La conjura de los necios, John Kennedy Toole

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Kennedy Toole

Hay libros especialmente inseparables de la biografía de su autor y quizá este sea uno de los más representativos en ese rubro. El suicidio de John Kennedy Toole le agregó a la historia de La conjura de los necios la dosis necesaria de morbo público para convertirla en una novela inolvidable y, probablemente, en una de las obras imprescindibles del siglo XX. Así, es difícil pensar en el mastodóntico Ignatius J. Reilly sin imaginar a Toole, depositando en él todo su dolor en un intento de sublimarlo del modo más irónico y paródico que pudo. Es por eso, quizá, que por momentos la acción alcanza picos donde uno piensa: “¡por favor, ¿qué más puede pasar?!”, llegando al nivel de un caos de carnaval. La farsa carnavalesca de origen francés, el mardi gras (fiesta tradicional de la zona de Louisiana y más aún de Nueva Orleans) es mencionada como referencia más de una vez, y nunca faltan los trajes, máscaras y disfraces, como elemento repetitivo a lo largo de toda la historia. Ignatius disfrazado de pirata, el oficial Mancuso disfrazado de cowboy, de granjero, de cosaco, la ingenua Darlene vestida de chica sureña, Lana Lee pretendiendo ser una maestra de primaria en sus fotos pornográficas, los amigos del díscolo Dorian Greene y su loca fiesta de antifaces (Timmy, el marinerito), etc. Ya sea obligados por las circunstancias, por pura diversión o como medio de conseguir sus objetivos, casi todos los personajes de La conjura… se disfrazan en algún momento, y al hacerlo terminan de revelársenos. Decía Wilde: “sáquense las caras que les quiero ver las caretas”. Bueno, algo de eso hay.

Ignatius es el hilo que engarza toda una troupe de personajes fracasados, marginados, cada uno reaccionando ante su soledad a su propio modo. Y es Ignatius, por supuesto, el personaje de la máscara más elaborada y de la soledad más absoluta. Un hombre (gigantesco) de treinta años que vive con su madre y que pasa gran parte de su tiempo anotando en sus cuadernos Gran Jefe lo que él llama “su visión del mundo”. Anotaciones como ésta:

Pese a lo que han estado sometidos, los negros son una gente bastante agradable en general. Yo había tenido poca relación con ellos, en realidad, pues sólo me relaciono con mis iguales, y como no tengo iguales, no me relaciono con nadie.

La vida de Ignatius es la absurda y constante construcción de una fachada que funciona como barricada entre él y el mundo. Sus delirantes planes, su excentricidad, su incongruencia, su ridiculez, hacen que durante largos episodios todo sea atrozmente divertido. Es la risa (los eructos, los gases, los insultos) la que nos hace pasar por alto entonces el verdadero origen de toda aquella puesta en escena, que es la increíble tristeza del pobre Reilly, en torno al cual todo se envuelve y se desenvuelve siempre de la manera más apabullante. Es el hilarante negro Jones (de profesión, barrendero de burdel, vago y huésped de la policía) el que dará, hacia el final de la novela, una definición bastante exacta del hombre de la gorra verde:

Ese gordo chiflao es una bomba nucular garantizá al cien por cien. Mierda. Se lo echas encima a alguien y resulta que tó el mundo queda atrapao en la lluvia radiactiva. Le vuela el culo a todo el mundo. (…) Las cosas pueden empeorá todavía má. Yo podría sé, por ejemplo, aquel gordo desgraciao. ¡Puaf! A un tipo así pué pasarle cualquier cosa. ¡Sí, señó!

John Kennedy Toole tenía 32 años cuando decidió morir asfixiado por CO2 del escape de su automóvil. Hacia el final de La conjura… ocurre algo que salva a Ignatius J. Reilly: aparece Myrna Minkoff (una hippie a quien supuestamente detestaba) y se lo lleva. Literalmente lo salva de ser internado en un psiquiátrico. “Habrá un lugar en el cielo para ti, muchacha”, le dice, “larguémonos a toda prisa”. Y ambos se van a Nueva York en un Renault bastante maltrecho. Entonces uno cierra el libro y se queda pensando en lo bueno que hubiera sido que Toole hubiese esperado un poco más, aguantado un poco más, la aparición de su propia Myrna, su propio auto destartalado, su propia salvación personal envuelta en un poco de amor.

Calificación: muy bueno.
Título original: A Confederacy of Dunces.
Traducción: J.M.Álvarez Flores y Ángela Pérez.
Editorial Anagrama, octava edición, 1995.
ISBN: 84-339-2042-1

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16 comentarios en “La conjura de los necios, John Kennedy Toole

  1. Lo lei hace mil años (bueno, más o menos, ponele que hace 12). La pucha, me estoy dando cuenta de que se me borronea bastante la historia. Me acuerdo del negro Jones, sobre todo porque leí una traducción espantosa que transformaba el slang vernáculo en una especie de balbuceo andaluz intolerable. También me acuerdo de que no dejaban de sorprenderme las situaciones absurdas, una más demente que la otra. Y de alguna escena final en una gran fábrica. Cuestión que, aunque reconozco la genialidad del autor, me resultó un poco pesado de leer. Hubo momentos en los que le puse voluntad para avanzar y terminarlo. El otro de él, “La biblia de neón”, es más trágico y menos extravagante pero es genial.

