Juan José Morosoli. Interiores, Óscar Brando

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Hace unos pocos años, con su ensayo “Vivientes. Latitud de Juan José Morosoli”, Óscar Brando pareció iniciar una nueva línea de análisis de la obra de Morosoli. Era una señal nueva. En dicho trabajo Brando había realizado un esfuerzon considerable y fructífero por ampliar la resonancia de la obra del escritor minuano hacia un panorama mayor de la narrativa americana, colocándola en diálogo con las vanguardias y hasta con el realismo mágico. Pero también Brando comenzó a rodear el misterio de la “poiesis” morosoliana, o sea el hecho de averiguar cómo se producía el traspaso de la referencia de las narraciones desde el campo o los pueblos del Interior hasta el texto, más allá de la indicación de recursos y preocupaciones autorales en los que se había concentrado la crítica precedente.
En “Juan José Morosoli. Interiores”, el objetivo está puesto en algo que se le debía a este narrador desde hace medio siglo: la empresa de su biografía. Uno de los narradores uruguayos más importantes del siglo XX carecía de una biografía de cierta extensión, de una biografía en libro. Así que esto es lo primero que hay que celebrar del trabajo de Brando: romper un molde de recepción y de interés montevideano para centrarse en un autor del Interior, en un autor que resume de forma especialísima esa tensión entre el Interior y la Capital. Y, quizás, eso origine cierto precio que paga esta biografía. Es evidente que Brando ha tenido que movilizarse a través de documentos, declaraciones de segundo o tercer grado para quedar un poco a la intemperie a la hora de sacar conclusiones sobre la vida del Morosoli hombre-vecino-comerciante-padre de familia-personaje público. Y el mismo Brando lo reconoce en cierto momento. La humanidad de Morosoli se escapa, más allá de lo previsible en cualquier biografía. Morosoli parece escaparse por varios cuerpos y la biografía lo testimonia. Como si el Morsoli-vecino fuera un ser visitado de vez en cuando, medio furtivamente, por el Morosoli-escritor. Así y todo, el resultado es entrañable, disfrutable. Una cosa que se le podría increpar a esta biografía (aunque su autor se ataja en el inicio, y con razones atendibles) es la de carecer de un vigor narrativo (pero ni siquiera llegando a lo novelesco) que le diera mayor hilación al conjunto de datos, reflexiones y testimonios. Sin embargo, probablemente esto sea parte de una escasa tradición de biografías literarias en Uruguay, una tradición que no ha dejado muchos ejemplos sobresalientes. Todo esto en las algo más de 110 primeras páginas que componen el libro.
La segunda parte, de similar extensión y titulada “Leer a Morosoli”, es un poco más robusta, y en ella encontramos la habitual sagacidad de Brando para exigirse como crítico. Se podría decir también que esta sección es una continuación del libro anterior (“Vivientes. Latitud de…”), en la que el autor juzga atinado revisar lo planteado con anterioridad para darle un barniz de “work in progress” al asunto. Está bien, y son interesantísimas las reflexiones, las preguntas que Brando deja en el aire acerca de los procesos de creación morosolianos. Y si se puede hacer notar otro “talón de Aquiles” al libro, esta sección tiene la debilidad de no zambullirse en la particularidad de los textos de Morosoli, abandonando un poco la preocupación por la generalidad y los contextos creativos, invitando al lector a disfrutar de forma cercana, tan íntima como Morosoli lo permite, esos hallazgos de lenguaje, de técnica y de sensibilidad que no dejamos de encontrar nunca en sus cuentos.

Un caso como el de Morosoli, del que decimos que sus relatos, sus narraciones, sus ficciones buscan tomar distancia de las marcas autobiográficas, trabaja con mayor densidad y opacidad esa cualidad autoformativa de la escritura. Volvamos sobre la duda acerca de si lo que experimentan los personajes de Morosoli fueron vivencias autorales, si conocía de primera mano la realidad que sirvió de sostén a sus cuentos. Pero no intentemos despejarla con documentación o testimonios. Razonemos, mejor, que los personajes y las situaciones que creó Morosoli fueron las necesarias para una comprensión del mundo, de su mundo, que no fue el reflejo mimético de la realidad sino un compuesto de vida, imaginación, sueños y desilusiones (por lo menos).

Calificación: Bueno.

Editorial: Ediciones del Caballo Perdido, Montevideo, 2009.
ISBN: 978-9974-8154-2-1

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