El regreso de Eva Perón, V.S. Naipaul

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Naipaul

Tres crónicas y un breve ensayo sobre Joseph Conrad integran este libro del Premio Nóbel trinitario que es un ejemplo de: escritura brillante + escritura brillante + escritura brillante. Naipaul no sólo demuestra acá que escribe bien, sino que, pese a lo pendenciero de tal afirmación, piensa bien. Expone un problema, demuestra cómo ese problema debe ser rodeado, abordado, y después se hunde hasta el último confín donde se halla la punta de la última raíz y elabora un diagnóstico que hace que los diagnósticos elaborados por otros pensadores parezcan simples constataciones de síntomas. Y por si fuera poco, la capacidad de análisis de Naipaul se ve apuntalada en todo momento por algo más que su bien probada sagacidad de observador social: existe en estas crónicas la lectura de alguien que está habituado a entender la realidad a través de la imaginación, de exigirle también a la imaginación una clave por donde retomar el hilo. Y es una imaginación que, como sostiene Naipaul acerca de Conrad, se manifiesta luminosa y precisa dentro del marco de determinadas pautas culturales bien definidas.
Las crónicas tienen escenarios definidos. Se comienza en casa con Trinidad y Tobago, se continúa con Argentina y Uruguay y se finaliza con Zaire. Y aún el río Congo que atraviesa el país africano deja paso al ensayo del país tenebroso de la invención conradiana.
Veamos un par de procedimientos.
En la primera de las crónicas, “Michael X y los asesinatos del Black Power en Trinidad”, no sólo se recontruye paso a paso la vida del líder negro, desde sus años en Londres hasta su condena en Trinidad y Tobago por dos asesinatos de su grupo, para demostrar cuan endeble era el soporte ideológico de toda su prédica. No es sólo la acumulación de declaraciones y de citas periodísticas la que nos lleva a explicarnos el misterio de por qué Michael de Freitas (también conocido con el nombre musulmán de Michael Abdul Malik) se autoerigió en el portavoz de los negros del mundo anglosajón, sino que, leyendo muy fino y entrelíneas en los textos autobiográficos de Michael X, es el propio Naipaul el que encuentra en la sintaxis de esos escritos la resonancia de un razonamiento. Allí Naipaul halla el origen del trastorno, el comienzo del equívoco cultural en el que vivió y “razonó” su situación en el mundo Michael X, aspectos que lo llevaron a realizar las atrocidades por las que fue condenado a la horca.
La segunda crónica, que da título al libro, es admirable, ya de entrada, por la intención que mueve al escritor a viajar a Argentina a inicios de la década del ’70: tratar de entender qué significa Perón para los argentinos.Naipaul recorre las calles de Buenos Aires, viaja al interior, charla con Borges, mira televisión, lee los diarios, escucha a los taxistas. Se la pasa un tiempo considerable para atravesar la luminosidad del halo que recubre a Perón y a Eva Perón y llegar así a lo que es la Argentina, o lo que le pueden hacer entender que es la Argentina. Nada despreciable, por cierto. Ahora la clave la encuentra por ejemplo en el cuerpo de Eva Perón, o incluso en el cadáver embalsamado de Evita, la Evita del pueblo. Pero eso lo lleva a entender la sociedad argentina desde la lógica de “la sujeción y la posesión”. Y el macho argentino, con su alarde de llaves colgando del cinto, con su labia plena de milagros y conquistas de alcoba, le dice todo. La barbarie está en pleno Buenos Aires, ya no es una idea flotando por encima de la “frontera” del lado de la pampa. El tema es cómo la encuentra Naipaul. Y otra vez desciende al nivel del discurso. Allí da con la sodomía incrustada en la lengua popular, y el resto del asunto, cómo el autor saca sus conclusiones y todo lo demás, es una verdadera iluminación para el lector.
Por eso los dos últimos textos significan una verdadera felicidad del razonamiento que se confirma con una semblanza de la autoridad de Mobutu en Zaire, poco tiempo después de la famosa pelea en Kinshasa entre Alí y George Foreman, y el nombrado ensayo sobre Conrad. En el primero de ambos, Naipaul hace una lectura tan aguda de la África post-colonial, que las explicaciones del mismo problema, hechas por un Eduardo Galeano (en “Patas Arriba”) todo tembloroso y ardido de compasión, resultan graciosas, sino un poco histéricas. En el segundo caso, “Las tinieblas de Conrad”, nos encontramos, aparte de un análisis sorprendente sobre las técnicas de representación de Conrad, en un verdadero manual sobre cómo escribir. Y para terminar de apreciar la excelencia de un libro así, habría que recordar que no solemos encontrar todas estas cosas juntas en un solo volumen.

Una actitud ante la historia, una actitud ante la tierra. La magia es importante en la Argentina; el país está lleno de brujas y magos y taumaturgos y médiums. Pero el visitante no debe hacer caso de esta cara de la vida argentina porque, según le dicen, no es real. El país está lleno de estancias; pero el visitante no debe ir a esa estancia concreta porque no es típica. Mas existe, funciona. Sí, pero no es real. Ni es real aquello, ni lo otro, ni lo de más allá. De esta forma, hablando, se elimina todo el país; y se encamina al visitante hacia el equivalente de una tienda de antigüedades gauchas. No es la Argentina en la que habita cualquiera, mucho menos la de tus guías; pero esa es real,  eso es la Argentina. “Básicamente, todos amamos al país”, decía un angloargentino. “Pero nos gustaría que fuese a nuestra propia imagen. Y ahora muchos de nosotros sufrimos a causa de nuestras fantasías.” Una negativa colectiva a ver, a adaptarse al país: una sociedad colonial fragmentada, artificial, a la que sus mitos han hecho deficiente y falsa.”

del texto: “El regreso de Eva Perón”

Calificación: Excelente.

Título original: The return of Eva Perón with The Killings in Trinidad
Editorial: Seix Barral, Barcelona, 1983
Traducción: Jordi Beltrán Ferrer
ISBN:84-322-4531-3

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5 comentarios en “El regreso de Eva Perón, V.S. Naipaul

  1. Me habría gustado que mencionaras lo que dice de nosotros, los uruguayos. De los empleados públicos sobretodo de las empleadas que cobran muy poco pero llenan las playas y no necesitan gastar mucho en comida.

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