La fortuna del perdedor, Graham Greene

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Absolutamente adorable novela breve de Graham Greene, La fortuna del perdedor cuenta la historia de Bertram y Cary, pareja de novios a punto de casarse que, por las vueltas de la trama, acaban contrayendo las nupcias en Montecarlo y hospedándose en un lujoso hotel como muestra de generosidad por parte del misterioso jefe de Bertram, el Sr. Dreuther, conocido entre sus empleados como el Gom. Allí, Bertram le comprará a un viejo, en la calle, un sistema infalible para ganar en el Casino. El precio será un whisky.

Ideal para leer en una noche de verano, con las ventanas abiertas y las cortinas danzando en el aire apenas fresco, La fortuna del perdedor (estupenda traducción, además) puede generar cierta nostalgia en el lector que quizá reconozca en ella un tipo de historias que probablemente nunca vuelvan a escribirse. Llena de simpatía, de buen humor, de encanto, la historia de Greene consigue lo que pretende, suspender el mundo por un momento, apenas durante el par de semanas que Bertram necesita para aprender qué es lo que pierde el que gana y qué es lo que gana el que pierde, apenas el par de horas que el lector tarda en recorrer ese deleite nacido de un tiempo que no es este.

Para la cita, me quedo con la presentación indirecta de Dreuther. Aquí Bertram, mero contador auxiliar de la empresa, apenas regresado de almorzar, recibe el aviso de que ha sido llamado a la oficina 10 del piso 8.

-¿Quién está en la oficina 10? –insistí esta vez con el ascensorista.
-¿Cuánto tiempo hace que trabaja aquí? –preguntó mientras subíamos.
-Cinco años.
-Ya debería saber de quién es la oficina 10.
-Pues no lo sé.
-¡Cinco años y no sabe eso!
-Sea un buen muchacho y dígamelo usted.
-Octavo piso –anunció-. Tome a la izquierda –y mientras salía del ascensor rezongó-: ¡No saber quién está en el escritorio 10! –Pero antes de cerrar la puerta agregó-. ¿Quién le parece que sea? ¡Allí está nada menos que el Gom, mi estimado señor!
La noticia me hizo caminar despacio. No creo en la suerte. No soy supersticioso, pero me pasa como a todos los que han llegado a los cuarenta sin conocer el éxito, que estoy bastante convencido de mi mala estrella. Jamás me había cruzado con el Gom. Sólo lo había visto de lejos un par de veces y no había mayores posibilidades de que volviera a verlo. Ya era viejo, se moriría antes y yo asistiría de mala gana a su entierro.  Por eso, el hecho de que me llamara ahora al octavo piso me hacía estremecer. Me preguntaba qué tremendo error habría cometido para que se me hiciera comparecer ante el Gom (…) Lo llamaban Gom todos los que no lo querían o estaban demasiado lejos para sentir algo por él. Era tan imprevisible como el tiempo. (…) En Navidad, cada miembro del personal recibía un saludo mecanografiado (la gentileza debía llevarle un día de trabajo a los dactilógrafos) pero la firma que se leía debajo, “Herbert Dreuther”, estaba estampada con un sello. Siempre me sorprendió que no firmara simplemente: Gom. En la época de aguinaldo y obsequio de cigarros (muy variable en cuanto a cantidad), solíamos llamarlo por el nombre completo: el gran Viejo.

Calificación: excelente
Título original: Loser takes all (1955).
Editores Cele Srl, 1979. Club del libro de Radio Sarandí
Traducción: María Inés Silva Vila

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12 comentarios en “La fortuna del perdedor, Graham Greene

  1. Nacho:
    cuando escribí esa frase estaba pensando en cierta literatura contemporánea tan… quizá la palabra sea “reconcentrada”, que no se permite a sí misma cierta ligereza, ciertos respiros. Es como una literatura que está todo el tiempo con los mocasines bien calzados. Para seguir la analogía, esta novela de Greene sería un paseo en chancletas por la playa en más de un sentido, por el tema y el tono, sí, pero también por el espíritu lúdico. Pienso (ojalá erroneamente), que en este tiempo es difícil no auto-censurar lo que de cursi o romántico puede haber en nosotros mismos como autores. Presentimos que el mundo no soportaría una novela que pueda merecer el mote de “adorable”. Más o menos pensaba eso al escribir la reseña. Gracias por preguntar.
    Un abrazo.

  2. Nacho:
    volví a entrar acá y me acordé de algo… de una excepción muy clara que demuestra lo equivocado que puede estar mi pesimismo respecto al futuro de cierto tipo de producciones. Poby y Dingan, una novela de Ben Rice, un joven escritor inglés. Esa es una novela adorable, también, y contemporánea que leí hace un tiempo. Me la prestó LDL.
    Saludos.

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