Falconer, John Cheever

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Cheever

Conocida como la obra que le terminó de dar a su autor la notoria visibilidad que se merecía dentro del panorama de la narrativa estadounidense del siglo XX, “Falconer” no sólo es la vuelta de John Cheever en un sentido recto. Muchas dificultades habían asediado la vida del escritor, por lo que la escritura de esta historia, centrada en Ezekiel Farragut, un hombre encarcelado por matar a su hermano, fue en cierto modo también la historia del fin del via crucis de un autor. Y hay que decir, justamente, que “Falconer” es una novela estupenda, llena de luz y de oscuridad, desesperanzadora por momentos y plena, por otros, de una pasión oculta por la vida. Aunque existen muchos guiños religiosos, lo principal, o lo más conmovedor de esta novela es el tratamiento del estado del alma del protagonista, lo que recuerda esos relatos de temporadas en el infierno en las vidas de varios santos ansiosos de liberar su alma. Farragut entra en la desoladora prisión de Falconer y se ve de inmediato rodeado de compañeros que son verdaderos freaks. Nada, o muy poco, se sabe de lo que ocurre fuera de Falconer. Pero no se trata de un encierro y una ignorancia al modo kafkiano, porque no existe la tensión de la búsqueda de una verdad que regula el mecanismo por el que el protagonista fue encerrado. En “Falconer” hay, en cambio, resignación. Y a partir de la resignación, la resignación de la caída, se trabaja con el dolor.
Para los lectores de Cheever hay todo un tema entre sus cuentos y sus novelas. O más bien para los críticos, quizás. Parecería que cuesta encajar lo que son las virtudes de sus cuentos largos (cierta elisión, cierta dispersión o digresión, ciertas elucubraciones de los narradores) cuando se las encuentra uno en una novela. En ese sentido “Falconer” recuerda, por sus partes bien compartimentadas, los cuentos del autor, tanto como sucede en esa otra gran novela que es “Bullet park”. Pero se trata, en suma, de otro manejo de la temporalidad, de un modo personalísimo. Porque eso debe de ser parte del arte de la novela: el manejo de una temporalidad. Y la temporalidad de “Falconer” es la del alma, o la de los diversos estados de un alma.
Cheever le demuestra una vez más a los lectores la capacidad extraordinaria que tiene para fascinar. Fascina con pequeños gestos de los personajes, con reacciones inesperadas, con sueños o con secuencias en las que la historia deriva hacia otra parte, como en el inolvidable plan de Jody por escapar de Falconer.

Unos pocos días más tarde, un abogado se acercó a la cama de Farragut. Tenía el pelo y la barba tan crecidos que a Farragut le resultó imposible calcular su edad ni ver cómo era su cara, aunque no tenía canas en la barba. Su voz era suave. Su traje marrón se veía raído, tenía el zapato derecho sucio de barro y mugre en dos uñas. El dinero invertido en su educación nunca había sido recuperado.

 

Nosotros los presos, más que cualquier otro, hemos sufrido por nuestros pecados, hemos sufrido por los pecados de la sociedad, y nuestro ejemplo debería purificar los pensamientos en los corazones de los hombres por el dolor que padecemos. Somos, de hecho, la palabra hecha carne (…).

Calificación: Muy bueno.
Título original: Falconer
Traducción: Alberto Coscarelli
Editorial: Emecé, Barcelona, 2005.
ISBN: 84-08-06255-7

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3 comentarios en “Falconer, John Cheever

  1. Aunque no venga muy a cuento, no me aguanto las ganas de poner acá una respuesta que dio Cheever en cierta entrevista, cuando le pidieron que definiera a un buen editor. Todavía me estoy riendo: “Mi idea de un buen editor es un hombre agradable, que me envía buenos cheques, venera mi trabajo, mi belleza física y mi capacidad sexual, y que es capaz de estrangular a quien va a publicarte y al tipo del banco”.

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