Las aventuras de Wesley Jackson, William Saroyan

Saroyan
*****

Toda novela de iniciación no sólo requiere la presencia de un protagonista joven –por lo general inmerso en los albores de la adolescencia- sino de un contexto más general que aliente la manifestación de esa personalidad en proceso. ¿Y qué mejor contexto que la guerra? ¿Y qué más inquietante y atroz para un norteamericano que la Segunda Guerra Mundial?
Al comienzo Wesley Jackson se define como un muchacho de diecinueve años con gran sensibilidad, humilde, desamparado, enemigo acérrimo de las mentiras, tímido y feo, muy feo. Pero lo más interesante es que su coyuntura se mantiene solapada, suspendida, como un yunque pendiendo de un hilo delgado aunque firme que no quiere ceder, pero puesto justo encima de su cabeza. Este modo de dimensionar las tensiones y contenidos de la historia constituye el primer acierto de otros tantos del libro. Veamos las primeras palabras de Wesley:

Tengo diecinueve años y mi canción favorita es Valencia. Supongo que todo el mundo tiene preferencia por una u otra canción. Sé que Valencia es la mía, porque siempre la estoy cantando u oyéndola cantar, incluso cuando duermo. (…) Uno no puede prescindir en este mundo de cantar, porque siempre hay algo que nos molesta, y las molestias desaparecen cantando.

Cómo ocurre con el Martín Fierro, el lector a esta altura ya comprende que algo incomoda a nuestro protagonista, y sobre todo que en él hay un deseo catártico inevitable causado por un peso que incluso atraviesa el umbral de la realidad e invade el plano de los sueños. Pero también se está definiendo una mirada, un enfoque de estilo que hace de ese peso, de ese “mundo”, de ese “algo” que es la guerra, un fenómeno presente pero incomprendido. Tal vez de ahí su alusión mediante palabras tan grandes como imprecisas.
La guerra acá no vale nada por sí misma, nunca interviene de un modo absolutamente explícito, sino que se sugiere a través de las historias y los estados de ánimo que suscita. Otra vez, el mundo vive y emerge desde el hombre. Y es en el hombre, en el prójimo, en los compañeros de litera, donde Wesley va desvelando su destino, el de su especie y el de su época; como una suerte de prisma que descompone la luz que llega de afuera, de todos lados, y desmadeja las tramas individuales en un arcoiris donde cada color es otro prisma y otros colores. Es así que nos vamos haciendo amigos de Victor Tosca, de Joe Foxhall, del Sargento Cacalokowitz, y avanzamos sin esfuerzo cada vez más comprometidos.
Este es un libro que nos sorprende a cada rato con pasajes inolvidables, de esos que provocan la envidia, el asentimiento y una puteada en señal de admiración. Saroyan no anda con vueltas. Fiel a ese estilo norteamericano tan ágil y profundamente sensitivo de narración, con pulso de maestro, nos pinta la historia del mundo. Humor, aventura, miedo, desgarro, pasión, sueño, ternura. El universo vivo en nuestras manos.

-Los cigarrillos son buena cosa –continuó Joe-. Sin ellos no habría manera de llevar a los hombres a luchar en la guerra. Los cigarrillos nos matan un poco… lo posible para que te dejes matar un poco más sin volverte loco. Porque hay algo dentro de ti que no quiere que le maten, y es preciso atontarlo; tienes que darle pequeñas dosis de muerte –sueño,  olvido, distracciones-, con cigarrillos, alcohol, o mujeres o lo que sea. Hay que estar adormeciéndole constantemente, porque es muy sensible. Puede poner a gritar si no le adormeces un poco. Normalmente lo haces con intenciones que son puramente inofensivas, pero en la guerra es preciso dormirle a cualquier precio por razones totalmente ofensivas. Tienes que hundirle en la subconciencia por si se presenta lo peor. La tragedia empieza cuando en lugar de dormirlo lo asesinas, porque entonces estás muerto, tu cuerpo sigue vivo, pero tu verdadera vida ha muerto, y esto es lo que más temo en este conflicto monstruoso y estúpido.

Calificación: excelente.
Título original: The adventures of Wesley Jackson
Traducción de Eduardo de Guzmán
Ediciones G.P, 1969, Barcelona
(Nota: comprado en la feria de Tristán Narvaja a 30 pesos)

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2 comentarios en “Las aventuras de Wesley Jackson, William Saroyan

  1. La segunda cita me resultó interesante. La primera, algo naïf. Siento que necesito un poco más de incentivo para lanzarme a la piscina de Saroyan, quizá si me contaras algo más concreto de Wisley, aunque sea un giro de una de sus aventuras (soy así de infantil, lo siento). Ah, y otra cosa, algo más que los norteamericanos comparten, su pasión por dejarse crecer esos frondosos mostachos a la Mark Twain…

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