No vi la luna, Leonardo de León

de León
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El volumen, recientemente ganador del Premio Nacional de Narrativa, consta de seis cuentos pintados con los mismos colores, con leves variaciones en la técnica. La muerte y el sexo, distorsionado este último, son el blanco y el negro de la película de este libro. Podría agregarse la presencia de la niñez o el nacimiento como un tercer elemento que les sirve de pared a los otros contrincantes de un partido de pádel. O de pelota. Y, pensándolo un poco mejor, la familia es el personaje, si se considera que los lazos de parentesco están en todos los relatos, siempre como los dadores de una disfunción que aprieta el gatillo de la trama, que se va revelando de a poco, con golpes sorpresivos introducidos con suavidad. El lenguaje tiende a ser enjuto, de enunciados más bien breves, que facilitan la carrera de los ojos por el papel. No está exento de giros poéticos, especialmente a la hora de las descripciones visuales, rubro que el autor administra prolijo y oportuno. Los personajes, desde los infantiles hasta los adultos y pasando por los adultos que recuerdan su infancia, han sido construidos de manera muy verosímil. Cada uno siente lo que puede sentir y hace lo que puede hacer, o no. Es por esta última razón, o una mezcla de las anteriores que, además del goce lingüístico y narrativo, las historias llegan a convertirse en algo físico y emocional. Para el buscador de referencias literarias también hay. Supe encontrar rasgos bastante explícitos en homenaje a Morosoli (aunque no tanto como se empeñara en decir alguien) y a Mario Arregui. Y tal vez podríamos agregar algo de Quiroga, recordando el título y el contenido de su famoso libro de cuentos. Por algún momento, las escenas de sexo me recordaron a Mempo Giardinelli, pero debo estar equivocado.

Y vi la sonrisa diabólica del autor que tuvo la virtud, en el mejor de los cuentos del libro, de destapar la boca de tormentas de la trama –y contradecirla- con una sola palabra.

Sólo hubo una o dos palabras en el texto que me sonaron desafinadas, tal vez por mi excesiva vigilancia frente a algunos vocablos que a mí se me ocurren demasiado confinados a un registro canónico. Pero sólo las encontré porque las busqué.

Me ha costado mucho conciliar el sueño en estos días después del reencuentro con Mabel. Anoche pasé varias horas dando vueltas en la cama hasta quedar atrapado en mi propio capullo, pensando en lo que había hecho, o en lo que habíamos hecho, con la esperanza de hallar una respuesta cabal de una vez por todas; la confirmación terrible y definitiva de mi don. Fue una noche densa cargada de pesadillas. Mabel entraba y salía del sueño como una aguja que borda una tela tirante. Me desperté exaltado en varias ocasiones, con un gusto salado en la boca. Después de la cinco todo fue en vano. Me quedé mirando el techo con los ojos apenas abiertos, sintiendo el ritmo agitado de mi respiración, reconociendo la flacidez del agotamiento en brazos y piernas. Pude ver la luz creciente del amanecer en las ranuras de la persiana. Decidí levantarme y preparar un trago cuando escuché que pasaban el diario por debajo de la puerta.

de “El don”

Calificación: muy bueno
Ediciones de la Banda Oriental (Colección Lectores),
Montevideo, 2010, 122 págs.
ISBN: 978 9974-1-0657-4

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5 comentarios en “No vi la luna, Leonardo de León

  1. Nacho, muchas gracias por la reseña. Tu lectura me hizo descubrir cosas nuevas… Supongo que es el proceso más sano y fructífero: el lector enriqueciendo las modestas intenciones del autor; muchas veces casuales.
    Saludos.

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