La mejor de las fieras humanas, Aldo Mazzucchelli

Mazzucchelli
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¿Qué pasa con Herrera y Reissig? ¿Qué pasa con Uruguay? ¿Por qué en casi ninguna librería de Montevideo se encuentran selecciones de poesía de quien es, sin lugar a duda, uno de los más grandes artífices de la lengua castellana?  Sería fácil hablar una vez más de la ingratitud de Uruguay con sus creadores, mencionar a Mario Levrero pasando hambre en un ranchito de Piriápolis casi literalmente comido por las pulgas, a Felisberto Hernández tocando el piano en cualquier pueblucho de Uruguay o Argentina o pasando entre mediocres y monótonos trabajos de oficina, al autor de “Tertulia lunática” y “Desolación absurda” mendigando “algo de dinero, lo que sea” a sus amigos y enemigos. Porque parecería que Herrera y Reissig no es apreciado como corresponde, que se lo “define” con prisas y se pasa a otro tema o, en todo caso, que se lo amolda a los propios intereses. La generación del 45, por ejemplo, lo terminó de etiquetar como poeta virtuoso, innegablemente, pero ingenuo, reaccionario, torremarfileño, aislado del mundo, recluso en sus propias y acaso quiméricas indagaciones del ritmo, el sonido y la metáfora; “precursor de las vanguardias”, también se ha dicho, como si la obra de Herrera pudiera limitarse a una vaga señal de algo por venir, y podríamos seguir buscando juicios tan o más limitados que estos. La mejor de las fieras humanas, la biografía del poeta escrita por Alzo Mazzucchelli y recientemente publicada por Alfaguara, quiebra una lanza por otro Herrera y Reissig; por el autor no sólo de Los peregrinos de piedra o de Las clepsidras sino también el de Tratado de la imbecilidad del país, un Herrera lúcido ante todo, despierto, provocador, un Herrera acaso tabú. En rigor, ni siquiera es necesaria esta excelente biografía para entender que no era Herrera el habitante de la torre de marfil sino todo su país, un colectivo cultural que se negaba –se niega- a hablarle de frente y a escucharlo; con el Tratado (también editado por Mazzucchelli hace 3 años, y es terrible pensar que la gran mayoría de esos manuscritos de Herrera durmieron en algún archivo de la biblioteca nacional durante décadas sin que nadie los tocara) es más que suficiente, con sus tres o cuatro cartas abiertas o discursos publicados (el “Epílogo Wagneriano a la política de fusión”, por ejemplo), con su “Tertulia lunática”, texto límite de la lengua castellana, al nivel (o por qué no más allá) de Trilce o de Altazor. Que todos los herrerianos levanten su copa por Aldo Mazzucchelli y su La mejor de las fieras humanas. Ya era hora.

“Es más fácil escribir la biografía de un sujeto desconocido que la de uno conocido. Del conocido creemos conocer más, y aunque todo lo que “sepamos” sea una mentira y una mistificación, igual habrá que luchar contra ellas para dar una visión más compleja, más equilibrada y más interesante. Herrera y Reissig es un caso especialmente desgraciado. El imaginario montevideano ha creído saber de él que vivió de espaldas a su pueblo, que no contribuyó ni le interesó la política; que fue meramente un señorito patricio; que sus desplantes eran inventados; que inventar desplantes es algo poco recomendable; o también, que fue desconocido e ignorado en su ciudad hasta que murió; que fue pobre; que fue desgraciado; que fue dominado por De las Carreras; que su vida fue provinciana y que no vale nada (…) (esta) lista, espolvoreada con algunos polvos de verdad, pero agobiante de lugares comunes, es el modo en el que una zona de la mentalidad uruguaya, la parte, precisamente, que Herrera y Reissig fulminó con sus anatemas, se ha cobrado, sin hacerlo deliberadamente, el exceso de lucidez de Herrera y Reissig, un tipo lleno de defectos pero que tenía dos virtudes duras como el diamante: entendía todo y escribía extraordinariamente” (p.470).

Calificación: Muy bueno

Editorial: Taurus, Montevideo, 2010.
ISBN 9789974953741

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9 comentarios en “La mejor de las fieras humanas, Aldo Mazzucchelli

  1. 1 – gracias Ignacio
    2 – y es muy cierto!
    3 – para los interesados, va una hipótesis (medio derivada del libro de Mazzucchelli medio cosecha propia). la lectura desdeñosa de Herrera y Reissig comienza con la polémica con respecto a la beca que se la había otorgado a Florencio Sanchez para viajar a Europa. Amigos de Julio reclamaron “si Sanchez sí por qué Herrera no?”, razonando que se trataba del mayor dramaturgo y el mayor poeta. Una de las respuestas (negativa, claro) se basó en la idea de que a Herrera le hacía falta “bajar a la vida”. Mazzucchelli hace un buen relato de esa polémica, que tambíen puede encontrarse en el artículo “Modernismo versus creacionismo”, de Vicente Granados y Ángeles Estévez, en “Julio Herrera y Reissig: poesía completa y prosas”, colección Archivos, Galaxia Gutemberg
    4 – es sintomático que la referida edición de Herrera para la colección Archivos esté coordinado por una Española (que hizo un gran trabajo, cabe aclarar), y no por una uruguaya o un uruguayo

  2. ¡Qué bueno que hayas leído y reseñado este libro ya, Ramiro! Esto lo digo así, de entrada, apenas visto el post y sin haberlo leído. Desde hace unos días que tengo en la mira este libro. En cuanto a Mazuchelli leí con gusto su prólogo al “Tratado de la imbecilidad…” como el mismo “Tratado de la imbecilidad…”, de Herrera y Reissig.
    Un abrazo y hasta luego.

  3. Impresionante el discurso de Zum Felde (como Aurelio del Hebrón, a los 21 años) en el entierro de Herrera y Reissig. Mazzucchelli acertó al empezar por el final.

  4. Sí, el discurso de Zum Felde fue memorable, y totalmente certero. Cito un fragmento: “Yo sé la frase que está ahora en muchos labios: “reconocemos su talento, pero creemos que su vida ha sido un error” ¡mentira! ¡Lo más grande que ha tenido este hombre es su vida! El talento es cosa que puede discutirse, la originalidad literaria, la propiedad de las ideas, la escuela poética, todo eso es secundario, todo puede ponerse en tela de juicio. Lo que es innegable, lo que es evidente, lo que es absoluto es la grandeza pura de su alma consagrada a la belleza inmortal, y es la belleza de su vida solitaria, orgullosa, erguida en un ambiente de adaptaciones mezquinas, como una rebeldía indomable de la dignidad del pensamiento”
    Lástima que Zum Felde moderara un poco sus opiniones con el paso del tiempo.

  5. Lo que voy a dejar picando para un desarrollo posterior es algo que se desprende del comentario de Magenta reforzado después por Ramiro, y viene a ser esto: es notable la cantidad de pre-literatos jóvenes que alcanzaron una primera fama inicial en el discurso del entierro de otro poeta, escritor, etc. En Uruguay el primer gran caso que apareció me parece que es el de Juan Carlos Gómez en el entierro de Adolfo Berro, ese maravilloso y extrañísimo romántico que defendía negros, muerto a los 21 o 22. Eso mismo es constatado por el ya citado Zum Felde en el Proceso intelectual del Uruguay…
    Pero hay muchos más ejemplos en lo internacional. Habría que rastrearlos sólo por curiosidad.

    saludos

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