Demian, Hermann Hesse

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Hesse

Decía Machado que lo original es aquello que todo el mundo sabe, sin saber que lo sabe. Lo original, entonces, no proviene del exterior. Es como un impulso que penetra en nosotros y dentro retira el velo de una antigua verdad que ha estado esperando, tensa y reposada, para un día arrojar su verdadera luz.
He aquí un libro original y colmado de respuestas. Uno lo lee interrogando, y el libro siempre responde de un modo u otro. A veces se insinúa una pregunta desde el fondo de los ojos, y antes de que podamos comprenderla del todo, antes de que los labios puedan siquiera balbucearla, la respuesta se hace presente de un golpazo y nos deja otra vez con el silencio. Se siente que el libro es como un organismo vivo que nos va leyendo, latente en nuestras manos. Puede ocurrir que en el período de su lectura uno vaya caminando hacia el trabajo pensando en un problema, y el recuerdo turbio de un pasaje ilumine la calle con un fulgor que lo deja todo más claro que el agua.
Y  pensándolo bien, no sería absurdo decir que este libro es un libro de agua. Inasible pero corpóreo, nos moja la ropa y nos deja incómodos y fríos por un buen rato, del mismo modo que llueve sobre nosotros como un baño de agua tibia que arranca la suciedad del tiempo. Y sabrán perdonar lo lírico de este comentario, pero es que a veces no hay otra forma.
No sabría referir su argumento profundo. Digamos que el joven Sinclair es un chico bondadoso, criado en la cristiandad, que se ha convertido en objeto de extorsión por parte de un compañero de clase. Sinclair se ve obligado a mentir y a romper otros valores hasta ahora incorruptibles. Esta experiencia común de la adolescencia supone para él una traición a su naturaleza original, y no tarda en sentirse culpable. La revelación de la culpa como sentimiento indisoluble de la madurez coincide perfectamente con la aparición de Demian, muchacho irreverente, singular y dueño de ciertas ideas místicas –fieles al estilo del autor- que deslumbran a Sinclair. Así comienza una aventura ontológica de amplio espectro que inserta reflexiones y personajes de todo calibre. Demian vendría a ser el pretexto, el impulso externo necesario para desvelar una verdad interior agazapada donde se conjugan los rasgos elementales de la vida, el amor, el arte, el conocimiento,  la muerte.
Este viaje por los purgatorios, infiernos y paraísos del ser, implica entre otras cosas la adopción de Abraxas como Dios supremo, un Dios capaz de conciliar las caras opuestas del universo y el alma humana.
Demian es un libro de agua y también de sed. Bebemos sedientos de sus manos, y parece que nunca es suficiente.

Pero cada uno de los hombres no es tan sólo él mismo; es también el punto único, particularísimo, importante siempre y singular, en el que se cruzan los fenómenos del Mundo, sólo una vez de aquel modo y nunca más. Así, la historia de cada hombre es esencial, eterna y divina, y cada hombre, mientras vive en alguna parte y cumple la voluntad de la naturaleza, es algo maravilloso y digno de toda atención.

Calificación: excelente.
Título original: Demian
Editores Mexicanos Unidos, 1995, México (mala edición, por cierto).
Traducción de Luis López-Ballesteros y de Torres.

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13 comentarios en “Demian, Hermann Hesse

  1. Este libro me marcó mucho en la adolescencia, incluso me impulsó a escribir. Me acuerdo que fue una gran conmoción (“el pájaro rompe el cascarón, el cascarón es el mundo”, hasta hoy me acuerdo, si bien nunca volví a leerlo, ¡ni me atrevo!).
    No sé si estoy del todo de acuerdo con la frase de Machado, pero al menos suena bien 🙂 y en ciertos casos es verdad que se verifica.

    ¡Saludos desde Italia!

    F

    1. Es curioso lo que decís (es curioso que te responda siete años después), esta novela me provocó exactamente la misma conmoción a mis 16 años. Y tampoco me atrevo a volver a leerla, no vaya a ser que aquella novia deslumbrante en su belleza juvenil se nos aparezca como una adocenada señora desprovista de todo el encanto ficticio que le adjudicamos en su momento.

  2. Leo:
    a) Original viene de origen…
    b) A riesgo de parecer un gringo desavisado en nuestra sintaxis: hay mucho Paz en tus palabras, por lo que fue una placer leer tu reseño.
    Abrazo

  3. Yo tenía 17 años. Trabajamos este libro en literatura. Yo lo tenía fotocopiado, un grueso fajo de hojas A4 con olor a tinta y ozono. Leí el fragmento que la profesora nos pidió y luego leí todo lo demás, ya no sé si porque estaba apasionado por el libro o porque estaba enamorado de mi profesora y quería impresionarla. Supongamos que fue por el libro. El problema de tener 17 años y leer esto: “Las cosas que vemos son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría”, es que de inmediato uno se ha perdido la chance de tener la felicidad de la mayoría. Y a veces uno hecha de menos esa ingenua posibilidad. A veces.

  4. Ya que estamos contando experiencias, cuento que trabajé Demian en mi segundo año de práctica con la estimada profe Cristina Callorda. A los gurises les encantó. Compré El lobo estepario en mi luna de miel en Valizas y allí mismo lo comencé. Me resultó perturbador y fascinante. Después, también con Alejandra, íbamos leyendo por turnos Sidharta y coincidimos en terminarlo en el Campamento Artigas durante unas vacaciones. Hay en esta última cierta escena con una víbora venenosa. Recuerdo claramente haberla terminado de leer y salir de la cabaña rumbo al baño cerca del arroyo… adivinen qué me encontré…

  5. Ustedes se ríen porque no la vieron… pero antes de verla la sentí… me había mordido… allí nomás saqué el machete y le di en la cabeza… saltó partida a la mitad la podrida… arranqué p´al arroyo, me metí en una canoa y me dejé arrastrar por la corriente…

  6. Gracias a todos por los comentarios. Recién pude leerlos con atención.

    Pedro: ¡increíble tu anécdota! Me ericé todito. Les tengo un miedo bárbaro a las bichas… Por cierto, coincidimos en lo más importante. ¡Gran escritor! ¡Y también me encantó Sidharta! Ese es el único libro de mi biblioteca que perteneció a mi padre. Un libro muy importante para mí. Debería releerlo, mirá…

    Fernanda: tu comentario me hizo acordar a lo que dice Abelardo Castillo en un ensayo sobre Hesse -creo que está en “Las palabras y los días”-. Según él, sólo los adolescentes pueden realizar una lectura completa y cabalmente sensitiva del autor.
    Esto se confirma también en las palabras de Leo. De hecho, Leo, eso que citás también lo tengo marcado; y fue el sector que casi publico en el post. Lindas coincidencias…

    Nacho: ¿qué decirte? Esa comparación con Paz me honra, me honra… Espero que pronto pueda reunir valor para reseñar “El arco y la lira”… Mientras tanto lo leo y lo releo hasta el insulto.

    Damián: el personaje del libro me hizo acordar a vos. Y no solamente por el nombre.

    Abrazo apretado a todos.

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