El sombrero de tres picos, Pedro Antonio de Alarcón

de Alarcón
***

Se trata de una de esas piezas narrativas deliciosas de la tradición española del romanticismo. Pedro Antonio de Alarcón toma su materia de algún romance perdido en el tiempo y reelabora la historia de un molinero, el tío Lucas, su mujer Frasquita y el Corregidor Don Eugenio de Zúñiga y Ponce De León.

El molinero y su mujer son felices. Él es muy feo y viejo mientras que ella es de una belleza y lozanía notables. Entre ellos pretende interponerse el corregidor, galanteando a la navarra de forma descarada. Pero Frasquita ama a su molinero a tal punto que, reconociendo su fealdad, no puede hacer otra cosa que tomarla como un aderezo más de su pasional relación con su marido.

Después de todas estas explicaciones (unas cuarenta páginas, más menos) la historia se circunscribirá a la noche en la que el Corregidor, asesorado por el actante amigo-traidor (un Yago, por ejemplo, un Judas Iscariote) de sobrenombre Garduña, intentará tenderle una celada al molinero e irrumpir en su casa a tomar posesión del cuerpo que desea. Todo se vuelve entonces una crítica al poder, al poder de la justicia y al abuso de los jerarcas (por ahí andará Peribáñez, imagino, o algún otro salido de Fuenteovejuna). Llamativamente la historia transcurre (al igual que la novela Volavérunt de Taco Larreta) en tiempos de Fernando VII. El buen humor y el equívoco transitan toda la novela haciéndola una lectura de una tarde.

“En cuanto al indicado grotesco donaire del señor Corregidor, consistía (dicen) en que era cargado de espaldas…, todavía más cargado de espaldas que el tío Lucas…, casi jorobado, por decirlo de una vez; de estatura menos que mediana; endeblillo; de mala salud; con las piernas arqueadas y una manera de andar sui generis (balanceándose de un lado a otro y de atrás hacia adelante), que sólo se puede describir con la absurda fórmula de que parecía cojo de los dos pies. En cambio (añade la tradición), su rostro era regular, aunque ya bastante arrugado por la falta absoluta de dientes y muelas; moreno verdoso, como el de casi todos los hijos de las Castillas; con grandes ojos oscuros, en que relampagueaban la cólera, el despotismo y la lujuria; con finas y traviesas facciones, que no tenían la expresión del valor personal, pero sí la de una malicia artera capaz de todo, y con cierto aire de satisfacción, medio aristocrático, medio libertino, que revelaba que aquel hombre habría sido, en su remota juventud, muy agradable y adepto a las mujeres, no obstante sus piernas y su joroba.”

Calificación: Bueno
Editorial: Centro editor de América Latina. Colección: Biblioteca Básica Universal.

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2 comentarios en “El sombrero de tres picos, Pedro Antonio de Alarcón

  1. Esa sí que es una descripción hilarante (lo de “cojo de los dos pies” me hizo acordar a algunos jugadores de fóbal que yo me sé). Para criticar al poder, nada mejor que el tono bufo. Funciona en cien de cada cien casos… no hay oro ni títulos que salven al poderoso del escarnio del vulgo, si está bien arengado, como parece que es el caso.

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