Diario del viaje desde Montevideo al pueblo de Paysandú, Dámaso Antonio Larrañaga

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Larrañaga

Considerado como el primer gesto narrativo importante de la narrativa uruguaya, el diario del viaje que Dámaso Antonio Larrañaga realizó junto a otros tres diputados del Cabildo de Montevideo hacia Paysandú es un texto que hoy (a casi dos siglos de haber sido escrito) concita varios intereses que no son ajenos a nuestra actualidad. La delegación de la que formó parte Larrañaga atravesó los campos del litoral uruguayo prácticamente al comienzo del invierno de 1815 con la finalidad de entrevistarse con José Gervasio Artigas, cuya comandancia tenía asiento en Paysandú. De la misión que llevaban y de lo que tenían que resolver con Artigas, poco o nada se cuenta en los apuntes de Larrañaga. Pero quedan de eso un par de páginas en las que se retrata de primera mano a nuestro prócer, cuya vida “espartana” contrasta con el par de descripciones que se hacen a la ida y a la vuelta del joven Fructuoso Rivera.
Veintiséis días tardó en total la ida y la vuelta de la delegación, pero el diario de Larrañaga se concentra más que nada en los primeros quince días de la ida, y a los once restantes los bate de un plumazo con observaciones algo más escuetas, como si la tensión de la ida y de la misión que lo llevaría a encontrarse con Artigas generara un impulso narrativo indisimulable. Más allá de ese detalle, la escritura de Larrañaga encuentra espacio para registrar particularidades de la fauna, la flora, las costumbres y, cosa que me ha resultado bastante llamativa, el estado de los templos y las imágenes de cada pueblo. Las anotaciones sobre el paisaje, como ha señalado la crítica, anticipan las de los montes donde se ocultan los matreros en “Ismael”, de Acevedo Díaz, o los panoramas generales que comenta el protagonista de “La tierra purpúrea”, de W.H. Hudson. Y, por cierto, el estado general de pobreza y de falta de iniciativa de la campaña no dista mucho del que denunciará medio siglo después José Pedro Varela en “La legislación escolar”. Todo esto si no se quiere seguir agregando aspectos que podemos observar hoy en día, como el de la posesión y la explotación de la tierra. Pero lo que más se destaca por sobre todo el conjunto de anotaciones escuetas que conforman el diario, es la sensación del desplazamiento, lo que no es un aspecto menor en el arte de narrar. Creo que eso se logra de manera muy sugestiva con algunos detalles precisos, y que están en cómo se nombra la llegada de las noches, las comidas, el temor a la aparición de los “tigres” o de los perros rabiosos que asolaban la campaña. Es decir, creo que la importancia de este texto, más allá de lo histórico, también está dada por ofrecer por primera vez un marco narrativo, una serie de posibilidades narrativas que se vendrían a desarrollar más adelante y que hoy, me temo, salvo algunos pocos notables ejemplos, ha caído en desuso.

A las 2 de la mañana llegó una carreta con los equipajes y la carretilla dentro. Luego que nos levantamos fue nuestro primer cuidado habilitarnos de un eje, el que para las once de la mañana estaba concluído, y nos dispusimos a marchar. Pero estando en este estado, tuvimos la desagradable noticia que dos indios tapes hermanos que cuidaban de las mulas, y que habían ido a los Cerrillos por otras más, sin duda ebrios se pelearon, y uno de ellos cosió al otro a puñaladas, y últimamente ciego y olvidado hasta de los más íntimos sentimientos de la sangre, lo degolló, dejándolo tendido en el campo. Por la mañana vinieron ambos a la villa, el uno para darle sepultura en el cementerio, y el otro para asegurarlo en la cárcel, desde donde fue remitido a la ciudad.

 

Todo este camino es llano, y tan abundante de pastos que así que nos ladeamos un poco nos parecía que íbamos sobre un colchón de heno: tanta es la grama de que están cubiertos estos campos, principalmente en el día, en que no hay aquellas manadas de caballos y ganados que en otro tiempo había.

Calificación: Bueno.

Editorial: Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 2007.
ISBN: 978-9974-1-0464-8

 

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7 comentarios en “Diario del viaje desde Montevideo al pueblo de Paysandú, Dámaso Antonio Larrañaga

  1. Me encantó el diario!!! Además en las primeras vueltas pasa or san josé y se queda en el norte del departamento en unas “ventas del mal abrigo” que en realidad eran unos ranchos rotosos, y el pueblo-paraje hoy se llama Mal Abrigo y tiene unos quinientos habitantes. Me encanta ese efecto de la literatura en la geografía!!!

  2. Y muy acertadas las las relaciones con hudson y acevedo y yo además le agregaría el hudson de días de ocio en la patagonia, que en los tramos descriptivos es igualito. Y además el primer retrato de artigas del que parte toda la iconografía posterior, apenas un párrafo!!! Un buen ejemplo de traducción intersemiótica, diría Jakobson.
    ja… cómo me tocaste la fibra con esto!!!

  3. jjajjaja…
    ¡¡Pará, pará!!! ¡¡¡Que recién ahora me doy cuenta!!!
    ¿Y qué apellido tiene el religioso que lo recibe a Larrañaga en San José?
    ¿eh?
    ¡Increíble! Empezá a revisar el árbol genealógico.
    Abrazo grande.

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