La furia de la langosta, Lucía Puenzo

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Puenzo

Hay literatura realista y literatura no realista. Hay literatura que se apoya en un correlato que para todos es este mundo de los hechos históricos, de las noticias, de las cosas que aparecen en los diarios, en la televisión, etc. Usando un juego de palabras coloquial: hay copias de la realidad y hay copias de la realidad. Y también hay fotocopias. Dentro de estas, hay algunas hechas un viernes a última hora en el local perdido de una galería venida a menos. La reciente novela de Lucía Puenzo (Buenos Aires, 1976) se parece mucho al resultado de esa excursión precipitada.
La historia (vista a través de un niño) es la de un hombre poderoso, quizás el más poderoso de Argentina, que ha llegado desde abajo y que logra con los años tener comiendo de su mano a todos. Hasta que el asunto se da vuelta. Hasta que para el mismo poder comienza a ser negocio voltear de su puesto a ese hombre. La circunstancia es similar a la de varios destacados empresarios argentinos que pasan por las tapas de las revistas como Noticias. De hecho, Razzani, tal su apellido, es una versión de Yabrán. La secuencia de sus peripecias vitales es muy similar. Pero ese no es el problema. El problema es que no se sale nunca del calco. Tenemos a algo como Yabrán, con todos sus escándalos encubiertos, sus demostraciones de poder; tenemos al típico periodista televisivo que busca abrir los ojos de la audiencia con pruebas obtenidas por cámaras escondidas; tenemos un ejemplo de la vida de la alta sociedad argentina; tenemos, sobre los últimos capítulos, el ejemplo de esa alta sociedad “exiliándose” en Punta del Este. Todo parece prontamente reconocible, incluso ese partido de fútbol que los personajes escuchan en el invierno puntaesteño y en el que Argentina gana una final (¿del Mundial?). Pero le falta algo: hondura. O, dicho de otro modo, “La furia de la langosta” carece de ese ingrediente tan difícil de conseguir y de enunciar: lo literario. Pero lo literario en el sentido de que no hay nada que justifique qué es lo importante de seguir esta historia de la decadencia del imperio de los Razzani. Si uno se fija en un aspecto técnico como el hecho de que la novela esté narrada enteramente con verbos en presente, descubrirá que ese detalle, que conviene por lo general más a la descripción por frenar el impulso narrativo, termina enviando al traste cualquier intención. Esa atención que imponen los verbos en presente no logra atraer y termina agotando, porque de por sí la previsibilidad del argumento ha preparado un terreno difícil. Si a esto le sumamos una sintaxis un tanto ríspida, el resultado es para olvidar.

Delia lo desnuda con urgencia, quiere arrancarse la soledad hasta que pueda decidir qué hacer. Tino, en cambio, no piensa. No es más que un muñeco aplastado contra las sábanas con las piernas y los brazos abiertos. La víctima de un huracán que lo cabalga sin pedir permiso, sin pensar que hace menos de una década gateaba ni que esa cama la compró su padre. Todo está enrarecido: la luz que llega de afuera oscurecida de pronto por una nube de tormenta, el aire cargado de agua, húmedo y espeso, el olor de Delia, tan ácido y dulce ahora que la tiene encima, transpirada, asfixiándolo con el remolino de pelos que lo enceguece, tan hipnotizada por su propio bamboleo que ni siquiera escucha el pedido de Tino, que no quiere (aunque quiere) que lo deje (aunque él también se mueve)… La escalada de gemidos lo envuelve en una espiral de excitación y rechazo, acunándolo entre sus piernas hasta que por fin -vencido- lo entrega todo: la infancia y la virginidad.

Calificación: Malo.

Editorial: Mondadori, Buenos Aires, 2010.
ISBN: 978-987-658-044-1

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4 comentarios en “La furia de la langosta, Lucía Puenzo

  1. a) Con verbos en presente, e incluso con innumerables frases, “Denny Méndez”, que recordarás.
    b) Pegada a la realidad, una de Escanlar: “Dos o tres cosas que sé de Gala”, donde se reconoce a la mafia local de distribución de diarios, sabiendo el autor que el original nunca leerá -ni entenderá- su fotografía borrosa
    c) Sobre Lucía Puenzo, hay algunas consideraciones hechas por mi amigo Vasil el Mudancero: http://chorizoderueda.blogspot.com/search?q=luc%C3%ADa+puenzo

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