La última noche de verano, Erskine Caldwell

***
Caldwell

Es una tarde tórrida en la última semana del verano en la sureña localidad de Grandport, muy cerca del Delta del Mississippi. Brooks Ingraham, casado con una rica mujer, padre de dos hijos, está a punto de terminar el trabajo de toda una semana y conducir algunos kilómetros para reunirse con su familia cuando ve entrar en su oficina a su secretaria: Roma Henderson. Ella tiene una idea fija en su cabeza: seducir y lograr el amor de su jefe. Aunque Brooks al comienzo se resista, quedarán para encontrarse esa noche en la ciudad. Brooks telefonea a su esposa Maureen y le anuncia que no lo espere, que una reunión de trabajo imprevista lo va a retener en Grandport. Maurenn estalla, pero no de celos, sino de una rabia que es la rabia del que no puede controlar su posesión. Ella es una rica heredera que siempre tuvo lo que quiso en la vida, y no va a soportar que su marido, a quien sacó de la pobreza de una familia de campesinos, tenga que decirle qué es lo que hay que hacer. Acá, de entrada, tenemos un ingrediente típico de la narrativa y la sociedad sureñas que moverá toda la historia: el vasallaje.
“La última noche de verano”, que es más que la historia del intento de un adulterio y sus desconcertantes consecuencias, refleja de forma más general el desborde de la pasión, entendida como esa otra característica que se encuentra en las narraciones del gótico sureño: la imposibilidad de definir hasta último momento qué es lo que mueve las diferentes decisiones humanas. Incluso, la intención del relato de rodear el misterio de los actos de los personajes, está bien apoyada en la irrupción de diferentes voces, más o menos indefinidas, que aportan datos y hasta opinan sin ambages acerca de lo que los personajes se merecen.

Mención especial merece la traducción de esta edición. Si bien es difícil o imposible opinar cuando no se conoce el texto en su lengua original, hay veces en que uno no se puede imaginar meterse en una novela de Caldwell leyendo diálogos que evocan los desfallecimientos de la novela rosa. Más allá de eso, quizás como un gran mérito, la turbulencia de esta novela se abre paso y atrapa al lector.

Después de beber el resto de su whisky, pidió otro a Fred Hendrix y se sentó a esperar un poco antes de intentar llamar a Roma otra vez. (“Este es un clima malo para el amor y la lealtad. En esta rica tierra fluvial, con todo ese sol, aire perfumado y abundancia de lluvia, uno creería que el lugar es ideal para que el verdadero amor, la verdad y la lealtad florezcan y se robustezcan más que en cualquier otro sitio. Y mientras uno está sentado por ahí pensándolo, germina la hierba mala y mata la verdadera vida antes de que uno se dé cuenta de ello. Este clima puede ser así, cruel y perverso.”)
Sentado allí, esperando impaciente a que pasaran algunos minutos antes de volver al teléfono, Brooks empezó a decirse que se hubiera sentido más a gusto acerca de lo que se proponía, si Roma no hubiera sido su secretaria sino una muchacha a quien hubiera conocido fuera del despacho. Todo lo mismo, ahora la necesitaba, y estaba determinado a continuar llamándola hasta que respondiera, aun si debía pasarse la noche entera en el intento.

Calificación: Bueno.

Título original: The last night of summer
Editorial: Luis de Caralt editor, Barcelona, 1975.
Traducción: María R. Sanagustín
ISBN: 84-217-4113-6

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