirles que de ahora en más, todo lo que agarre para leer (incluso un libro de cocina) va a tener su repercusión en el Club de Catadores!!!
    Abrazo!!!!

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