La invención de Morel, Adolfo Bioy Casares

Bioy Casares
*****

Esta novela de 1940, considerada por muchos como la precursora de la “realidad virtual”, me cautivó desde el principio hasta el fin. El mejor amigo de Borges supo plantear un escenario literario  fascinante: una isla. A ella arriba un prófugo de la ley, un hombre que intenta, a través de su ingenio y a pesar de las intensas mareas e inundaciones, establecerse y sobrevivir. Cuando descubre que no está solo en el archipiélago lo invaden un sinfín de sentimientos: inseguridad, curiosidad, miedo y, sobre todas las cosas, amor: se enamora de una de las mujeres que acompaña a los visitantes: una tenista amante de la lectura y de sentarse a ver los atardeceres… Faustine. El ex-convicto comienza una doble aventura: mientras sigue intentando instalarse luchando contra el medio hostil, lucha por conocer la identidad de la mujer y entablar una relación con ella. Pero todos sus intentos fracasan. Cuando se da lugar la verdad, como una especie de anagnórisis, el lector puede atar cabos y entender a fondo los porqués de muchas cosas que, al principio y apenas avanzada la novela, habían quedado confusas. Lo que sí sabemos desde siempre es que:

El pretexto es que ahora mis actos me llevan a uno de mis tres porvenires: la compañía de la mujer, la soledad (…), la horrorosa justicia.

Uno de los dilemas que cualquier lector no inocente encuentra al terminar de leer el libro es el tema de los personajes. ¿Cuántos personajes hay realmente? ¿Luego de saberse la verdad, no cabe plantear que hay un solo personaje? ¿No son actantes todos los demás, ya que su conciencia está predeterminada y, por lo tanto, en el tiempo del relato, no existe?
Queda abierta la cuestión… He aquí un fragmento que detalla el problema fundamental de la obra. La incapacidad de relación entre el único personaje existente y los demás…

La eternidad rotativa puede parecer atroz al espectador; es satisfactoria para sus individuos. Libres de malas noticias y de enfermedades, viven siempre como si fuera la primera vez, sin recordar las anteriores. Además, con las interrupciones impuestas por el régimen de las mareas, la repetición no es implacable. Acostumbrado a ver una vida que se repite, encuentro la mía irreparablemente casual.

Calificación: Excelente
Editorial: Emecé, Buenos Aires, 2005
ISBN: 950-04-2683-8

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10 comentarios en “La invención de Morel, Adolfo Bioy Casares

  1. Es una gran novela o nouvelle, pero creo que está un poco sobrevalorada en cuanto “piedra fundacional” de la ciencia ficción rioplatense -o, más en generalidad, de la “literatura fantástica” de esta parte del mundo. Siempre me pareció un buen cuento de fantasmas vagamente “tecnologizado”. No lo digo en desmedro de sus virtudes literarias, por supuesto; ABC es un narrador sobrenatural.
    En cuanto a la polémica sobre la “realidad virtual”, yo jugaría la carta de “Las ruinas circulares”, que es de 1940 (“La invención es, creo, del 41); y, como acto fundacional, los cuentos “El jardín de senderos que se bifurcan” y “Examen de la obra de Herbert Quain” tienen elementos más “fértiles” -creo- en cuanto CF que “La invención”.

  2. Sí, puede que tengas razón. Igualmente no fue lo que más valoré de la novela el hecho de ser posible “piedra fundacional” de la CF o no, sino que lo que me interesó mucho fue la forma en la que Bioy desarrolla la trama para que uno no sospeche jamás de la falta de “verdad” en los hechos (salvo por la presencia de los dos soles), al menos hasta pasada la mitad del relato.

    ¡Saludos, Ramiro!

  3. La leí hace poco por primera vez. Aparte de que Bioy escribe como los dioses, con una falsa simplicidad, me puso muy nerviosa, demasiado nerviosa, diré. Ya soy ansiosa de por sí, y el hecho de no entender nada de lo que estaba pasando y de sentirme tan profundamente desoncertada y hasta claustrofóbica, me dio tanta ansiedad que hasta tuve que tomarme un tranquilizante 🙂 En serio… Es interesante destacar cómo el narrador no juega con el lector, porque lo que el narrador sabe es lo que nosotros sabemos, y lo vamos descubriendo al mismo tiempo. No está “ocultándonos” algo, y eso para mí contribuye a esa desesperación que transmite.

    Aca estoy, frente al puente donde Dante conoció a Beatrice (o eso me dijeron, tal vez no sea cierto). ¡Saludos!

    F

  4. ¿Tranquilizantes? ¡Eso es vivir la literatura, jaja!
    Es cierto eso del narrador, no es un narrador que dice las cosas pero “de cuyo nombre no quiere acordarse”…
    ¿Dante conoció a Beatrice en un puente? ¿Alguno de ellos se estaría por suicidar y el otro le salvó la vida?
    Saludos!!
    A.A

  5. Fernandaaaaaaa!!!!!! Un pedido urgenteeeeee antes que te vayas de ahíiiiiiiii: NECESITO UNA FOTO DE ESE PUENTE. La anécdota puede llegar a ser equívoca, pero hace poco leí La vida nueva, de Alighieri, y allí se alude a la cosa. Por favor, si me conseguís una foto actual te lo agradezco en el alma!!!
    Es para utilizar en el liceo.

  6. Me dijo eso la dueña del hostal, que Dante la vio en el Ponte alle Grazie, que está aquí enfrente, pero hoy caminando encontramos la casa de Dante y a unos pocos metros una iglesia diminuta y muy poco llamativa, donde está de hecho la tumba de Beatrice. Hay dos canastos enormes junto a la tumba llenos de papelitos con mensajes de la gente en todos los idiomas. En esa capilla, dice el cartel, Dante conoció a Beatrice y también se casó con su esposa Gemma.

    Pedro, quedate tranquilo que saco fotos del puente, sea o no apócrifo. De la casa de Dante ya saqué, de la iglesia sólo del cartel porque adentro no se puede sacar. Te mando todo!

    Abrazo,

    F

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