Mi siglo, Günther Grass

***
Günther Grass

Uno puede leer –o escribir- cualquier cosa. Venía de leer montes y quebradas. Era de noche. Pasábamos por una estación de servicio a las afueras de Florida y por alguna razón ajena a la reflexión me compré el libro, atraído por la deuda moral que tengo con Grass, ya que en algún momento empecé “El tambor de hojalata” y por algún motivo no lo seguí, pese a la espeluznante del enano que preñaba a una mujer escondido en sus faldas. Este libro prometía la visión de todo el siglo XX por parte del autor alemán (con tintes polacos), o sea, la lectura y la escritura de un siglo. La promesa se cumple, con cien textos breves de temas y formas dispares que leí con atenciones disímiles. Algunos son realmente buenos, mientras que en cuanto a otros debo decir que francamente no lo sé. ¿Por qué? Porque todos los textos –y esto es bueno, ojo- tienen una mirada alemana, desde distintos –muy distintos- puntos de vista y con motivos variopintos. La escasez en tiempos de guerras o el 89, cuando derrumban el muro, pasando por gente de perfil pro nazi o cosas parecidas. Hay filósofos, poetas, amas de casa, cosas que parecen autobiográficas, empresarios, fotógrafos y una señora de más de cien años, la del último texto, el año 2000, cuya historia bien pudo haber vertebrado todo el libro si el ganador del Nóbel se hubiera dispuesto a escribir una novela. Un rato después de leer este último texto, uno de los mejores, pensé que era alegórico. Lo que a veces alejó mi comprensión fue la alusión a situaciones muy locales, a famosos muy de intramuros, a discusiones que son de los alemanes. A pesar de momentáneas desconexiones, queda muy clara la mirada crítica, ácida a veces, siempre con tino a la hora de elegir los personajes y de retratarlos en pocos trazos. Sin dudas, el hombre sabe escribir. Pero yo me quedé afuera de muchas cosas. Hice un promedio a la hora de calificar.

Dicho sea entre nosotros: yo tenía cierto temor a acercarme a aquel judío más de lo necesario. A eso se añadía que, durante el interrogatorio, mostró una entereza sorprendente. A cada una de mis preguntas respondía con versos de poemas, aparentemente suyos, pero también algunos de Shiller: “…y si no arriesgáis la vida…”. Aunque le faltaban varios dientes anteriores, recitaba como si estuviera en un escenario. Por una parte era cómico, pero por otra… sus narices de judío… Y más aún las resquebrajaduras en ambos cristales… Y él, impertérrito, sonreía después de cada cita…

Calificación: bueno

Título original: Mein Jahrhundert

Traducción: Miguel Sáenz

Edición: Punto de lectura, 494 págs.

ISBN: 84-663-0190-9

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9 comentarios en “Mi siglo, Günther Grass

  1. ¡Pedro! ¡qué alegría!
    No sé si feo, pero sí difícil. Está claro que los prerrequisitos importan porque un profesor de historia no dudó en calificarlo de librazo y “papafina”.
    Gran abrazo

  2. Lei el Tambor de Ojalata, me parecio una obra maestra. Mas alla de la vision alemana del asunto, Grass aporta su propia estetica. En cuanto a mi siglo, lo lei a medias, sobre todo porque es una suma de relatos que se conectan solamente por las fechas, mas alla de eso no hay una hilacion que te atrape. A mi modo de ver, el problema de los alemanes es que tienen este enorme peso historico sobre las espaldas, entonces, de una forma u otra, muchos terminan retornando o haciendo alusiones al pasado, incluso ahora, cuando un escritor aleman te presenta un personaje contemporaneo, uno se pregunta: ¿y los padres de este chico, habran sido nazis?. El tema flota de forma explicita o tacita en la cultura alemana, no se pueden deshacer de el, simplemente.

    1. Gracias por la visita.
      Sí, cierto eso de los alemanes. Me pasó también en “Opiniones de un payaso” de Heinrich Böll, donde el personaje sufría de revisionismo. Pasa en “El lector” de Schlink también.
      Gracias por hacerme pensar.
      Nos vemos en la vuelta.

  3. Fe de erratas, jaja, es hojalata, no ojalata. la correccion de textos de la computadora lo mal acostumbra a uno.

    saludos

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