El cuaderno rojo, Paul Auster

***
Auster

Cuenta la historia que de adolescente Paul Auster fue de excursión a un bosque con un grupo de muchachos de su edad. En medio de una marcha se desató una fuerte tormenta eléctrica y el líder decidió que todos tenían que colocarse en fila para cruzar un alambrado. Delante del muchacho Paul Auster se colocó un muchacho llamado Ralph. Cuando le llegó el turno a Ralph, un rayó cayó y la corriente recorrió los hilos del alambrado. Unos instantes después todos contemplaban a ese muchacho muerto sobre la hierba. En el prólogo de “El cuaderno rojo”, escrito por Justo Navarro (también traductor del texto), se cuenta que Auster nunca pudo reponerse de esa situación y del acuciante pensamiento del “qué-habría-sucedido-si…” ¿Qué habría pasado si no hubiéramos tenido Paul Auster, por ejemplo? Bueno, nos hubiéramos perdido, cuando menos, al escritor de una novela del porte de “El palacio de la luna”, construída sobre el postulado de que las coincidencias se encargan de llevarnos hacia nuestro propio destino o significado de la vida, más que las llamadas “decisiones”. Alguien me contó una vez que en el hinduismo se cree que, dentro del ciclo de muertes y reencarnaciones del Samsara, quien es el padre en la vida de uno, en la anterior vida pudo haber sido un amigo, un hijo o hasta su perro. La idea de que la ligazón de situaciones y de personas es fuerte e indescifrable, más la idea tan manida de que el aleteo de una mariposa termina decidiendo una catástrofe han proliferado tanto en nuestros días que de sólo oírlas uno ya tiene que prepararse para cualquier tipo de discurso depositario de mentes disolutas o paranoicas. En el caso de Paul Auster, en quien podemos confiar, el interés permanente en los secretos mecanismos que dirigen nuestra vida ha estado siempre dirigido hacia una función narrativa, como si la exposición del relato de las coincidencias ya le diera la mágica suficiencia a todo el asunto.
Por eso mismo, un libro pequeño, pequeño y entrañable, como “El cuaderno rojo”, se tranforma en la entrada directa a las preocupaciones y las perplejidades del autor. O también, como se le dice hoy en día, a la cocina del escritor. Formulado como una serie de alrededor de una docena de “apuntes de historias de coincidencias”, bien puede tratarse de la semilla de muchas historias que Auster pudo haber trabajado de otra forma, o de una muestra apenas aceptable de todas las otras coincidencias que el autor pudo haber pescado por ahí. Por ejemplo: dos amigas en Taipei que descubren que ambas tienen una hermana viviendo en el mismo piso del mismo edificio de Manhattan; un poeta francés que descubre por casualidad el paradero de un padre que supuestamente lo había abandonado; una carta que a Paul Auster le es devuelta por parte del servicio de correos por no encontrarse el destinatario, aunque Paul Auster jamás haya despachado esa carta…
“El cuaderno rojo” tiene todo el encanto de esos libros que todo escritor tendría que dejar salir más seguido a un costado de su propia creación ficticia, y que no son necesariamente los diarios, con toda su premura y acicate, sino esos libros de apuntes al margen, epifánicos o no, más bien regulados por la sorpresa, como lo pueden ser “Fragmentos de un diario en Los Alpes”, de César Aira, “Otros colores”, de Orhan Pamuk, o “Aprendiendo a vivir”, de Clarice Lispector.
Lo único que uno podría tener en menos de “El cuaderno rojo” es, naturalmente, que sea tan breve.

Un día, mi futura cuñada estaba hablando con una amiga norteamericana, una joven que también había ido a Taipei a estudiar chino. La conversación tocó el tema de sus familias en Estados Unidos, lo que dio pie al siguiente diálogo:
-Tengo una hermana que vive en Nueva York -dijo mi futura cuñada.
-También yo -contestó su amiga.
-Mi hermana vive en el Upper West Side.
-La mía también.
-Mi hermana vive en la calle 109 Oeste.
-Aunque no te lo creas, la mía también.
-Mi hermana vive en el número 309 de la calle 109 Oeste.
-¡La mía también!
-Mi hermana vive en el segundo piso del número 309 de la calle 109 Oeste.
Su amiga suspiró y dijo:
-Sé que parece un disparate, pero la mía también.
Es prácticamente imposible que haya dos ciudades tan lejanas como Taipei y Nueva York. Están en las antípodas, separadas por una distancia de más de quince mil kilómetros, y cuando es de día en una es de noche en la otra. Mientras las dos jóvenes se maravillaban en Taipei de la sorprendente conexión que acababan de descubrir, cayeron en la cuenta de que sus dos hermanas probablemente dormían en aquel instante. En el mismo piso del mismo edificio del norte de Manhattan, cada una dormía en su apartamento, ajena a la conversación que, acerca de ellas, tenía lugar en el otro extremo del mundo.

Calificación: Bueno.

Título original: The red notebook
Editorial: Anagrama (Quinteto), Barcelona, 2009.
Traducción: Justo Navarro
ISBN: 978-84-9711-087-7

Anuncios

3 comentarios en “El cuaderno rojo, Paul Auster

  1. Buena reseña. Lograste motivarme a buscarla y leerla. Si bien no espero encontrar algo semejante a “El palacio de la luna” (¿habrá algo semejante?, jeje) se nota que es uno de los textos de Auster en los que, como decimos dentro de casa, no “arruga”…

    ¡Abrazo grande!
    A.A

  2. Leí “El cuaderno rojo” en la brava, aquella tarde de verano en que usted, Mr. D., el Stallion y yo, anduvimos aprovechando el sol y la buena temperatura del agua. Y luego de esta introducción intimista e innecesaria, tengo que decir que disfruté mucho esa lectura y que encontré un montón, un verdadero montón (teniendo en cuenta las pocas páginas del volumencito) de frases que me hicieron sonreír. Cada tanto está bueno pensar en la magia del azar, en el azar como cuerpo visible de un alma invisible. Sólo cada tanto, creo.

  3. Así es: “sólo cada tanto”. Creo que por eso agarré el libro como hojeándolo y terminé releyéndolo todo en voz alta para alguien. Y ahí sí, surgieron todas esas frases que, como decís, me hicieron sonreír de vuelta.
    Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s