Los autonautas de la cosmopista, Julio Cortázar/Carol Dunlop

Cortázar/Dunlop
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Hay más de sesenta paraderos en la autopista que conecta París con Marsella, y luego de una temporada difícil Cortázar y Dunlop deciden recorrerlos a razón de dos por día con la condición indeclinable de nunca salir del camino. Pueden hacer uso de los servicios que vayan saliendo al paso –supermercados, hoteles, restaurantes- siempre que no rompan ese precepto. Esto hace un total de treinta y dos días de Odisea voluntaria donde los expedicionarios se empeñan en realizar un detallado registro literario y fotográfico de sus impresiones. De la mera crónica a la descripción paisajística, de lo fantástico a lo terrenal y bucólico, pasando por incursiones narrativas de diversa naturaleza y sin abandonar jamás el atractivo de un juego entre amigos y amantes escritores, este es un libro que retrata superficies y profundidades.
Pronto ese viaje de dos personas en una camioneta Volkswagen Combi sobre la autopista pasa a ser otra cosa. Cortázar es el lobo y Dunlop la osita, seres con idiosincrasias particulares que viajan sobre Fafner, un dragón de cuatro ruedas que no tarda más de quince minutos en ir de un paradero a otro. Y la autopista se transforma en el lomo de una lombriz ancha y ruidosa que condesciende a esa lenta disección de los viajeros, y se deja estirar la piel hasta quedar clavada por delicados alfileres de literatura sobre la corteza del paisaje.
Entonces ese lugar de tránsito se transforma en un lugar de estadía. El tiempo sale de su mutismo y adquiere un relieve inquietante. Los turistas, camioneros, visitantes ocasionales de toda travesía, son ahora sus protagonistas. Y el paisaje, el sordo paisaje indiferente de los márgenes es quizás contemplado por primera vez.
Pero hay algo más detrás de esta aventura, algo más de un alegato en contra al cemento de la civilización, y me refiero a la historia de amor que late bajo los textos que componen este diario. Porque esa mirada permanentemente alerta no siempre está dirigida hacia el entorno, sino que por momentos hace foco en el otro, en el compañero amado, y a veces también se pliega sobre sí misma; haciendo del libro una bitácora del amor y de la vida.
No quiero adelantar demasiado, pero diré que en medio de toda esa selva caliente de textos hay uno que se ganó un sitio de cumbre en mi biblioteca personal. Y está claro que después de dormir, comer, sentir y acariciar cada aventura, la despedida duele demasiado.
La piel de la lombriz se levanta y hace saltar los alfileres. Luego se va enrollando de a poco hasta juntar los extremos. Cauteliza, se cierra para siempre y algo de nosotros queda dentro, reptando quietos por la autopista, por el mundo, por la vida de dos amantes muertos pero vivos.

Sabe, pálido lector, que cada vez que uno se abstiene verdaderamente de morir, resulta de eso un verdadero nacimiento, tanto más precario y doloroso en cuanto se emerge de las tinieblas sin otra madre que uno mismo, sin otra contracción que una voluntad que no siempre se alcanza a comprender muy bien. Durante largo tiempo la mente se acordará de los días en que no lograba mantener contacto ni con el cuerpo ni con el exterior, y la vida entera, sin esa mirada, parece mucho más frágil que el cuerpo que la contiene. Uno se sorprende a sí mismo avanzando al tanteo en un mundo sin embargo lleno de luz, a volver poco a poco de nuevo a las gentes, como si pudieran quebrarse al menor contacto, mientras que en sí mismo se siente que los fragmentos rotos no han vuelto a recuperar enteramente su lugar.

Calificación: muy bueno.
Editorial Alfaguara, 2007, Argentina (379 pág.)
ISBN 987-04-0626-2

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7 comentarios en “Los autonautas de la cosmopista, Julio Cortázar/Carol Dunlop

  1. MUy bueno, Leo. Y coincido con Ramiro: a mí también me gusta cada vez menos Rayuela, y más algunos otros textos, de esos que crecen en cada lectura.

  2. Elegante reseña, no leí el libro, en cuanto a la cita, he leído cosas mucho mejores de Cortázar, un esteta que me cautivó hace muchos años y ha envejecido mucho, salvo muchos de sus cuentos: Torito, La señorita Cora, Final de juego, La noche de Mantequilla… leídos hace largo tiempo y aún entrañables, como su autor.

  3. La estructura de la obra Los Autonautas de la Cosmopista refleja en sus cortos capítulos, la linealidad de la autopista y las diversas profundidades de sus paradores. Su ritmo nos lleva a percibir a través de la lectura, el ritmo del recorrido de los viajeros entre un parador y otro, las rutinas del itinerario, la longitud del viaje. Creo que este es otro de los atributos literarios de esta obra.

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