La voz, Arnaldur Indridason

Indridason
***

Está por ser Navidad y, en el segundo mayor hotel de la ciudad, está lleno de turistas extranjeros e islandeses, los locales. El muerto aparece en un cuartucho donde vivía, disfrazado de Papá Noel, con los pantalones bajos y un condón puesto. Ese (el occiso) es el piolín del que se tira para que se desentierren los hechos a partir de la investigación, que empieza por descubrir que había sido un niño con una voz prodigiosa. El personaje es el policía Erlendur Sveinsson, cuya historia traumática y típicamente islandesa se entremezcla emocionalmente con la del muerto, que también aparece matizada por otra investigación conducida por una colaboradora, al estilo CSI pero mejor. Las preocupaciones esenciales de Arnaldur persisten: la familia como punto de partida de las vidas torcidas, las violencias, las drogas, el sexo combinado con todo lo anterior. En eso se parece a los otros nórdicos. Me gustaría saber si ya hay casos de narradores uruguayos que hayan puesto su foco en este asunto, es decir, si la vida se ha colado en la literatura. El libro se lee ágilmente, como corresponde a su género, y muestra una densidad más aguada que “La mujer de verde” y “Las marismas”, sobre todo en una trama que parece ajustarse mucho a la máxima de mantener la incógnita hasta el final, donde se lleva las culpas el mayordomo aunque, justo es decirlo, el desenlace no llega a ser traído de los pelos. Es correcto. Lo sostienen dos cosas: la profundización psicológica combinada con la búsqueda de raíces en el tiempo y la continuidad de la historia de Erlendur y su hija, que me obligarán seguramente a afincarme en el autor al que, en este caso, hizo una historia que se puede calificar como “buena teniendo en cuenta el género”.

Cuando Elínborg regresó de Hafnarfjördur esa tarde, se dirigió directamente al hotel para hablar con Erlendur.
Subió a su planta y llamó a la puerta, pero al no obtener respuesta volvió a hacerlo; y una tercera vez. Estaba a punto de marcharse cuando finalmente se abrió la puerta y Erlendur la hizo pasar. Se había dormido mientras pensaba, y tenía la cabeza en otro sitio cuando Elínborg empezó a contarle lo que había descubierto en Hafnarfördur. Había hablado con el antiguo director del colegio de primaria, un hombre de edad ya muy avanzada que recordaba bien a Gudlaugur, aparte de que su esposa, que murió diez años atrás, había sido muy buena amiga de la madre del muchacho. Con ayuda del director localizó a tres compañeros de clase de Gudlaugur, que aún vivían en Hafnarfjördur. Uno de ellos había asistido al recital del Cine Municipal. Habló con antiguos vecinos de la familia en Hafnarfjördur y con personas que tuvieron relación con ella en el pasado.
-En este país de enanos, nadie tiene derecho a destacar –dijo Elínborg, sentándose en la cama-. Nadie puede ser diferente en ningún sentido.

(Este tramo, además de representar al libro, me recuerda otras cosas.)

Calificación: bueno
Título original: Röddin
Traducción: Enrique Bernárdez RBA libros, Barcelona, 2010, 332 págs.
ISBN: 978-84-9867-699-0

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8 comentarios en “La voz, Arnaldur Indridason

  1. Nacho: ¿me podrías desarrollar un poco más esta frase: “Me gustaría saber si ya hay casos de narradores uruguayos que hayan puesto su foco en este asunto, es decir, si la vida se ha colado en la literatura.”? Porque no la entendí.
    Un abrazo.

  2. Me da la impresión de que estos nórdicos hacen una especie de “policial de denuncia” o “sociológico”. Es decir, a partir del gatillo policial, describen esa sociedad. Ahora que leo la expresión la veo más ambigua que cuando la escribí. Buscaba equivalentes al tipo de narrativa de Indridason, Mankell, Larsson. No los recordaba. Si me pongo a pensar en policial, me viene uno de Fornaro que era bastante más canónico (más chandleriano). No sé. No es una idea clara. Capaz que justamente hice la pregunta por ignorancia. Me encantaría recibir la lista. Pavadas de un sábado de tarde.

  3. Nunca leí a Indridason, pero si a Mankell, Stieg Larsson, Asa Larsson y Jo Nesbo (noruego). Y si, estoy convencida que ese género del norte helado se mete con todo: la familia, el racismo, los sami, la iglesia (Asa sobre todo), los nazis de ayer y de hoy, la violencia con las mujeres, la KGB. Sacan a luz la contradicción existente entre el discurso oficial replicado por los propios suecos y una realidad diferente.

    Ahora leeré a Indridason, gracias a ustedes. Saludos.

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