Vida de Chaplin, Georges Sadoul

Sadoul
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Con mano de maestro, Sadoul nos lleva a recorrer la historia de la primera mitad del siglo XX a través de la vida de Charles Spencer Chaplin, uno de esos hombres geniales de los que incluso un siglo generoso en dones no da más de una docena. La admiración de Sadoul hacia Chaplin atraviesa todo el libro, su mirada siempre es indulgente, afectuosa y comprensiva; a veces incluso parece que el biógrafo hiciese suya la tarea de justiciero y a lo largo de las 250 páginas fuese poniendo en su lugar, uno por uno, a todos los enemigos de Chaplin. De todos modos, esta deliberada toma de partido es también muy honesta y en ningún momento se adivina siquiera la finta de un fingimiento. Sadoul es sincero desde el comienzo al dedicar “A Charles Spencer Chaplin, con todo mi respeto y toda mi admiración por un artista de genio, un gran ciudadano, un hombre bueno este esbozo de un retrato”. Ese supremo respeto se trasluce en la discreta forma que tiene Sadoul de abordar los aspectos más escabrosos y polémicos de la vida de Chaplin: su intimidad, la relación con sus sucesivas esposas y sus numerosos hijos.

Luego de un comienzo donde la miserable infancia de Chaplin en el pobrísimo barrio londinense de Lambeth es contada brevemente pero con pinceladas de Dickens (la internación de Hannah, la madre, en un hospicio; el hambre, las noches en la calle junto a su hermano Sidney), saltamos a los veinte años del artista, sus comienzos con la compañía teatral de Fred Karno a tres libras por semana (un buen salario), su primer viaje a los Estados Unidos, en un barco de ganado lleno de emigrantes rusos, polacos, húngaros, irlandeses. Asistimos lentamente a las sucesivas transformaciones de Chaplin, ya una vez convertido en actor de cinematógrafo en cintas de apenas 15 minutos de duración para ser emitidas en los más de veinte mil Nickel Odeons de todo el país. En esta etapa, Chaplin no se ha convertido aún en Charlie, Carlitos, Charlot o el Vagabundo, es simplemente Chas, un héroe bufonesco, rudo y malvado, un bufón de palizas y tortas de crema, distante de la noble bondad, triste, pícara e intemporal que lo caracterizará en sus filmes más grandes.

Lo notable del libro que Sadoul construye es su capacidad de enhebrar la enorme cantidad de información de la que dispone (nombres, fechas, lugares, cifras, declaraciones), con una capacidad narrativa y noveladora siempre atractiva, sin que eso interfiera nunca con la profundidad del análisis de la obra cinematográfica de Chaplin. Volver a ver Candilejas, Luces de la ciudad o Tiempos modernos, a la luz de las palabras de Sadoul, será como verlas realzadas, como si la primera vez las hubiésemos visto en una pantalla empañada y ahora el crítico la hubiese lustrado para nosotros.

He aquí un fragmento hilarante. Chaplin –ya en la cumbre de su popularidad- ha regresado a Londres y se aloja en el Ritz:

A las órdenes del encargado de prensa, Carl Robinson, las mecanógrafas instaladas en el Ritz seguían vaciando los sacos, abriendo los sobres y clasificando la correspondencia. Entre las setenta y tres mil primeras cartas, veintiocho mil solicitaban préstamos o limosnas. Las sumas pedidas variaban entre veinte chelines y cien mil libras esterlinas. Seiscientos setenta y una personas reivindicaban un parentesco próximo o lejano con Chaplin. Miles de mujeres le declaraban su amor adjuntando su retrato a la carta. Los inventores desconocidos, los buscadores de tesoros, los comerciantes, los industriales arruinados, solicitaban una asociación. Se le ofrecían propiedades, antigüedades, cuadros de grandes maestros, niñas gemelas que hacían teatro, una multitud de niños prodigio, comparsas, hoteles amueblados, relojes de oro, automóviles, citas galantes… Una corresponsal enviaba un recibo, solicitando que Chaplin retirara la dentadura postiza de su abuela, empeñada… Muchos sobres no llevaban más señas que estas: AL REY CHARLIE.

En muchos sentidos, la fama aplastó a Chaplin, al rey Charlie que nunca quiso corona alguna, se le adhirió a los pies igual que toneladas de barro. Fue blanco de mujeres (Lita Gray, Mildred Harris) que salieron a la prensa a divulgar los detalles de sus divorcios con él para, mediante la presión, apresurar las negociaciones y obtener tajadas más suculentas. Acusado de rojo (comunista, admirador de Lenin) por el Comité de Actividades Anti Americanas; amenazado de muerte por las organizaciones nazis radicadas en EEUU y víctima de campañas de prensa encabezadas por magnates de cadenas de medios (la de Hearst a la cabeza), además de las múltiples trabas que le impidieron distribuir sus filmes, Estados Unidos se fue convirtiendo lentamente en un lugar muy inhóspito para la familia que Chaplin había logrado formar, ya en su madurez, con Oona O’Neill (hija del dramaturgo Eugene O’Neill). En la vejez llegó el exilio, pero también la paz y una felicidad maravillada.

Vida de Chaplin es un libro con muchas aristas notables, ideal para ser usado como puente hasta la figura de un pequeño hombrecito que, con su andar de pato, sombrero hongo y bastón, acompañó la historia del siglo pasado, interpelándola, exigiéndole a los hombres más bondad, más nobleza, más humanidad.

Hemos visto demasiadas películas llenas de violencia, de sexualidad morbosa, de guerra, de crímenes, de intolerancia, que hacen más insostenible todavía la tensión mundial. Si pudiéramos organizar entre las naciones un intercambio en gran escala de películas que no sean una propaganda agresiva, sino que hablen el sencillo lenguaje de los hombres y las mujeres sencillos… Podríamos contribuir a salvar al mundo del desastre.

Calificación: muy buena.
Fondo de Cultura Económica (México, 1955).
Título original: Vie de Charlot, Charles Spencer Chaplin, ses films et son temps
Traducción: Ernestina de Champourcín
ISBN: 950-557-051-1

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2 comentarios en “Vida de Chaplin, Georges Sadoul

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