Mr. Punch, Neil Gaiman y Dave McKean

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Neil Gaiman y Dave McKean son los responsables de esta excelente novela gráfica. La comprensión entre ambos, la simbiosis creativa que alcanzan en esta obra es, cuando menos, sorprendente para mí, y es que si bien en un principio es difícil acostumbrar la mirada al estilo gráfico utilizado por McKean, bastan apenas unas páginas para entender que las diferentes técnicas elegidas poseen una estructura lógica que se articula a la perfección con las inflexiones de la historia. Así, McKean pone al servicio del guión de Gaiman toda su paleta de recursos: dibujo en blanco y negro y a color, collage, pintura, retoque digital de fotografías y más. El resultado podría ser caótico de no mediar esa lógica interna de la que hablé antes, pues hay un sentido expresivo en la elección de cada lenguaje. Una vez que uno comprende ese sentido comprende también que en Mr. Punch no hay arbitrariedad visual.

Gaiman
McKean

La historia de Mr. Punch toma como hilo conductor una serie de representaciones de una antigua obra de marionetas. Encontré por ahí esta información interesante, que sintetizo a continuación: Mr. Punch es un personaje tradicional del teatro de marionetas en Inglaterra, derivado del Polichinela de la Commedia Dell’Arte; con él comparte rasgos físicos como la narizota, la joroba, el desagradable timbre de voz y también el carácter envidioso, satírico y agresivo. (Polichinela es parte del mismo universo del teatro bufo que en Uruguay podemos sentir de forma cercana a través de otros nombres: Colombina, Arlequín y Pierrot). Esa estructura teatral vivió también en las obras de títeres, que erróneamente se han pensado destinadas al público infantil simplemente por estar representadas por muñecos. El auge de los teatrillos de marionetas itinerantes se debía básicamente a la economía, pues a menudo era una sola persona la que se desplazaba llevando consigo el teatro, los escenarios y los actores, todo en un solo carro, algo imposible para una compañía de teatro convencional. Así llego Polichinela a Inglaterra, y tal vez por la pronunciación deformada de la palabra (Punchinello), como por la violencia del personaje, su nombre devino en Punch (“pegar”, “puñetazo”).

El esquema de la “Trágica Comedia o Cómica Tragedia de Mr. Punch” es muy simple y no ha variado apenas en sus cuatrocientos años de historia. La obra desarrolla una serie de escenas en las que Mr. Punch se enfrenta verbalmente primero y a palos después con un personaje, al que acaba matando, tras lo cual exclama triunfante “That’s the way to do it!”. Todo comienza cuando Judy, la esposa de Punch, le pide que cuide al bebé de ambos que no para de llorar. Punch acaba tirándolo por la ventana. Su esposa horrorizada le recrimina el crimen y él la mata también a ella. Luego viene su amante, el policía, el alguacil, el doctor, un espectro y el mismo Diablo. A todos ellos Mr. Punch les da una paliza de muerte. Y ya está: no hay moraleja. Mr. Punch no recibe castigo. La maldad puede salir bailando, muerta de risa, luego de hacer lo suyo, y diciendo: ¡Así es como se hace, niños!

Poniendo el pie en el estribo de Mr. Punch, Gaiman narra con mano de maestro el verano en el que un niño de siete años comienza a entrever el terrible mundo de los adultos, un mundo enorme, frágil, incomprensible, amenazador. Vean esto. El abuelo del niño, un hombre que más tarde enloquecerá de forma irremediable, lo levanta del suelo. Mientras lo sostiene en el aire, en el borde de un estanque, dice:

-¿Te tiro dentro, eh? ¿Te tiro al agua?
Sacudí la cabeza. Los adultos son criaturas amenazadoras. “¿Te tiro al agua?”. “Te meteré en el cubo de basura”. “Te voy a comer”. “Te devolveré y te cambiaré por otro niño”. Eso es lo que dicen. Y por mucho que te repitas que es mentira o que es broma, siempre hay una posibilidad. Quizá estén diciendo la verdad.

El punto es, también, el del poder. Las mentiras y las bromas son una forma de decir que no te tiraré al agua, no te meteré a cubo de basura, no voy a comerte, no te cambiaré por otro niño… porque no quiero, no porque no pueda hacerlo, sino porque mi voluntad de adulto impide que tu, niño indefenso, tengas que temerme. Pero el niño de Gaiman sabe perfectamente que “los adultos mienten… pero no siempre”, y no puede sentirse seguro en ese mundo en el que de pronto conoce a Mr. Punch, que viene a enseñarle que en alguna parte los bebés son arrojados por las ventanas y las mujeres son apaleadas hasta morir. Y que luego no pasa nada, porque la justicia también es una cuestión de la voluntad de los hombres, una convención, un pacto, un trato que puede ser deshecho por cualquiera de las dos partes, en cualquier momento.