  2. Analiala, bienvenida. Por momentos, sí, la cosa se pone cuesta arriba y hay que ponerle un poco de “voluntad de lector” para sobrellevar los baches. La escena de la fábrica a la que te referís ha de ser cuando Ignatius pretende organizar una revuelta entre los negros trabajadores de Levy Pants, revuelta que consiste en un intento de linchar a González, el administrador (un hombre bueno, tonto y desolado). La revuelta termina cuando uno de los negros maltrata una plantita de Ignatius. En fin… creo que es una novela interesante, pero me asombran un poco los galardones (el Pulitzer), y eso de poner a Kennedy Toole entre los novelistas más importantes de la historia norteamericana me parece pura demagogia. Quizás a los críticos y reseñistas sólo les satisfacen los escritores mártires (y muertos).

  3. ¿Muy bueno? Esta novela es un claro “excelente”. No concuerdo con la calificación que le otorgó a la novela el Sr. Cabrera…

    Abrazo!

    1. Usted, Sr. Muniz, opina que es un claro excelente; yo, que es un muy bueno (que por momentos tambalea), y para el Sr. González Bertolino es un bueno, apenas. Me alegra que sea usted un entusiasta. Saludos.

  4. Ojalá hubiera usado algo de ese entusiasmo el sábado pasado, cuando el equipo lo precisó. O, mejor dicho, no haber malgastado ese entusiasmo en acrobacias improductivas… (Creo que estoy dejando en claro que quiero que el próximo match venga con más rosca, ¿no?)
    (Abrazos. Muy bueno el blog…)

  5. Empecé a leer esta gran libro atraída e intrigada por su título. Cada vez que pasaba por una librería y me topaba con él, sentía la necesidad de comprarlo pero por desgracia siempre estaba enfrascada en alguna otra lectura. Hasta que por fin le tocó su turno y no me defraudó en absoluto, uno de los mejores y más originales libros que he leído hasta el momento. Sólo me quedó una espinita cuando lo terminé… y es ¿Qué significa realmente el título? ¿Es Ignatiuos ese sabio en torno al cual se conjuran los necios? Si alguien lo tiene claro, aquí abro una puerta para que de luz a este asunto 😀

    1. María (bienvenida al club): Del epígrafe del comienzo de la novela Kennedy Toole saca el título: “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él” (de Johnathan Swift, en Thoughts on Various Subjects, Moral and Diverting). Yo creo que hay un enorme chiste irónico en lo de los necios conjurados. El chiste es subvertir el orden del enunciado, pues no basta que existan los necios conjurados para que el contraparte sea un genio. Eso es lo que hace Ignatius, pensar que el mundo entero está contra él, lo que confirma que él es un genio, que toda la incomprensión y soledad que ha de soportar se debe a su carácter genial. Luego, puestos a mirar el mundo en el que vive Ignatius, encontramos una sociedad que, especialmente cuando trata de ser seria y bienpensante (la Sra. Levy, por ejemplo), es más patética y triste. Ignatius es genial (al menos en el sentido de inusual), quizá, por ir a contramarcha de esa sociedad. La suya no es una contramarcha muy afortunada (o sea, el tipo no tiene oportunidad de salir bien parado), pero al menos es lo bastante empecinada y caótica para ser muy divertida.

      1. Hola a todos, empiezo diciendo que este libro es para mí una joya. No se que tanto debe su fama a la morbosidad del lector por el destino del autor, soy de suponer que una minoría conoce ese destino antes de tener el libro en su regazo, dispuesto al banquete o la indiferencia. La oposicion que se señala desde el vamos, tiene para mi gusto una raíz quijotesca desde varios puntos de vista: la incompatibilidad entre dos mundos, el increíble humor, lo estrafalario de Ignatius en todo su volumen. Recuerdo, que el libro me fue recomendado hace mucho tiempo por un amigo entrañable y gran lector, que ya no está; tardé años en seguir su consejo vayase a saber por que. A poco de conocerlo, Ignatius se transforma en alguien con quien simpatizamos en tantas cosas, alguien a quien frecuentaríamos de buena gana, pero con quien no nos atreveríamos a convivir.
        PD tirón de orejas para quien revela el fin de la historia en su comentario !
        Me gusta el blog, saludos.

      2. Giovanni:
        gracias por pasar, leer y comentar. Me alegra que el blog te resulte interesante y asumo el tirón de orejas (aunque creo que la reseña necesitaba de esa revelación un poco indiscreta, y pienso que, después de todo, no se trata de una obra cuyo disfrute dependa de ignorar el desenlace).
        Saludos.

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