Mr. Vértigo, Paul Auster

***
Auster

Este es el tipo de libros de Paul Auster que me gusta más. Quiero decir que prefiero cuando Auster se mete a contar una historia regodeándose todo en ella y sin escaparse a consideraciones medio metanarrativas o reflexiones de cualquier índole. Las novelas de Auster que me gustan (sumo ahora “Mr. Vértigo” a “El palacio de la Luna” y “Leviatán”) ya son por sí mismas todo un buen ejemplo sobre cómo narrar y sobre qué reflexionar sin hacerlo explícito. Quizás esa sea la causa de que no me haya entusiasmado demasiado por sus libros más recientes (“Un hombre en la oscuridad”).
La historia comienza cuando Walt Rawley, un mendigo de nueve años de la calles de St. Louis, Missouri, es interceptado por un hombre (después descubriremos que es nada más ni nada menos que un espécimen del “judío errante”) que le dice que posee el don necesario para volar. Así, sin más preámbulos. Como el pequeño Walt no tiene nadie a cargo y sus tíos casi que ni se acuerdan de su existencia, al maestro Yehudi no le lleva mucho tiempo convencerlo de que se largue con él esa misma noche en un viaje hacia Kansas, una especie de tierra de todos los vientos. Kansas y el viento. El mejor lugar para aprender a volar… Auster toma aquí un sitio del imaginario fantasioso norteamericano y lo utiliza a conciencia. Es en Kansas donde transcurre la historia de la película “El mago de Oz”. Es allí donde los vientos se desencadenan en la tormenta que funciona de pasaje entre un mundo y otro para la “gran voladura” de Judy Garland. Quizás pueda ser otra pista que en “Mr. Vértigo” Walt haga su aprendizaje de vuelo junto a tres personajes bien diferenciados: el ya nombrado maestro Yehudi, Aesop (un negro debilucho y muy inteligente) y Madre Sue (una india sioux), así como en el otro ejemplo tenemos al hombre de hojalata, el espantapájaros y el león.
Como el lector podrá suponer desde las primeras páginas, la disciplina que el maestro Yehudi le impone al protagonista da sus resultados. Pocos años después Walt logra remontar cierto vuelo. La historia es interesantísima y apasionante. Auster demuestra una imaginación que uno como lector agradece profundamente, atendiendo todas las posibilidades que el hecho de volar le confiere a un ser humano. Hay capítulos admirables, conmovedores; capítulos que uno lee con fervor. Y eso es algo que uno tiene siempre que valorar, porque no lo logran muchos y ni siquiera sucede de la noche a la mañana.
Y sin embargo, así nomás, algo se cae… Y ni siquiera se trata de leer, digamos, las últimas 80 ó 90 páginas de este libro sea un anticlímax. Nada que ver. Se llega al final de “Mr Vértigo” siempre con interés. Pero el punto es que algo sucede con lo que podríamos llamar la “lógica” de la historia del niño que vuela. Si bien el cambio radical de la vida de Walt tiene que traer una consecuencia tal como “otra vida”, tal como lo es eso que observamos sobre el final, parecería que eso pertenece a otro libro de Auster. Parecería que todo el potencial de la historia del niño volador se dejó algo por el camino, y aquella fantasía bien anclada en la realidad da paso a otra historia con un tono diverso, una especie de cierre de destinos de los que tan bien le salen a Auster, donde el mundo es una comedia que se representa al término de sus libros como en un concierto general, y los personajes se encuentran unos con otros y hay “reconocimientos” o soluciones de acción o de carácter, como en el mejor manual del teatro griego antiguo.
Ese contraste, que en mi opinión le resta un poco de valor al resultado, sin embargo no hace mella en el profundo cariño que uno termina por tenerle al protagonista.

Me entregué a mi trabajo como nunca antes, regocijándome en la libertad y en la protección que me proporcionaba. Algo había cambiado dentro de mi alma, y comprendí a que se debía a que había experimentado una transformación: ya no era Walter Rawley, el muchacho que se convertía en Walt el Niño Prodigio durante una hora al día, sino Walt el Niño Prodigio cada vez más, una persona que no existía excepto cuando estaba en el aire. El suelo era un espejismo, una tierra de nadie minada de trampas y sombras, y todo lo que sucedía allí era falso. Sólo el aire era real ahora, y durante veintitrés horas al día yo vivía como un extraño para mí mismo, apartado de mis antiguos placeres y costumbres, un fardo de desesperación y miedo.

Calificación: Bueno.

Título original: Mr. Vertigo
Editorial: Anagrama, Barcelona, 2006.
Traducción: Maribel de Juan
ISBN: 978-84-339-6779-7

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8 comentarios en “Mr. Vértigo, Paul Auster

  1. [Debo reconocer que quizás he sido un poco tacaño al darle un ***. Todavía no me convence el ****.
    No sé, no sé… Aviso que me lo estoy pensando bastante… Esto no es algo que uno pueda resolver así nomás, afortunadamente.]

  2. 1) Ponele un ****, no seas tacaño, muñaño.
    2) ¿Vos crees que con eso de volar el tipo está hablando del faso?
    3) Disfruté la reseña.

  3. No tiene nada que ver con la reseña (o sí, yo creo que sí, pero sería largo de explicarlo), pero qué cara de buen tipo que tiene Auster, en esa foto y en general… Esta es una de las novelas de Mr. Paul que me falta por leer… Mi cuenta sería: El cuaderno rojo, La invención de la soledad, Tombuctú, El Palacio de la Luna, Leviatán, La música del azar, La trilogía de NY… y por ahí voy. Me faltan los últimos, también, ahora que lo noto, pero de esos creo que sólo me interesa Brooklyn follies, porque de Viajes por el scriptorium y Un hombre en la oscuridad no he escuchado buenas referencias. Ah… quien quiera prestarme El libro de las ilusiones, adelante…

  4. Sí, siempre tiene cara de buen tipo, y he sentido que lo es.
    Cualquier día que estemos por lo de mi madre, hacemos un plan y le “caemos” a don Paul, que no vive muy lejos… jejeejejej… Abrazo…

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