La mancha humana, Philip Roth

Roth
*****

Un profesor universitario de larga y proficua carrera ve desmoronarse todo tras una acusación de racismo. La situación provoca, según él, la muerte de su mujer. Lo sabemos gracias al escritor que protagoniza el libro en una primera persona involucrada que recibe información y pasa, en determinado momento, a tomar la iniciativa en los actos. Aparece en escena Faunia, la amante del viejo profesor, como treinta años menor, sobreviviente de la más desgarradora tragedia y por lo tanto libre de abandonarse al sexo más desprejuiciado (¿animal?) con Coleman Silk, que así se llama el personaje. ¿Por qué mencionar lo del sexo desprejuiciado? Porque el narrador se encarga, de entrada, de explicar que corren tiempos de mojigatería, la época en que la mancha en el vestido de la becaria (judía) ponía en riesgo la continuidad en el cargo de Bill Clinton.  Porque el escenario de la historia es una universidad chica enclavada en una zona provinciana y de valores conservadores. Y es este uno de los puntales que se clavan en las vidas de los individuos. Además del sexo están el tema racial (blancos, negros, judíos) o la vida intelectual en todo su patetismo (con la terminología y las referencias de rigor). Y la injerencia del colectivo ineludible en las vidas de las personas, para desviarlas, mandarlas a la destrucción, juzgarlas, reivindicarlas, lo que convenga en el momento. Puede ser el gobierno que manda a la gente a Vietnam o puede ser el reducido círculo del profesorado de Athena.

Hasta que su asesor le dice: “Mira, Delphine, en este mercado consigues tu puesto importante a partir de otro puesto. ¿Profesora visitante en la Universidad de Athena? Puede que no hayas oído hablar de ese centro, pero yo sí. Es una institución perfectamente respetable. Y el puesto es perfectamente respetable para ser tu primer empleo”. Sus compañeros licenciados extranjeros le dicen que es demasiado buena para esa universidad, que se sentirá déclassé, pero sus compañeros licenciados norteamericanos , que matarían por un puesto docente en la sala de calderas de los almacenes Stop & Shop, creen que esa aspiración a salirse de su sitio, a no conformarse con la posición que tiene, es una característica de Delphine. Esta presenta a regañadientes su solicitud… y acaba con la minifalda escocesa y las botas sentada ante la mesa del decano Silk. Para conseguir su segundo empleo, el empleo fantástico, primero necesita el empleo de Athena, pero lo que el decano Silk escucha durante casi una hora es suficiente para negarle el puesto. Estructura narrativa y temporalidad. Las contradicciones internas de la obra de arte. Rousseau se esconde y entonces su retórica lo delata.

El drama humano está ahí brillando y pulsando como lo hace en las grandes heridas. Aparece a golpes de trama, que se tuerce sobre sí misma y se revela mostrando la capacidad de la gente para vivir en irónicas tragedias griegas (sí, eso enseñaba Silk además de haber sido un decano revolucionario), para sobrevivir apelando a los recursos más inesperados. En algún pasaje, tuve alguna resonancia de “El lector” de Schlink, y obviamente no diré por qué.

Es llamativa la alternancia de las secuencias textuales que componen el texto, solidarias y graduales en sus transiciones. Hay importantes trechos en los que prevalece la reflexión, donde el relato se suspende a favor de la creación de una sensación térmica de pensamiento que de pronto deviene una revelación narrativa. El discurso se evalúa a sí mismo e incluso los personajes lo hacen, con unas voces bien propias y audibles.

Es, al mismo tiempo, una narración interesante y una reflexión filosófica acerca de la condición humana que, como ya el título anuncia, no sale muy limpia del análisis. El conjunto es de una coherencia propia de los grandes argumentadores, al punto de que llegué a aceptar que el personaje fuera escritor y se hablara de literatura.

No faltaba nada en East Orange. ¿Y cuándo? Antes. Antes de la renovación urbana. Antes de que abandonaran a los clásicos. Antes de que dejaran de regalar la Constitución a los graduados de Enseñanza Media. Antes de que hubiera clases de recuperación en las universidades que esneñaran a los estudiantes lo que deberían haber aprendido en la Enseñanza Media. Antes del mes dedicado a la Historia de la Negritud. Antes de que persiguieran a un profesor universitario por decir “negro humo” en clase. Antes de que ella subiera la cuesta para comprar en West Orange. Antes de que todo cambiara, incluido Coleman Silk. Entonces todo era diferente…, antes. Y, se lamentaba ella, nunca volvería a ser lo mismo, ni en East Orange ni en ningún otro lugar de Estados Unidos.

Calificación: excelente
Título original: The human stain
Traducción: Jordi Fibla
Debolsillo, Argentina, 2008, 430 págs.

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2 comentarios en “La mancha humana, Philip Roth

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