Carta a Cristina de Lorena, Galileo Galilei

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Galilei

Se trata en realidad de una serie de cartas de las cuales la principal y más extensa es la que da título al libro. Dicha correspondencia ha sido escrita por Galileo entre 1615 y 1616 y enviada a varios clérigos de importancia y a la susodicha Cristina. El leit motiv es la fundamentación de la obra copernicana que, en tiempos de Galilei, amaga con ser considerada herética. El autor, fiel defensor de un maestro al que admira más que a nadie, se las ve negras para intentar cambiar la opinión de ciertos obispos y cardenales dominicos preocupados por la aseveración copernicana de que la Tierra se mueve y gira en torno al sol, en flagrante contradicción con relevantes pasajes de las sagradas escrituras.

Las cartas, en su cuestión formal, revelan a un científico preocupado por parecer respetuoso a la hora de los saludos (besa manos de cardenales varios, saluda a los abrazos con vehemencia, dice que todos son respetabilísimos señores, amadísimos de él, muy superiores señorías, etc.) pero implacable a la hora de la crítica. Galileo es además un muy buen escritor que piensa cosas claras y entonces puede hacerlas aparecer como simples aunque en realidad no lo sean. Para probar las intuiciones de Copérnico él ha debido complejizar las observaciones y los análisis de los desplazamientos de varios cuerpos celestes tales como Marte, Venus o los entonces recién descubiertos (por él mismo) satélites de Júpiter. Por tanto, su tono no esconde cierta soberbia, que en el fondo es lo que terminará precipitándolo quince o veinte años más tarde.

Finalmente digamos que Galileo, tan inteligente como fue, es el mismo artífice de su desgracia moral: cuando se pone a filosofar sobre las sagradas escrituras y las opiniones de algunos de los padres de la Iglesia (siempre tropeadas hacia cualquier interpretación que convenga al interesado de turno) –siendo San Agustín el favorito- le entrega las armas a sus enemigos. Y se las entrega bien afiladas. Cuidadoso lector de textos religiosos e interpretativos, nada puede hacer contra los que han ido mucho más allá.

Si para suprimir del mundo esta opinión y doctrina bastase con cerrar la boca a uno solo, como tal vez se creen aquellos que, midiendo los juicios de los demás con el suyo propio, les parece imposible que tal opinión pueda permanecer y encontrar seguidores, eso sería facilísimo el hacerlo. Pero las cosas son de muy distinta forma, porque para llevar a cabo una tal decisión sería necesario prohibir no sólo el libro de Copérnico y los escritos de sus seguidores, sino que sería necesario prohibir por completo toda la ciencia de la astronomía e incluso más, prohibir a los hombres mirar hacia el cielo…

Calificación: Muy bueno

Editorial: Altaza, Barcelona, 1998
Traducción: Moisés González
ISBN: 84-487-0177-1

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