Estambul, Orhan Pamuk

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Pamuk

Cuando se llega a la mitad de este libro se encuentra una de las explicaciones de por qué el lector puede estar fascinado. Comentando la obra del historiador estambulí Resat Ekrem Koçu, Pamuk (cita de Nietzsche mediante) deja algunas palabras sobre ese tipo de historiador que, cegado por los hechos del pasado, convierte la Historia de su ciudad en la suya propia. Digamos, sin embargo, que esto es precisamente lo que hace de “Estambul” un libro poderoso, y a conciencia. Pamuk se sirve de ese impulso o esa tentación, pero la trasciende a lo largo de un libro en el que deja constancia de algo más que fechas, lugares y acontecimientos de la ciudad en la que vivió toda su vida. La extremada sensibilidad de este escritor no se deja llevar por un plan más o menos usual o sistemático. Si pasan por las páginas los lugares más emblemáticos de Estambul (el Cuerno de Oro, el Bósforo, Santa Sofía, Nisantasi) es solamente con la finalidad de captar algo que podríamos llamar “un aire”. Pamuk está preocupado por definir una forma de la sensibilidad que se posa por sobre todas las cosas y las personas de su ciudad, y eso, la sola intención de animarse a hacerlo, de buscar la definición de algo tan intangible y elusivo, es de por sí elogiable. El resto es una confirmación. La confirmación de esa tesis en los recuerdos brillantemente descriptos de su familia rica venida a menos, en las fotografías del medio siglo turco, en las noticias rescatadas de los diarios, etcétera… Y la última confirmación es que Pamuk lo logra. Logra convencer al lector del carácter distintivo de la sensibilidad de un espacio, de la sensibilidad agazapada en las pequeñas cosas y gestos de la vida común y corriente.
Utilicé más arriba el término “elusivo” bastante a propósito, porque desde el inicio el autor (en el capítulo titulado “El otro Orhan”) instala la idea de la vida que está ocurriendo en otra parte, o que podría haber ocurrido. Es un sentimiento apremiante, y esto lo lleva a Pamuk a distinguir la idea de “amargura” que atraviesa la cultura turca desde la caída del Imperio Otomano, una idea que es auténtica y clisé al mismo tiempo. Si la vida no está aquí, si la vida no es esto que tengo, o si su valor intenso parece en realidad desplazado, sostiene Pamuk, entonces es necesario interpelar su idea. Una actitud que le es funcional a una ciudad como Estambul, cuya ubicación no la vuelve especialmente ni oriental ni occidental y cuya cultura tampoco lo sería. Una ciudad de paso, donde nadie ni nada busca arraigarse porque parece que se está aguardando algo que está por suceder (el tan esperado terremoto de Estambul, otro tipo de desgracia, una alegría, etcétera). Una ciudad donde nadie parece llegar para quedarse, o donde Orhan Pamuk, el Orhan que escribió este libro, y no otro, eligió vivir toda su vida, la vida que sea.

Al acercarnos a alguno de los muelles, disminuía el ruido del motor del barco, que recordaba al de la máquina de coser de mi madre, y, como las ventanas ya no temblaban, se veían las aguas tranquilas del Cuerno de Oro, las abuelas que subían al barco con cestas y gallinas y pollos en el muelle de Fener, las estrechas calles del antiguo barrio rumí de atrás, fábricas, depósitos, barriles, neumáticos viejos y carros de caballos de los que todavía deambulan por la ciudad, todo en blanco y negro y con unas líneas tan definidas y claras como las de las postales de hacía un siglo. Al ponerse en marcha de nuevo el barco y dirigirse hacia la orilla cubierta de cementerios, las ventanas comenzaban a temblar otra vez y, con el añadido del espeso humo oscuro que salía de la chimenea, el paisaje parecía más triste y fotográfico. A veces el cielo se oscurecía, pero de repente aparecía una fría luminosidad de nieve como si se tratara de una película que empieza a arder por una esquina.

del texto: “El barco del Cuerno de Oro”

Calificación: Excelente.

Título original: Instanbul. Hatiralar ve sehir
Editorial: De Bolsillo / Mondadori, Barcelona, 2008
Traducción: Rafael Carpintero
ISBN: 978-84-8346-418-2

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8 comentarios en “Estambul, Orhan Pamuk

  1. En la edición de adn de La Nación de hoy saieron un par de notas muy asimilables a este libro de Pamuk.

    La primera de ellas está vinculada de forma directa:

    http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1314168

    Pamuk habla sobre la vista del Bósforo que hay a través de la ventana del estudio en el que trabaja. Además hay una ilustración de esa vista hecha por Matteo Pericoli.

    La segunda nota discute esa idea de la tristeza o la amargura que plantea Pamuk, ahora que Estambul fue nombrada capital de la cultura europea por todo 2010. Una periodista argentina recorre la capital turca y dice esto:

    http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1314173

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