Los genocidas, Thomas M. Disch

Disch
****

La Tierra ha sido invadida. Es una invasión poco convencional, pues en lugar de ejecutar una conquista mediante el enfrentamiento bélico, los invasores se han limitado a sembrar el planeta de esporas. El resultado ha sido desastroso para la vida terrícola, pues las Plantas de los invasores son muy superiores a las autóctonas: crecen rápidamente hasta superar los cincuenta metros de altura, sus raíces forman una red que alcanza muchos cientos de metros de profundidad y absorbe vorazmente todos los nutrientes y agua del suelo (secan lagos enteros), su follaje es tan tupido que impide que el sol lo atraviese. Su presencia modifica el ecosistema total de forma irreversible. Hay un gran acierto del joven Disch (tenía apenas 25 años al escribir esta, su primera novela), y es situar el comienzo de la acción cuando la invasión verde ya está muy avanzada, de modo que nos ahorra los detalles casi burocráticos del desmoronamiento de la civilización, para ir directamente al nudo de la acción. Hay asuntos que, aún desde la lógica interna del relato, no son verosímiles, y casi todos están relacionados con la velocidad de los sucesos, es decir, en apenas un ciclo de las Plantas el mundo entero retrocede siglos hasta volver a organizarse en pequeñísimas comunidades agrícolas que se defienden de los merodeadores (los que habitaban las ciudades ya inútiles) asesinándolos. Si uno puede aceptar esos pequeños brincos, la historia se sostiene.

-Matar.
-Sí, a todos los demás, tuvimos que hacerlo.
-¿A las mujeres también?
-Es que tuvimos que hacerlo, ¿entiende? Papá lo explica mejor que yo, pero si no lo hiciéramos, vendrían los demás, muchos, todos juntos, y están muy hambrientos, y no tenemos comida suficiente, ni siquiera para nosotros. El invierno es tan frío. Lo comprende, ¿verdad?

Disch configura un buen grupo de personajes y comienza a someterlos a situaciones cada vez más desesperadas. Anderson, el anciano líder, sus dos hijos: Neil, el imbécil, y Buddy, el rebelde; su jovencísima hija, Blossom; sus yernas, Greta y Maryann; Jeremiah Orville, el extranjero, y otros, que se ven obligados a huir de los Incineradores (imagínense lo que se le hace a las hormigas que parasitan una planta de jardín, bueno… eso), refugiándose en el único sitio relativamente seguro del planeta: bajo tierra. Aquí comienza el periodo más claustrofóbico de la novela, con esta pequeña comunidad viviendo literalmente como gusanos, mientras el lector ha caído en la cuenta hace largo rato que este último bastión de la Humanidad no va a poder hacer nada contra los invasores, que no hay posibilidades de un verdadero resurgimiento, y que, en todo caso, la batalla y la modesta victoria se dará hacia adentro, y que lo que quedará luego de eso será la extinción. A buscar happy endings a otro lado, parece mascullar el sombrío Disch.

Si bien los personajes son bastante unidimensionales, aunque no estreotipados, todos procesan cambios que, salvo excepciones, resultan creíbles. De eso se trata la novela. El marco del género le sirve a Disch para establecer el escenario apocalíptico en el cual montar su drama humano.  El resultado es una novela entretenida y a la altura de sus intenciones.

Como todos los demás, Orville fingía odiar la invasión (…) pero en secreto la disfrutaba, se regodeaba en ella, no quería otra cosa. Antes de la invasión, Orville se encontraba en el umbral de una madurez gris y panzona; y de pronto se le imponía una nueva vida… ¡la vida misma! Aprendió a ser tan inescrupuloso como los héroes de las historietas que leyera cuando niño; a veces, tan inescrupuloso como los villanos. (…) Si esto era cierto para él, ¿no lo sería también para todos los demás sobrevivientes? ¿No sentían todos en su corazón esta clandestina alegría, como adúlteros secretamente juntos en una población desconocida? Debe ser así, pensó. Debe ser así.

Calificación: muy buena.
Título original:  The genocides.
Traducción: Ariel Bignami
Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1974.
Colección Galaxia.

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6 comentarios en “Los genocidas, Thomas M. Disch

  1. Me hizo acordar el comentario en algunas cosas a una novela de CF que recuerdo con mucho cariño: “El día de los trífidos” de John Wyndham… Tiene como bachecitos, también… pero no dejo de quererla a través de los años, más allá de ciertas cosas como medio arrancadas de los pelos…
    Abrazo grande.

    PD: ¿El “Rodolfo” del comentario anterior es uno que ataja?
    😛

  2. Claro, Damián acierta con la referencia a la clásica “novela catástrofe” de Wyndham; creo que es interesante leer “los genocidas” en relación a esa línea narrativa, que incluye tambíen a la trilogía de catástrofes de Ballard: “El mundo sumergido”, “La sequía” y “El mundo de cristal”. Donde Ballard incluye una nota de resignación, Disch trae la derrota inevitable y el impulso a sobrevivir, aunque no en el mismo registro que Wyndham.
    Lo curioso es que Disch luego cambiaría bastante. 334, por ejemplo, ya va en otra dirección.

  3. me quedé pensando… la novela de Disch puede leerse como uno de los pocos casos de terraformación al revés, no? acá se trata de otro seres que acondicionan la tierra a sus necesidades…

  4. Claro que sí, tenés razón… Si en Crónicas marcianas, por ejemplo, el arma letal de los humanos contra los marcianos fue la viruela (secos como hojas secas, quedaban los hombrecillos verdes-telepáticos), acá los alienígenas nos matan con soja transgénica. Ironías de la CF.

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