El ángel caído, Howard Fast

Fast
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Prepárense para otro viaje por los estrechos pasillos de una mente perturbada. David Stillman está en una fiesta que celebran sus compañeros de trabajo en un piso quince. Acaba de cortarse la luz, y aunque todavía un crepúsculo suave mantiene el contorno definido de las cosas, se decide a salir de allí lo antes posible. En las escaleras de servicio se encuentra con una mujer misteriosa que lo acompaña en el descenso. Stillman entiende que se trata del amor de su vida. ¿Cómo es posible que se enamore cuando ni siquiera le ha visto la cara? Lo cierto es que al salir del edificio, y luego de haber extraviado a la mujer misteriosa, se topa con el cuerpo de un hombre hundido en el pavimento que, al parecer, acaba de suicidarse lanzándose al vacío. Ese hombre resulta ser Charles Calvin, importante figura política del entorno y a quien nuestro protagonista siente particularmente cercano. Esto lo impacta de un modo peculiar y, como quien no quiere la cosa, Stillman descubre que no tiene memoria. Así como lo oyen: padece una amnesia total que abarca tres años. Sus lazos emocionales se han desdibujado como una monedita que se hunde en el agua hasta perecer en la oscuridad del fondo. No recuerda familiares ni amigos. Está completamente solo. Por esta razón decide recuperar su pasado, y para ello contrata al investigador Caselle.
A partir de aquí se despliegan los caracteres propios del género: una sucesión ordenada y sorpresiva de muertes, persecuciones, alguna balacera, diálogos no exentos de ironía y ansia de certidumbres. Y es que si hay algo que le falta a este libro, son certidumbres. Todo parece contarse con un vidrio esmerilado de por medio. La historia crece en tintes surreales -o más bien de pesadilla- hasta rayar el límite de la tolerancia; y como aquel desafortunado personaje de Kafka, Stillman se encuentra inmerso de un momento a otro y contra su voluntad en una carrera absurda y tal vez infinita. ¿Quiénes lo siguen y por qué? ¿Qué ha sido de su vida en los últimos años? ¿Sus recuerdos son reales o una mera imposición del inconciente para no hacerlo recaer en la locura? ¿Por qué las personas ajenas le resultan familiares? ¿De qué se está escapando?
El carácter sostenido de estas interrogantes hace que la lectura se vuelva un poco incómoda. Bien sabemos que toda novela policial debe ostentar el don de una gran incógnita por sobre todas las cosas, pero para que esa incógnita se mantenga activa es necesario renovarla, es decir, rellenar un costado del abismo para que el lector se atreva a descender un tanto, y recién ahí, tal vez, sorprenderlo a medio camino y descubrir el telón de un abismo todavía más profundo y aterrador. Aquí ocurre todo lo contrario. Cada paso nos mete en una zona todavía más peligrosa del lodazal, y las cosas se resuelven de un modo tan rebuscado como vertiginoso.
Una novela policial que rompe la convención del género y se viste de metafísica. Un viaje que nos pregunta por la memoria y el olvido.

Comprendí poco a poco que ningún ser humano vive solo y que no puede vivir solo. Vive porque su existencia está entretejida en un pedazo de la textura de la vida. Si se lo deja en una isla desierta, le quedarán todavía sus hilachas de memoria y asociación, El pasado y también la posibilidad del futuro. Nada de esto tenía yo. Era un caso único; un caso singular.

Calificación: bueno.
Título original: Fallen Angel
Traducción de Marta Acosta Van Praet).
Editoral Emecé (colección El séptimo Círculo), Buenos Aires, 1967.
Nota: el libro me costó diez pesitos en la feria de Tristán Narvaja.
Nota 2: la foto junto a la de Fast no corresponde a la portada de El ángel caído, sino a Mirage, un film de 1965 dirigido por Edward Dmytryk y con la actuación de Gregory Peck, basado en la novela aquí reseñada.

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6 comentarios en “El ángel caído, Howard Fast

  1. Leo… una verdadera ganga, diríase. Me gustó la reseña y me dieron ganas de hojear el libro, no de leerlo todo, por algún motivo, sino de ir de aquí a allá y ver un poco de refilón esa especie de trama pesadillezca. Una cosa, fijate que el personaje se llama Stillman (traducirlo al no deja de ser sugerente), y pensé también en aquellos Stillmans de La habitación cerrada, que en rigor también es una novela policial con ansias de misterio metafísico -o casi-. ¿Coincidencias? Sí, yo creo que sí. Un abrazo.

  2. LDL: muy linda reseña que te deja como nervioso por leer ese libro. A su vez, mientras te leía me iba diciendo “che, qué buena película se podría hacer con esto”, así que también me dan ganas de ver esa que se hizo.
    LAC: esa escena inicial que relata LDL, la de la confusión-apagón en una fiesta de amigos, ¿no te recuerda algo? Algo literario, digo, para los malpensados.
    Saludos

  3. Eso creo yo… obviamente, es muy burdo, sin embargo tiene algo de poético que un tipo se apellido “todavía hombre”. En el personaje de Auster, por ejemplo, toda la existencia de Peter Stillman casi se trata de una negación de ese rótulo.

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