Otro recuerdo vívido: seis años, una representación de El viento en los sauces, a la orilla del mar. Era un ardiente día de verano. Es la única representación de la obra que recuerdo porque los actores llevaban disfraces de cuerpo entero, precisos en todos los detalles: el Tejón, el Topo, la Rata, el Sapo, las Comadrejas, los Hurones y los Armiños. Animales enormes que bailaban y reían y cantaban sobre el escenario para mí, aunque mis recuerdos de la historia y las canciones son nebulosos en el mejor de los casos. No. Lo que recuerdo es esto: después de la representación me metí entre bastidores –era un pabellón al aire libre- y vi cómo los animales se quitaban las cabezas y salían de sus pieles: humanos rosados y sudorosos se quitaban sus disfraces de animales, se llamaban unos a otros, charlaban. La cabeza vacía del tejón sobre una silla, muerta y silenciosa. Me arrodillé y la toqué. Esperé que me susurrara secretos, pero no dijo nada. Y mi abuela me tomó de la mano y me sacó de allí.

Luego pensé que debería haberme puesto la cabeza del tejón: entonces me habría convertido en el tejón, una cosita tambaleante con una cabeza enorme, clamando grandes verdades que como niño no me atrevía a pensar.

Calificación: Excelente
Norma Editorial, Barcelona, 2001.
Traducción: Ernest Riera
ISBN: 84-8431-377-8

Anexo: haciendo click en el link escucharán la columna “Más allá de la viñeta”, de Rodolfo Santullo, dedicada a Mr. Punch, en el programa de Radio Uruguay, “La máquina de pensar”, conducido por Pablo Silva. http://audiomaquina.blogspot.com/2010/05/rodolfo-santullo-y-mr-punch.html

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11 comentarios en “Mr. Punch, Neil Gaiman y Dave McKean

  1. Muy buena la nota, Leo, y muy buena la información del vínculo de Punch con Polichinella…
    Me interesó mucho este aspecto: “Punch acaba tirándolo por la ventana. Su esposa horrorizada le recrimina el crimen y él la mata también a ella. Luego viene su amante, el policía, el alguacil, el doctor, un espectro y el mismo Diablo. A todos ellos Mr. Punch les da una paliza de muerte. Y ya está: no hay moraleja. Mr. Punch no recibe castigo. La maldad puede salir bailando, muerta de risa, luego de hacer lo suyo, y diciendo: ¡Así es como se hace, niños!”. Y me hizo acordar a algo que aparece en “Los cantos de Maldoror”, como una idea de que la única aproximación al Bien, la forma de entrever el Bien es sumiéndose en el Mal mismo, o conociéndolo… Una idea que está en Baudelaire, creo también…
    La cita de Lautréamont es esta, y también toca el tema de la mentira, como ves: “Aparte de estas reservas hechas acerca del tipo de relaciones más o menos íntimas que debo establecer contigo, mi boca está lista, a cualquier hora del día, para exhalar, como un soplado artificial, la oleada de mentiras que tu fatuidad exige severamente a cada ser humano, desde que la aurora despunta azulada buscando la luz en los repliegues de satén del crepúsculo, al igual que yo busco la bondad, impulsado por el amor al bien. No tengo muchos años y, sin embargo, ya siento que la bondad no es sino un ensamblaje de sílabas sonoras; no la he encontrado en ninguna parte.”
    Un abrazo.

    1. Nacho: necesito más datos para interpretar el comentario. ¿Qué es un monumento? ¿La reseña? ¿El libro? ¿El comentario de Damián? ¿Baudelaire? ¿Lautrèamont? ¿Zadie Smith? -en este último caso, coincidiría plenamente-.

    1. Bambina: simpre he tenido gusto por las novelas gráficas, sobre todo por las excelentes, y ahora, circunstancias favorables hacen que me baste con estirar la mano y tomar algunas de las mejores que se han editado. Menuda fortuna. Un fuerte abrazo.

  2. Damián: es un poco difícil en el espacio normal que permite un comentario de blog, resumir el tema del bien y el mal. En el fragmento de Lautréamont que vos dejás se ve claramente una arista del problema, la de la imposibilidad del bien, al menos de un bien puro que no sea sino la simulación de ese bien, su fingimiento cobarde, porque la verdadera valentía sería abrazar el mal para llegar al bien. Ambos indisolubles. En un post anterior, aparece el Abraxas. No estamos tan lejos de esa idea. Ahora, en un libro (Elizabeth Costello, ficción ensayística), de Coetzee, éste hace hablar a su protagonista. El tema es el mal, el mal en el arte y, a diferencia de “nuestro” Conde, la señora Costello se pregunta si el artista no debería mirar hacia otro lado, evitar ser caja de resonancia del mal:

    “Obsceno. Esa es la palabra. Palabra de debatida etimología, a la que ella tenía que aferrarse como a un talismán. Ealla considera que obsceno quiere decir fuera del escenario. Para salvar a nuestra Humanidad, algunas de las cosas que querríamos ver (¡que querríamos ver porque somos humanos!), deben quedarse para siempre fuera del escenario”.

  3. Bien, esa idea de obsceno me hace acordar a una frase de un dramaturgo que decía que el verdadero “teatro” es imposible porque sería insoportable para los espectadores. No sé bien quién la dijo, así que si alguien se acuerda que lo diga.
    (Creo que Passolini en el cine ha hecho práctica con esa toería… El mal, por ejemplo, en “Sodoma y Gomorra” es, para mí, prácticamente insoportable)…

    Otra cosa, en los monólogos del sheriff en “No es país para viejos”, de Cormac Mc Carthy hay unas ideas muy, pero que requetemuy interesantes sobre el asunto del mal…
    Abrazo.

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