El castillo blanco, Orhan Pamuk

Pamuk

A un italiano lo capturan los piratas turcos, que lo hacen prisionero. Se va salvando gracias a sus supuestos conocimientos médicos los que, por si fuera poco, le granjean los favores de un bajá. Llega un día en que conoce a un personaje muy oído por el bajá, nombrado como el Maestro. Comparten la apariencia física. Se ve desde ese momento que el libro girará sobre el tema de doble, con lo que acarrea: las sustituciones, las confusiones, el tema de la identidad. Todas esas ideas habían sido desarrolladas y desmenuzadas en “El libro negro”.

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Los personajes pasan a partir de ese encuentro a compartir la vida, siendo el italiano una especie de esclavo de lujo del que luego llegará a ser Gran Astrólogo del Sultán. Están ambientados en una época medieval para los turcos y renacentista para los italianos, al punto que no se escatima en algún momento la comparación con Leonardo. Aconsejan al Sultán cuando pasa la peste, se pasan años ideando y construyendo un arma quimérica, se sientan a una mesa y se cuentan historias, se hurgan las mentes estérilmente. Durante largos tramos del corto libro, la duermen bastante porque parece que no pasa nada o, mejor, no pasa nada.

El cierre de la novela muestra el esperable ciclo. Al principio, era el italiano el que escribía sus tribulaciones. Al final, parece que el que escribe es el turco, pero se mantiene la ambigüedad, cosa que el propio Pamuk declara en el postfacio. Pero sin inquietar. Se han admirado y odiado mutua y alternativamente. Han representado todo el tiempo algo que parece obsesionar a Pamuk: la relación de su país con Occidente, una especie de condena a la imitación, lo cual quizá le ocurra al autor, según demuestra el conocimiento de la literatura occidental que despliega y usa.

Y, en mi lectura, la condena que sufre este libro es la comparación inevitable con “El libro negro”, frente al cual palidece, sobre todo porque los temas son los mismos pero más aburridos. Es decir, es como Brasil cuando juega contra Venezuela.

Sin hablar y sin dejarnos llevar por los nervios, nos intercambiamos la ropa. Le entregué mi anillo y el medallón que durante tantos años había logrado ocultarle. Dentro tenía un retrato de mi bisabuela y un mechón de pelo de mi prometida que había encanecido por sí solo; creo que le gustó, se lo colgó del cuello. Luego salió de la tienda y se fue. Contemplé cómo desaparecía lentamente en la silenciosa niebla. Estaba clareando y yo tenía mucho sueño. Me acosté en su cama y dormí plácidamente.

Calificación: regular
Título original:  Beyaz Kale
Traducción: Rafael Carpintero
Literatura Mondadori, Buenos Aires, 2007
ISBN: 978-987-9397-63-3

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7 comentarios en “El castillo blanco, Orhan Pamuk

  1. Opa!!! Qué le pasó a Orhancito… cayó en el promedio como Argentina… De carro del Chaná me pasó a regular, el hombre… ahh, no, no…
    Entrevista urgente con la cúpula de catadores…
    Abrazos.

  2. Tenemos que ser comprensivos, esta novela es anterior a “El libro negro”. Para mí, Pamuk tiene dos etapas. La primera es de formación con “Cevdet Bey e hijos” (una saga familiar más o menos tradicional), “La casa del silencio” (en la que practica una serie de técnicas vanguardistas y que es una novela muy recomendable) y “El castillo blanco” (con la que empieza sus juegos postmodernos; de hecho, el autor del prólogo y presunto traductor es un personaje del libro anterior). La segunda etapa es a partir de “El libro negro” hasta ahora, con altibajos.

    1. ¿Otros colores? No conocía a nadie que se lo hubiera leído y para mi gusto es fundamental si quieres a Pamuk. ¿Sabías que la versión turca original es bastante distinta de la “internacional” que se hizo muchos años después? En esta última se excluyen prácticamente todos los ensayos sobre literatura turca, y son muy esclarecedores para determinar sus gustos y sus influencias. Otro abrazo

  3. ¡Qué bueno! Fue un libro impactante, la verdad. Sobre todo esa sección de apuntes cotidianos sobre su hija Rüya, que adoré… Suma sensibilidad a la agudez y a la erudición. Una combinación extraordinaria en manos de alguien que la sabe manejar.
    Por otra parte, no me extraña nada, lamentablemente, que la versión internacional sea diferente. Muchos turcos no se habrían sentido cómodos, por lo que él plantea en sus opiniones de la relación del mundo turco con Occidente, con esa otra versión.
    Un abrazo.

  4. Está bueno tirar la piedra y salir por ahí.
    Y que aparezca gente nueva.
    Tunguzca: No entendí bien. ¿Qué es lo que te gusta de Pamuk? Yo no tengo tantos elementos, se ve, porque voy recién por mi tercer tomo. Un abrazo y espero que estés bien del meteorito.

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