Tres rosas amarillas, Raymond Carver

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Carver

Hace unas semanas, a propósito de mi comentario sobre “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, de Raymond Carver, un atento lector de este blog me preguntó si yo creía que los relatos de ese libro sostenían determinada teoría o idea sobre el amor. La verdad es que no lo sé, sinceramente. Pero unos días después, leyendo los siete relatos que componen “Tres rosas amarillas”, se me vino a la cabeza la idea de que no sé si se puede decir que los personajes de Carver sean descorazonados, pesimistas… por lo menos eso no. Lo que sí creo es que existe una persistencia en la búsqueda del amor, aún cuando nada parece indicar que el amor va a comparecer. O dicho de otra manera, aunque el amor cause dolor, los personajes de Carver no pueden vivir sin él. No será muy novedoso lo que digo, es cierto. Pero lo que me conmueve de estos relatos, en “Tres rosas amarillas”, son las actitudes de los personajes mientras esperan el amor, si es que llega.
Luego de un comienzo con un par de relatos que puede ser tenido en menos al lado de varios de “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, el libro “Tres rosas amarillas” nos depara una serie final de tres relatos que son excepcionales, pero realmente excepcionales.
El primero de ellos, “El elefante”, es por lejos mi preferido. Creo que mi relato preferido de lo que vengo leyendo de Carver. ¿Vale un impresionismo simple ahora? Cuando terminé de leerlo me sentí tan ahogado, tan asfixiado por la situación del personaje, que me levanté de la cama (quería ya dormirme hasta el día siguiente), me abrigué y salí a caminar hacia el centro de Maldonado. ¿”Impresionismo simple”, dije?… Sí… ¡Pero cómo queda uno! La persistencia de su protagonista, un hombre divorciado que tiene que prestarle dinero a su hermano cuando ya le pasa demasiado en total a su madre, su ex-esposa, su hija y su hijo, esa persistencia ni siquiera ciega, con que va entregando su dinero para los otros, esperando algo más que dinero a la vuelta, es tan avasallante, que es igual a ver a un hombre desesperado, pese a las evidencias, por no querer ser parte de un mecanismo, o el propio mecanismo que activa su situación. La aparición de los sueños (ver texto destacado más abajo), principalmente el que tiene con su padre o el final, nada piroctécnico pero que se le pega a uno como un bicho que busca refugio, no me los voy a olvidar más.
“Caballos en la niebla”, el penúltimo relato, es la historia de un abandono amoroso. Pero el realismo sucio, crudo, a que nos tenía acostumbrados Carver, da acá una vuelta de tuerca, y se cruza con un tipo de imaginación propia de las ficciones de Beckett. Como si no hubiera mejor manera de describir una determinada realidad que mostrando una versión exponencial de la misma (?)…
“Tres rosas amarillas” es un deleite para los amantes de la literaratura rusa, porque aparte de tener como personajes a Chéjov, Máximo Gorki y Lev Tólstoi, es en sí mismo un gran cuento ruso, un texto que asume las responsabilidades de una tradición y juega a su altura. Y también le da al propio Carver la posibilidad de trabajar con una idea de destino humano diferente a la que le ofrece la realidad norteamericana del reverso del Sueño Americano. Y lo hace de forma estupenda. Esas cosas…
Pero nadie que pase por al lado de este libro deje de leer “El elefante”. Por favor…

Una noche, mientras esperaba, tuve un sueño. Dos sueños, más exactamente. En la misma noche. En el primero mi padre estaba vivo y me llevaba montado sobre los hombros. Yo era un niño muy pequeño, de unos cinco o seis años, Súbete arriba, me dijo. Y, cogiéndome de las manos, me alzó en el aire y me montó sobre sus hombros. Estaba a mucha altura del suelo, pero no tenía miedo. Él me sujetaba con fuerza. Los dos nos aferrábamos el uno al otro. Luego echó a andar por la acera. Quité las manos de sus hombros y se las puse alrededor de la frente. No me despeines, dijo. Puedes soltarme. Te tengo bien sujeto. No vas a caerte. Al oírle decir esto, caí en la cuenta de la fuerza con que sus manos asían mis tobillos. Y entonces le solté la frente. Liberé las manos y extendí los brazos a ambos lados. Los mantuve así para mantener el equilibrio. Mi padre siguió andando conmigo sobre los hombros. Yo hacía como si fuera montado en un elefante. No sé adónde íbamos. Quizá a la tienda a comprar algo, o quizá al parque, donde me sentaría en un columpio y se pondría a columpiarme.
Entonces me desperté, me levanté de la cama y fui al baño. Empezaba a amanecer; faltaba sólo una hora para que sonara el despertador. Pensé en hacer café y en vestirme. Pero decidí volver a la cama. No quería dormir. Pensaba quedarme echado un rato, con las manos bajo la nuca, mirando cómo llegaba el alba y quizá pensando un poco en mi padre, en quien no pensaba desde hacía muchos años. Mi padre no ocupaba ya ningún lugar en mi vida, ni en la vigilia ni en el sueño. Bien, el caso es que volví a acostarme.

(del cuento: “El elefante”)

Calificación: Muy bueno

Título original: Los relatos de “Tres rosas amarillas” formaron parte, como “New stories”, de la antología de Raymond Carver “Where I’m calling from” (Atlantic Monthly Press, New York, 1988) y se publicaron como libro unitario en Inglaterra con el título “Elephant and Other Stories” (Collins Harvill, Londres, 1988)
Editorial: Anagrama, Barcelona.
Traducción: Jesús Zulaika
ISBN: 978-84-339-1484-2

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8 comentarios en “Tres rosas amarillas, Raymond Carver

  1. “Tres rosas amarillas” fue un libro recomendado por un amigo, estando en Barcelona pase por la biblioteca y lo lei, me encanto, quede enamorada de Carver. A continuacion un fragmento del cuento “Menudo” que toco lo mas profundo de mi corazon y senti las letras llorar al igual que yo:
    “Cuando Molly y yo crecimos juntos ella era parte de mí y, por supuesto, yo parte de ella. Nos amábamos. Era nuestro destino. También yo lo creía entonces. Pero ahora ya no se en que creer. No estoy quejándome, solo constato un hecho. Ahora estoy inmerso en el vacío. Y he de seguir así. No existe ya destino. Solo hechos sucesivos a los que se les da el sentido que uno cree que tienen. Impulsos y yerros, como el más común de los mortales.”

    Simplemente… HERMOSO.
    Por cierto, me encanto tu reseña.

  2. Gracias por las reseñas y comentarios. Estoy metido en una clase de Narrrativa y nos han pedido que leamos el libro Tres Rosas Amarillas y hagamos una reseña sobre él. Nunca había leído lago de Carver y la verdad es que me ha sorprendido. En ocasiones he sacado la conclusión de que nos está contando sus propias experiencias. Un saludo.

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